SUZETRIGINA: UNA NUEVA ESPERANZA

Una vez más, no es la primera, ni será la última, nos encontramos con una noticia más que prometedora en relación con el tratamiento del dolor. Igual que en algunas sagas míticas del cine, la esperanza es un factor de resistencia y motor de cambio.

El laboratorio Vertex Pharmaceutical ha desarrollado un producto, que inicialmente se etiquetó como VX548 y que ha completado la fase III de ensayos clínicos, necesaria para comercializar un nuevo remedio para el tratamiento del dolor.

Un medicamento que tendría su actuación en un sitio distinto de los analgésicos que empleamos actualmente: ni sobre la cicloxigenasa, como actúan los antiinflamatorios, ni sobre los receptores opioides, como actúan la morfina y sus derivados.

Este medicamento se va a denominar suzetrigina y su nombre vendría a derivarse del prefijo “sooth”, que en castellano significa “aliviar”.

Este fármaco produciría un bloqueo de los canales de sodio 1.8 directamente implicados en la transmisión de los impulsos dolorosos. Los canales de sodio son unas estructuras que atraviesan la membrana de las células, permitiendo el paso de forma selectiva del ion Na+, lo que activa el potencial de acción de la célula y da lugar a la transmisión del dolor.

La transmisión nerviosa está mediada por una interacción física/química que producen los estímulos dolorosos sobre los receptores del dolor y, posteriormente, sobre las neuronas que transmiten ese dolor mediante unas fibras de conducción, activadas por esos interruptores que son los canales de sodio.

Si somos capaces de bloquear esos canales, la transmisión del impulso doloroso se reduce o se suprime. Así es como funcionan los anestésicos locales y algunas otras sustancias, como algunos antidepresivos o antiepilépticos.

La novedad fundamental de este mecanismo es la posibilidad de su administración por vía oral y la selectividad, en su lugar de acción, lo que evitaría los efectos secundarios que se asocian a esos otros principios activos: desde somnolencia a bloqueo cardiaco que producen todos los tipos de canales de sodio.

La investigación farmacológica básica y clínica requiere, no solamente un esfuerzo de innovación intelectual, sino un grandísimo esfuerzo de inversión económica, pues muchas de las posibles soluciones o moléculas que se investigan, finalmente, no pueden utilizarse por toxicidad o complicaciones de otro tipo.

Cuando un laboratorio decide investigar estas moléculas, está haciendo un gran esfuerzo, un salto al vacío, algo que es muy de agradecer y que, probablemente, está motivado por el afán de ayudar, pero lógicamente también por el afán de obtener un rendimiento económico a dicha investigación.

Desde mi punto de vista es legítimo que un esfuerzo importante en inversión e investigación se le compense con una tarifa justa, aunque esta tarifa no necesariamente la tiene que pagar de una forma exclusiva el afectado.

Para eso existen los mecanismos de colaboración entre los laboratorios privados y los gobiernos o entidades públicas, para asumir el riesgo y el coste de la inversión, a cambio de minimizar la traslación de esos costes en el precio final de los medicamentos comercializados.

Esto también se podría abordar aumentando el tiempo que actualmente tienen los laboratorios para la comercialización en exclusiva, alargando el plazo de amortización de las inversiones realizadas o exigiendo a aquellos otros laboratorios que comercializan medicamentos genéricos, en segunda intención, contribuyan en ese esfuerzo de inversión inicial para poder comercializarlos posteriormente.

Sea como fuere, es muy de agradecer la aparición de un medicamento que probablemente venga a ayudar de forma muy importante patologías que actualmente tienen un mal control, como aquellas que afectan al sistema nervioso (neuropatías, neuralgias…) o cuadros mixtos de irritación nerviosa. El tiempo dirá cuál es el alcance de la eficacia de esta nueva sustancia.

Otro factor a tener en cuenta es que el lanzamiento de este medicamento está finalmente sujeto a la aprobación de las autoridades sanitarias de cada país, y este trámite administrativo necesita igualmente un tiempo añadido.

Una vez más el sustantivo PACIENTES ha de conjugarse con el adjetivo, y ambos deben definir no sólo nuestra posición como afectados, sino también nuestra actitud a la hora de esperar una nueva propuesta farmacológica que a priori suena esperanzadora.

SINIESTRO TOTAL

A veces, la única manera de entender nuestra cultura es mirar hacia atrás. Nuestro pensamiento, nuestra organización, nuestras herramientas y, desde luego, nuestro lenguaje están diseñados y desarrollados desde un entorno cultural y unas creencias.

Venimos aceptando y reconociendo lo que es igual a nosotros como propio, y poniendo todo tipo de trabas y dificultades, a lo que es distinto. Por eso nos sorprende cuando otros, aparentemente iguales a nosotros, tienen un funcionamiento diferente y atípico.

