El dolor es una experiencia multimodal lo bastante compleja como para que haya, no solamente muchas estructuras implicadas en su anatomía, sino también muchas diferentes funciones de esas estructuras implicadas en darle toda su dimensión.
Como en un edificio, no sólo su forma, sino el papel que desempeña es importante y diferencial.

Tradicionalmente hemos dividido el dolor y su anatomía en función de las zonas por las que atraviesa el estímulo doloroso, desde su entrada hasta la generación de una respuesta, siguiendo el trayecto de los estímulos, desde el sitio de entrada hasta el encéfalo y vuelta a la periferia.

Estas fases son las siguientes:
En primer lugar, la TRANSDUCCIÓN. En la transducción se produce la conversión de la energía dañina en impulso electroquímico, como si en un banco convirtiéramos todas las aportaciones de dinero de diferentes monedas en una moneda única de cambio, el estímulo neuronal.

Siempre hablamos de los nociceptores, terminaciones nerviosas libres de las neuronas, que detectan los estímulos que podemos interpretar como dolorosos, sean térmicos, mecánicos o químicos. A continuación, esas estructuras se prolongan por unas fibras que llamamos fibras nerviosas aferentes, que van hacia el sistema nervioso central.
De estas fibras hay, básicamente, dos categorías: las fibras A-delta y las fibras C. Las fibras A-delta son fibras con mielina, por tanto, de conducción rápida; mientras que las fibras C son amielínicas y, por ello, de conducción lenta. Cuando decimos que la conducción es lenta es porque tarda centésimas de segundo, mientras que cuando decimos que es rápida es porque tarda milésimas de segundo, pero la transmisión inmediata.

Luego está la TRANSMISIÓN, es decir, el transporte de ese estímulo recibido por los nociceptores hacia el Sistema Nervioso Central (SNC). El primer punto donde tenemos una parada es el ganglio de la raíz dorsal, parada nodo situado en la antesala de la médula espinal, donde están los núcleos de las neuronas que han recibido esa información. En este punto interpretan, matizan y, en todo caso, dan paso al estímulo doloroso hacia la siguiente referencia anatómica de conducción.
El siguiente interludio es el Asta posterior de la médula espinal, donde contacta con la siguiente neurona que seguirá ascendiendo. Posteriormente se dirigen en sentido ascendente por los tractos espinotalámicos y espinomesencefálicos, que están en el lado contrario de la médula, llegando a la otra estación de control, que es el tálamo.
El tálamo es un gran centro de comunicación, diríamos como una estación de tren en la que hay muchas vías y andenes, y cada uno de ellos es necesario e imprescindible. Para continuar el viaje se hacen estas paradas, porque de esa manera la transmisión puede ordenarse y darle más o menos importancia (prioridad de los mensajes, de los pasajeros) y por tanto ponerla en el primer plano de la conciencia, o se dejan en un segundo orden, porque el estímulo no es lo bastante intenso.

El siguiente aspecto sería la MODULACIÓN, que es un sistema de control e interpretación. Se produce en la sustancia gris periacueductal, que está en el mesencéfalo y coordina las respuestas analgésicas descendentes. También en el núcleo magno del Rafe y en el bulbo raquídeo, donde se van a liberar neurotransmisores como la serotonina, noradrenalina, endorfinas y encefalinas que reducen la transmisión de ese impulso doloroso.

El último aspecto sería la PERCEPCIÓN, que involucra a la corteza somatosensorial a la circunvolución cingulada a la ínsula, a la amígdala, al sistema límbico, y finalmente la corteza prefrontal. En estas estructuras la información interpreta, cataloga y organiza la respuesta: desde queja, retirada del miembro, sudoración, taquicardia…hasta las emociones de sufrimiento, frustración, desamparo…

No es objeto de este blog tener una visión exhaustiva o un conocimiento profundo de estas estructuras, sino más al contrario, comprender la enorme complejidad de la red de información y comunicación que es el sistema nervioso.

El sistema nervioso aparte de transmitir los impulsos dolorosos, comparte todo tipo de otras informaciones, como calor, frío, alegría