Este es el caso de las personas que utilizan, de forma preferente, la mano izquierda, los zurdos, definidos con un tono un tanto peyorativo y excluyente como siniestros, y es que el lenguaje, además de transmitir el conocimiento, es capaz de generar matices o prejuicios, convirtiendo en sinónimos a lo recto y derecho, en contraposición a lo incorrecto y torcido.

Contraponiendo lo diestro y, por tanto hábil o experto, contra lo siniestro, destruido equivocado, desastroso.

Como si ser Siniestro Total para una persona tuviera que ser necesariamente negativo, mientras que para un vehículo o una vivienda tras inundación o accidente, es la peor situación.

La zurdería tiene un origen genético y afecta a un porcentaje que ronda en torno al 9-13 % de la población y de una forma casi semejante a hombres y mujeres (algo más los hombres), sin que podamos definir con certeza una incidencia mayor por razas, culturas o países (quizá algo mayor la incidencia en el sur de Asia o Europa).

Lo que lo que ha estado mal visto en múltiples culturas, quizá en la Occidental, ha sido la que ha tenido menos persecución.

Personajes zurdos de la historia que conozcamos han sido desde Aristóteles a Alejandro Magno, Julio Cesar, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Mozart, Beethoven, Napoleón, Chaplin, Paul Mcarney, Ringo Starr, Benjamín Franklin, Einstein, Stan Lee, Tom Cruise, Kennedy, Obama o Clinton, Maradona, Messi, Nadal y, al parecer, también la Princesa de Asturias, Leonor de Borbón, que ostentará la corona después de su padre, Felipe VI.

Viendo un mundo en el que los asientos, los vehículos, las tijeras, el filo de los cuchillos, los dispositivos de interacción con máquinas, como teclados o ratones, teléfonos inteligentes, están diseñados por y para diestros, parece que esto podría suponer un hándicap en su desarrollo.

Otra cosa es que los circuitos neuronales que gobiernan nuestro sistema nervioso podrían dar una facilidad en el conocimiento a personas que tienen una parte del cerebro dedicadas a la coordinación psico-motora y la otra al lenguaje, dando una visión quizá más global del mundo que nos rodea.

Algunas investigaciones afirman que pese a las dificultades de desarrollo del lenguaje o la escritura, podrían tener una visión más transversal del conocimiento y de la realidad y serían más brillantes que los diestros.

En algunas culturas se ha reprimido esta tendencia por identificarse con el mal, la inmundicia o la perversión, algo a todas luces falso.

Zurdos reconvertidos por mor de la religión o la cultura, o afectados por nuestra forma de escribir de izquierda a derecha en pupitres con brazos para un solo lado, quizá nos deberían hacer pensar si nuestro mundo, por definición, no es inclusivo, y si tendríamos que pedir, como para otras minorías, algún tipo de consideración, reconsideración o plan nacional de acomodación para todo este colectivo, que quizá necesita un reconocimiento expreso y en todo caso tiene todo el derecho al mismo y no solo la celebración de un día mundial, el 13 de agosto.

Con las víctimas de la DANA

Han pasado bastantes días para contemplar, con tiempo y algo de sosiego, la desgracia meteorológica en forma de DANA acaecida en Valencia (España) y por suerte con menor incidencia en provincias como Albacete y Málaga. Toda muestra de solidaridad es poca.

Sobran las palabras, aunque también puedan reconfortar, pero no les devolverá ni a los seres queridos ni enseres personales, propiedades inmobiliarias, negocios, inversiones, recuerdos, etc. En muchos casos, se ha perdido memoria e identidad.

El impacto sobre la salud colectiva de los afectados es infinito, porque traumas de esta magnitud no se diluyen como azucarillo en café hirviendo, ni se formatean para su extinción como archivos temporales del ordenador.

Por desgracia permanecen en el inconsciente colectivo y el tránsito de este duelo es complejo y largo de superar, quedan cicatrices en el alma. También perdurará en el recuerdo la solidaridad y las jornadas de esfuerzo compartido.

Reparamos siempre en la salud física, que no podemos pasar por alto, debiendo extremar todas las cautelas por cuanto el riesgo de infecciones es elevado, los accesos a los centros de salud pueden verse dificultados, las personas con algún grado de discapacidad verán incrementadas sus dificultades en los accesos, los pacientes crónicos pueden tener recidivas que agraven más si cabe su estado y muchas farmacias están teniendo idénticos problemas que cualquier otro establecimiento.

Si a ello unimos los cortes de calles y carreteras, muchos servicios de primera necesidad como agua, electricidad, víveres, fármacos…no estarían llegando a sus destinatarios finales, especialmente a colectivos más frágiles como niños, ancianos y personas con discapacidad, y otros como ropa, móviles y sus respectivos cargadores e incluso aperos de limpieza, a quienes pueden ayudar por sus manos.

Por otro lado, la salud mental, algo más resiliente que la corporal, se resquebraja con cierto retardo, que empieza por la aparente superación de los acontecimientos y estalla a posteriori, lo que dificulta la superación por no abordarse precozmente. No es un catarro, ni una gripe.

Pueden pasar días, semanas o meses. Ya lo experimentamos con la pandemia de Covid y por desgracia aún hoy día estamos viendo las consecuencias. El duelo por las pérdidas emocionales sigue las fases conocidas: negación, ira, negociación, depresión, aceptación y requiere de tiempo y acompañamiento para su adecuada elaboración.

Diariamente percibo en consulta la necesidad que tienen muchos pacientes de expresarse, de verbalizar sus conflictos, de ponerlos sobre la mesa y que alguien los escuche. Desde mi especialidad aplicamos la analgesia, así como la anestesia.

No soy psiquiatra ni psicólogo, aunque haya estudiado materias de ambas en mi constante periodo formativo, tanto en universidad como en estudios de postgrado (masters y cursos). Les presto atención con afecto y empatía, y percibo una necesidad constante por ser escuchados y comprendidos, acompañándolos en el dolor físico y, si puedo, incluso en el emocional, pero es muy personal.

No me cabe ninguna duda de que, a muchos, por no decir a todos, les gustaría sentir el pulso humano y la preocupación de sus semejantes, pero no sólo ahora, ni dentro de una semana, ni solo de un mes, porque estos dramas se prolongarán en el tiempo.

Hay que reclamar que administraciones de toda índole, desde la local a la mismísima europea, se muestren cercanas y no coyunturales durante el periodo que dura el eco de la noticia. La sensación de abandono y desamparo larvará la desconfianza y el resentimiento.

Dicen los periodistas que “no hay nada más viejo que el periódico de ayer”, para evidenciar la celeridad de su trabajo, la volatilidad de las noticias, la inexistencia de un seguimiento de las mismas por acumulación de nuevas que dejan antiguas a las anteriores, porque su público objetivo quiere lo más fresco, lo último, lo más reciente, lo que acaba de suceder.

El poso de las noticias y relatos se asientan sobre los previos, y el sedimento se va compactando. La incertidumbre e inseguridad generadas por bulos e informaciones distorsionadas o trufadas de alarmismo, añaden desesperanza y siembran de coraje un lecho social ya herido.

Aunque las dimensiones de una catástrofe establezcan categorías que se repiten, como dolor agudo por traumatismos o crónico agudizado, siempre el abordaje y trato es individual. En situaciones críticas el tipo de casos se repite, pero no las personas, irrepetibles en su dignidad y memoria.

Los sanitarios, sobre todo lo que abordamos problemas crónicos, vivimos en un constante “déjà vu”, con síndromes y episodios más frecuentes, pacientes habituales con recaídas, casos nuevos itinerantes y algún caso puntual.

Esta es una profesión absolutamente vocacional y en momentos tan crudos como los vividos, está volcada con quien más lo necesita de modo totalmente altruista. No dejemos atrás a ningún paciente. ¡Amunt Valencia!

Negro sobre negro

La cruda realidad la tragedia, desgraciadamente se impone y revuelve nuestros corazones sin anestesia.

Cuando observamos con impotencia y estupor las guerras lejanas que asolan a nuestro mundo, la naturaleza da un golpe sobre la mesa y nos exige que hablemos de ella, que reconozcamos su importancia y que aceptemos resignadamente que nos da jaque mate cuando quiere.

Expresar negro sobre blanco, el estupor, la congoja, la angustia, la tristeza de todas las personas afectadas por las lluvias torrenciales es un esfuerzo ímprobo, pero nuestra obligación ética es acordarnos hoy más que nunca de todos aquellos que padecen dolor, el dolor relacionado con las lesiones y también el dolor relacionado con las emociones.

Desde aquí en mi nombre y en el de todo mi equipo, quiero enviar un abrazo caluroso y fraterno a todas las personas que de un modo u otro se han visto afectadas y en particular a aquellas que han perdido a sus seres queridos.

Nada puede reemplazar la pérdida de una vida.

Como decía un buen amigo, el negro es el color más fuerte, porque es capaz de comérselos a todos y desgraciadamente hoy confirmamos esa afirmación.

En estos momentos solo podemos escribir negro sobre negro, porque desgraciadamente la tragedia se ha impuesto.

Sólo el mínimo destello al final del túnel, que representa la solidaridad y el trabajo de los abnegados profesionales, de los vecinos y de todas las personas de bien que se han volcado en esta tragedia.

Kratom, sólo el nombre asusta

En muchas ocasiones hemos oído, incluso hemos repetido, que…” todas las cosas se inventaron en China hace por lo menos 1000 años” … y, de algún modo, este escrito pretende corroborar esa afirmación, aunque con algunas matizaciones.

La medicina tradicional china recoge en sus compendios multitud de remedios y soluciones basados en el conocimiento empírico, que no en la evidencia científica, que ha sobrevivido hasta nuestros días después de cientos de años de experiencia.

El opio, el cannabis, el ginseng, la Cúrcuma, la canela,… ya se empleaban en el pasado con un razonable éxito y el remedio del que vamos hablar, también era conocido y empleado, aunque ha trascendido el ámbito Oriental para instalarse en nuestra sociedad.

El Kratom es un preparado herbal, derivado de las hojas de la mitragina speciosa, una planta tropical relacionada con la del café, endémica en el sudeste asiático.

La planta tiene unas hojas verdes alargadas rayadas, y crece de forma espontánea en zonas con un clima subtropical en países como Vietnam o Tailandia.

El extracto de hojas puede producir un efecto similar a los opioides y a algunos estimulantes, no encontrándose completamente definida su utilización o la limitación de su uso.

En algunos países, se ha empleado como posible estimulante y también como coadyuvante para tratar los síntomas de abstinencias a drogas o en relación con intolerancia a los opioides.

De hecho, una parte de su reciente atención tiene que ver con la epidemia de sobredosis de opioides, por lo que las autoridades farmacéuticas norteamericanas están valorando su posible uso terapéutico.

El uso tradicional en aquellos países ha sido para tratamiento del dolor crónico, para la fatiga, incluso para la disfunción sexual, y la manera tradicional, como no podía ser de otra manera, ha sido masticar hojas, lo que puede mejorar el ánimo y la energía.

El efecto comienza a los 5 a 10 minutos de la administración oral, pudiendo prolongarse hasta 5-6 horas, siendo su intensidad dependiente de la dosis empleada: la dosis va de 2 a 6 gramos por vía oral.

La dosis baja (menos de cinco gramos) produciría efecto más bien estimulante y a dosis mayor, un efecto mucho más parecido a los opioides: analgesia, somnolencia, estreñimiento, etc.

Los efectos secundarios relacionados con el uso del Kratom por vía oral, han sido náuseas, sequedad de boca, vómitos, sudoración, pérdida de apetito, alucinaciones…

Close up of dry lips of an Indian male checking with fingers

La seguridad de este producto todavía no está demostrada, lo que hace que tengamos que plantear todas las dudas y aconsejar toda la prudencia en el contacto con una sustancia que en algunos estudiosos se ha comportado de manera muy semejante a los opioides, produciendo un cierto grado de adicción y un cierto efecto de abstinencia en el momento de retirarlo, probablemente porque su acción se produce sobre los mismos receptores opioides que los mórficos.

El lugar de acción del efecto farmacológico parece situarse en los receptores opioides Mu, aunque su estructura molecular no es igual a ellos, puede tener un efecto semejante., en algunos casos, superior a la morfina, incluso un derivado la 7-OH-mitragina, puede ser hasta 13 veces más potente que la morfina.

La investigación podría desarrollar en el futuro sustancias derivadas que fueran alternativas analgésicas a ciertos medicamentos que tienen sus limitaciones, como son los derivados de la morfina.

Es preocupante que sea una sustancia que puede conseguirse de una forma no muy complicada en muchos países del mundo, incluso online, por lo que las autoridades se plantean la restricción a su acceso y comercialización.

Como hemos planteado cuando hablamos de otras sustancias herbales, comercializadas de una forma no elaborada, nos surge la duda de la cantidad exacta de principios activos que se administra cada vez.

Tampoco conocemos muchas veces el país de origen, los controles en el proceso de cultivo y elaboración o la presencia de otro tipo de sustancias contaminantes, desde hongos a metales pesados.

Entendemos que debe existir una razonable regulación y control; que los preparados deben estar de testados y, si plantea cualquier duda, requerir prescripción facultativa.

Sería muy interesante tener alternativas al uso de opioides, especialmente cuando existen alergias o intolerancias de otro tipo, y quizá esto pueda abrir una línea terapéutica nueva que en el futuro podamos utilizar de una forma regular, comprándolo en las farmacias. Mientras tanto, una vez más, debemos aconsejar la prudencia y consultar siempre con profesionales sanitarios.

Los pilares del conocimiento

Muchas veces, cuando visitamos ciudades monumentales, como puede ser Roma, Atenas, Córdoba, etc., encontramos los vestigios de la civilización en forma de construcciones ejemplares, monolíticas, testimonio de su poder y saber hacer.

Construcciones tan sólidas que han soportado el paso del tiempo y la acción, no sólo de la naturaleza, sino de los seres humanos que se han sucedido en el tiempo y que casi siempre quieren dejar su perfil o el testimonio de su preferencia cultural.

Estos edificios rotundos, construcciones monumentales, reflejan no solamente una forma de cultura, sino también un poderío tecnológico, el dominio de técnicas y materiales y, naturalmente, la disponibilidad de recursos, materiales de construcción, mano de obra, en suma, poder económico.

Estos modelos monumentales, representativos de una cultura y también de una jerarquía económica, han sido imitados a la hora de emplearse en otras grandes construcciones.

Permítanme compartir esta reflexión que viene motivada por la similitud que algunos perfiles de edificación actuales tienen con otros de las civilizaciones clásicas.

Si miramos el perfil del acueducto de Segovia o el de Tarragona y lo comparamos con las fachadas de algunas facultades de las universidades, como pueden ser la de Medicina u Odontología en la Complutense o en algunas otras ciudades, encontramos cómo la tradición cultural Clásica ha impregnado de manera decisiva nuestra manera de construir edificios dedicados a la transmisión del conocimiento.

Muy probablemente los promotores y constructores tuvieron el ánimo de homenajear y dar importancia a las materias que se desarrollaban en el interior.

Por esa razón les dotaron de una carcasa noble, monumental, que de alguna manera revestía y reviste de una cierta autoridad histórica a los contenidos y también a las personas que trabajaban o que trabajamos en el interior.

Es muy razonable buscar una legitimación histórica en el conocimiento. Los hombres que no conocen su historia están condenados a repetirla, pero también es cierto que, como los edificios, los conocimientos que se imparten en el interior de esas universidades tienen una permanente obligación de actualización.

Que muchas universidades o facultades de prestigio tengan estas características, no quiere decir que aquellas que tienen un perfil más contemporáneo sean menos importantes o que solo el edificio o la camiseta, si me permiten el símil deportivo, permita ganar los encuentros.

La obligación de la Ciencia es estar construida sobre pilares tan solidos como los edificios que los albergan, basados en la observación, la investigación, el rigor, la evidencia, la honestidad y el esfuerzo, algo no muy distinto a lo que debería pedirse a casi todas las profesiones.

La ciencia y sus ministros requieren una revisión permanente y, en particular la educación en la salud requiere un esfuerzo continuo.

Los remedios de hoy puede que mañana se queden anticuados, aunque tengamos que recordar y homenajear a todos los que nos antecedieron en la profesión médica o docente.

Nervio Sinuvertebral de Luschka

El dolor, la última frontera, el tema que a muchos les quita el sueño y el apetito, y a otros les da de comer. Enorme paradoja que nos iguala como afectados y nos distancia a la hora de elegir etiquetas diagnósticas o soluciones terapéuticas.

El dolor requiere un gran conocimiento de la estructura y función del cuerpo y muchos de los conocimientos que manejamos se deben a estudiosos que dedicaron su vida a señalarnos las estructuras que componen el cuerpo y su protagonismo en su desempeño, por pequeño que pueda parecer.

Hubert Von Luschka nació el 27 de julio de 1820, en Constanza, una pequeña ciudad al suroeste de Alemania, cerca de Suiza. Inició estudios de farmacia para después pasar a estudiar Medicina en la Universidad de Heidelberg. Tras lo cual trabajó con Ludwig Stromeyer, eminente cirujano militar, donde destacó por su habilidad quirúrgica.

Posteriormente colaboró con Fiedrich Arnold, anatomista de enorme reconocimiento en su tiempo y también en la actualidad gracias a las descripciones de estructuras y malformaciones, que llegó a bautizar con su nombre el nervio y la neuralgia occipital e incluso la malformación de la unión cráneo-vertebral, que describió junto con Chiari. Arnold influyó decisivamente en la carrera de anatomista de Luschka, que se desarrolló por completo en Tubinga.

Luschka tiene entre sus muchas descripciones el nervio sinuvertebral, un ramo recurrente del nervio raquídeo que, viniendo desde fuera del agujero de conjunción, se dirige hacia dentro, inerva la duramadre anterior, la cara posterior de los cuerpos vertebrales y las capas más periféricas del disco vertebral. También describió el agujero del cuarto ventrículo cerebral.

Traemos a colación a este eminente anatomista por los cuadros de Dolor, de origen discal, que en muchas circunstancias aparecen y no responden a las medidas convencionales de tratamiento, al no tener en cuenta estas consideraciones anatómicas y su repercusión funcional.

El nervio sinuvertebral es responsable de dolores lumbares, localizados, inespecíficos, con mínimo daño vertebral o en el disco, y que pueden ser erróneamente diagnosticados y tratados como dolores articulares facetarios sin obtener nada más que un éxito pasajero.

También puede generar dolor de cabeza que, con origen en las vértebras C3-C4, puede ascender por la nuca hasta la zona occipital del cráneo.

El tratamiento sobre este nervio se puede hacer de forma localizada y específica a base de bloqueos con anestésicos y esteroides o con radiofrecuencia pulsada, obteniéndose unos resultados satisfactorios cuando terapias previas con bloqueos de articulaciones, o incluso los bloqueos discales, no obtienen resultado.

Sabemos que los discos vertebrales están inervados apenas en la zona del annulus, pero no tienen inervación interna. Cuando el disco está dañado, en los discos vertebrales se genera una neo-inervación que puede hacer esa zona mucho más sensible (en probable relación con la concentración de factores de crecimiento celular, segregados a ese nivel).

La labor de Hubert von Luschka es de especial relevancia, no sólo por sus investigaciones y descripciones estructurales sino, sobre todo, por su manera de concebir y enseñar la anatomía acuñando, el término “anatomía clínica”, un concepto que lo que pretende es relacionar los hallazgos anatómicos de imagen con el funcionamiento, algo que entendemos que es esencial: reforzar la transversalidad de la información y asociar los hallazgos anatómicos con la repercusión en el funcionamiento del cuerpo.

El nervio sinuvertebral nos explica algunas patologías resistentes a tratamiento. Un correcto conocimiento de la anatomía nos puede permitir sospechar una patología que si no puede pasar desapercibida.

Siempre insistimos en la necesidad de correlacionar la información que tenemos sobre nuestros pacientes y sus patologías. Las vértebras, los discos, las articulaciones, los nervios no están aislados en el espacio, sino que van integrados en un sistema anatomo-funcional complejo y, por tanto, un conocimiento exhaustivo de las estructuras y de su manera de funcionar nos puede ayudar a encontrar el mejor tratamiento posible para nuestros pacientes.

POV: Punto de vista

En el mundo actual de la inmediatez (tecnológico, cibernético, iconográfico y algorítmico), cada vez tiene más predicamento el uso de apócopes o siglas para expresar conceptos. Hoy quiero hablarles de estas siglas y la referencia que hacen a la subjetividad.

“POV:  Point of View” se está empleando con muchísima frecuencia, porque refleja de qué manera las cosas pueden cambiar en función de la situación, el compromiso, la dedicación o el lugar que ocupamos en una experiencia.

No es lo mismo ser compatriota y simpatizante de la Selección Española de Fútbol, y que el balón golpee dentro del área en la mano de un jugador, por otra parte, excelente y simpático, que ser seguidor de la selección alemana y ver cómo una mano flagrante dentro del área no es sancionada por la aparente intención de retirarla.

A veces, la mano anti reglamentaria es visible desde la ubicación del árbitro. A veces es necesario que intervengan las cámaras que dan la imagen cierta de la infracción o la entrada o salida del balón.

A lo largo de las últimas semanas y meses, hemos ido viendo la creciente incomodidad que padecen los vecinos de ciudades monumentales, destinos culturales y turísticos por excelencia, como Canarias, Baleares, Barcelona,  Venecia, Santorini, etc., se han ido quejando y manifestando de forma progresiva en contra de la llegada de visitantes supuestamente incómodos, que precisan recursos como alojamiento, saneamiento, alimentación, movilidad, lo que no siempre es entendido por los ciudadanos autóctonos como un derecho, sino como una ligera perturbación de su orden natural.

Al mismo tiempo nos congratulamos de que el año turístico en nuestro país y en otros sitios igualmente, sea un año de récord con un número de pernoctaciones, un gasto medio por persona, un enorme éxito de visitas a espacios culturales, exposiciones, instalaciones deportivas y celebraciones de toda índole, desde conciertos musicales, a ceremonias religiosas tradicionales o fiestas paganas de cualquier índole.

Nosotros mismos, en según qué circunstancias, somos beneficiarios o damnificados de esta diferencia.

Esta subjetividad es consustancial al ser humano y puede muchas veces generar inexactitudes o injusticias, y la misma inteligencia humana que juzga y sanciona cuando las evidencias señalan un diagnóstico, a veces deben ser corregidas por una nueva aportación diagnóstica o por un diferente punto de valoración.

Esta introducción de la que pido perdón por la subjetividad que rezuma, sirve para entender lo diferente que es ser enfermo o médico, ser familiar de paciente o familiar de médico, ser de una ideología o de otra, incluso ser de un grupo étnico o de otro.

La empatía que permite ponernos en el lugar del otro muchas veces está mediatizada por nuestra experiencia y sólo hasta que no nos vemos en la circunstancia cierta no somos capaces de entender la magnitud del problema.

Muchas veces lo que a nosotros nos parece un pequeño problema, como unas arrugas o unas orejas ligeramente separadas en la cabeza, puede acarrear un enorme trastorno emocional y una desconsideración por parte de otros, convirtiendo a la persona afectada en una víctima no solamente del problema, sino de la incomprensión.

Sucede muchas veces cuando atribuimos a las pruebas diagnósticas una especie de cualidades mágicas pensamos que, porque en un análisis o en una prueba de imagen no aparezcan evidencias, la patología no existe pese a las quejas reiteradas de nuestros pacientes.

Y, al contrario, a veces nuestros pacientes se quejan de forma reiterada de problemas localizados, en según qué órgano o función de su cuerpo, y nos empeñamos en restarle importancia hasta que la patología sobresale de los límites del cuerpo.

No estamos en posesión de la verdad absoluta ninguno de nosotros y por tanto tenemos que ser siempre prudentes en nuestros juicios. La información clínica debe estar siempre por encima de todo, ya que es el paciente el que más sabe de su enfermedad y conoce desde dentro y desde fuera los problemas que tiene.

Por último, es muy razonable y correcto pedir ayuda, tanto como paciente, como profesional de la salud a otros que puedan ver, desde un punto de vista distinto, las situaciones que estamos afrontando, evitando la focalización que muchas veces nos impide ver la magnitud del problema.

NEURONAS ESPEJO

Es algo sabido que nuestra manera fundamental de adquirir conocimiento es la repetición de los gestos, conductas o movimientos que vemos en nuestros semejantes. En nuestro entorno de tribu o en las visitas a otras vecinas o lejanas.

Es lo que sucede cuando algunos animales alcanzan el alimento estirando el cuello, quebrando el hueso con una piedra o alargando el brazo para coger un fruto o unos tallos frescos, y sus semejantes les imitan.

O cuando las manadas de carnívoros rodean a sus presas, las acosan y les muerden en los trayectos de grandes vasos o vías aéreas, o las orcas juegan con los timones de los barcos de vela en el estrecho de Gibraltar.

Los seres humanos, igualmente, venimos aprendiendo de nuestros mayores comportamientos de toda índole relacionados con la subsistencia y también relacionados con el desarrollo de otras habilidades, como el pensamiento, el juego o las relaciones.

Esto se debe a múltiples factores aunque del que queremos hablar hoy especialmente destacado es un grupo de neuronas, las llamadas neuronas espejo.

Las neuronas espejo son las responsables del aprendizaje por imitación. Se activan cuando desarrollamos movimientos o acciones y también se activan cuando vemos a otros realizarlas, ayudan a la mano derecha a seguir a la izquierda y al contrario, coordinando los movimientos.

Cuántas veces hemos visto a los aficionados, o entrenadores de fútbol en el banquillo, rematar con el pie el balón que lleva un jugador dentro del campo mientras siguen el juego de lejos. Cuántas veces nos hemos encogido cuando en alguna película de acción sale despedido un objeto hacia la pantalla, como si fuera a salir de ella o hemos sentido la sensación de vértigo, al ver los movimientos de personas en una montaña rusa.

Las neuronas espejo permiten la representación en el cerebro de las acciones que otros ejecutan y que vemos u oímos, esto hace que algunas áreas cerebrales se activen cuando otros realizan esas actividades y nosotros somos testigos.

No llegamos al punto de las ficciones como Matrix de poder integrar en un segundo toda la información desarrollada por otros, para pilotar helicópteros, pero si nos permite activar los mecanismos de forma semejante a los que están realizando la acción que observamos.

Las neuronas espejo descritas en el año 1996 por el investigador italiano, Giacomo Rizzolatti y su equipo a partir de estudios sobre la coordinación manual de los simios, nos han permitido entender la manera en la que se produce la transmisión de la información y la manera en la que somos capaces de entender sin palabras los movimientos, y también las actitudes y emociones de otros.

Y es que estas neuronas no solamente hacen que repitamos las canciones con nuestros músculos fonadores, cuando las están cantando otros, sino que también nos permiten ponernos en el lugar del otro y entender sus emociones como si fueran las nuestras propias, sentir las alegrías y las penas de los demás.

Ser capaz de ponerse en el lugar de otro es un privilegio, pero también puede convertirse en un suplicio. Entender la manera en la que otros realizan gestos o movimientos nos permite repetirlos y aprenderlo de una manera más sencilla, entender la implicación, la alegría y el dolor de otros.

Puede suponer vivir en tercera persona muchas cosas buenas, y también las malas. Explica la risa contagiosa cuando vemos a otros reír sin saber cuál es la causa, y la tristeza que nos produce ver la cara de pena de otros, y en particular, cuando estos seres son más vulnerables.

Disponer de neuronas espejo ayuda a los pacientes a entender su problema, viendo como otros lo afrontan y puede ayudar a los terapeutas a explicar la manera de abordar con más éxito las situaciones difíciles.

Disponer de neuronas espejo ayuda a los terapeutas a entender las razones por las que los pacientes sufren y puede, a veces, acompañarles fuera del horario de trabajo al recordar el sufrimiento de los demás.

La maravillosa condición humana tiene estas paradojas, un gran poder, conlleva una gran responsabilidad.

Nuestra obligación es adquirir y compartir ese empoderamiento con nuestros pacientes y con aquellos a los que ayudamos a formarse, a entender sus problemas y a saber afrontarlos con las estrategias desarrolladas por otros.

Una buena manera es escribir nuestros pensamientos, dejar constancia de ellos para estudiarlos en momentos de tranquilidad y compartirlos con otros congéneres, sea de viva voz y en su presencia o a través de los medios tecnológicos, como este que está leyendo ahora mismo.

Les agradezco el seguimiento y que hayan llegado hasta aquí en la lectura, y les invito a que saquen sus propias conclusiones y las compartan con otr@s. Así habremos cumplido una de nuestras sagradas misiones en la vida…o al menos una temporada más. ¡Feliz descanso, disfruten de las vacaciones, nos vemos a la vuelta de agosto!

ANSIEDAD

La ciencia y el conocimiento progresan día a día. La investigación nos ha permitido en las últimas décadas entender gran parte de los procesos fisiológicos que explican el funcionamiento del cuerpo humano.

Cómo el hígado regula el metabolismo, el riñón gestiona el agua y las sales, y también cómo el cerebro regula nuestro pensamiento y nuestras emociones.

La tradicional división aristotélica entre cuerpo y alma no tiene cabida en nuestro mundo actual porque, hasta donde sabemos, el alma inmortal no tiene existencia independiente del cuerpo. Todo está en el cuerpo, todo es fisiología.

El cerebro, igual que el hígado, tiene unos mecanismos que lo activan o que lo desactivan y unas áreas o células especializadas en un tipo de acción o en otra.

Esta simplificación sirve para entender y explicar por qué muchas cosas que suceden dentro del cuerpo o en su ambiente modifican su funcionamiento y no sólo cuando actúan en el órgano diana.

El cerebro está dentro del cuerpo que, según su oxigenación, según su alimentación, va a facilitar el funcionamiento de los músculos, de los huesos y también del cerebro. Nosotros no somos nuestro cerebro, pero nuestro cerebro forma parte del cuerpo como otro órgano más, aunque con su función específica.

Esta explicación permite entender por qué lo que nos sucede alrededor, como el frío, el calor, el cariño, el miedo, la prisa, la responsabilidad, el estrés, etc., influyen en el funcionamiento de nuestro cuerpo, lo modifican y en muchos casos lo condicionan de tal manera que no podemos sustraernos a su interacción.

La ansiedad es un mecanismo normal de acomodación frente a situaciones que generan miedo o incertidumbre. Situaciones que nos piden un esfuerzo de adaptación. Podríamos definirla como una emoción adaptativa como el temblor que acompaña al frío o la sudoración al calor. Son respuestas normales, son respuestas fisiológicas que pretenden proteger al ser humano.

Tiene sentido cuando se relacionan con un estímulo: su intensidad se asocia a la del factor desencadenante y, por el contrario, se convierte en un problema o en una patología cuando deja tener relación directa en tiempo o en intensidad.

Cuando la intensidad de la respuesta o la duración de la misma se escapan de control, lo fisiológico se convierte en patológico y necesita diagnóstico y tratamiento específico.

La ansiedad es un trastorno de nuestros tiempos modernos. La necesidad de respuestas inmediatas en nuestra sociedad súper-exigente e hiper-conectada da lugar a desequilibrios relacionados con esa sobrecarga, como si en un coche no permitiéramos al motor recuperarse manteniendo el pedal del acelerador permanentemente apretado.

Esas sobrecargas recalientan los motores y también los cerebros, y el calentamiento global de nuestra atmósfera es también un problema universal de nuestra sociedad exigente e hiperconectada. ¿Cómo podemos diagnosticar y tratar esos cuadros de ansiedad?

Cuando la respuesta adaptativa a los problemas, además de generar inquietud, desazón, trastornos en el sueño, afectan al resto de sistemas automáticos del cuerpo, como es el ritmo cardíaco o la respiración o el funcionamiento del intestino, entendemos que el problema sobrepasa los límites de lo normal y precisa atención y quizá tratamiento específico.

El tratamiento pasa por un esfuerzo de ergonomía emocional, adaptar el entorno a la capacidad o la capacidad al entorno. No pretender resolver todos los problemas del mundo al mismo tiempo e intentar que los problemas no nos arruinen la vida o la salud, priorizando lo fundamental y delegando en otros el resto de los conflictos.

Estas recomendaciones no son sencillas para nadie, incluyendo para el que las está escribiendo en este momento, pero precisan ese esfuerzo de conocimiento y de actuación. Requieren ayuda especializada por parte de profesionales de la salud, mental, psicólogos o psiquiatras, terapias conductuales y por supuesto la medicación si es necesario.

Se convierten en un conglomerado de esfuerzos de los que la parte más importante la tiene que hacer el paciente, entendiendo su situación y a veces renunciando a objetivos inabarcables o plazos imposibles.

Los ansiolíticos son un grupo de medicamentos, muchos de ellos de la familia de las benzodiazepinas, que son excelentes herramientas de soporte y mejoría, pero ni son la única, ni muchas veces la principal herramienta de tratamiento.

Delegar en medicamentos lo que precisa cambios de estilo de vida es intentar meter el mar poco a poco a cubos, en un pequeño agujero en la playa, como la anécdota tradicional de San Agustín y el espíritu Santo.

Salir del túnel requiere voluntad, pero también conocimiento y muchas veces apoyo profesional intenso y continuo. Esto sucede de una forma habitual en nuestros pacientes en las Unidades de Dolor, desesperados no solo por su patología, sino por la cronicidad y muchas veces la falta de comprensión por parte de sus familiares, los profesionales o la sociedad.

La ansiedad, como otros problemas de salud pública, no es una patología que afecta a unos pocos, sino que compromete nuestro modelo de convivencia social y, por tanto, necesita el esfuerzo individual de los afectados y el colectivo de la sociedad en su conjunto.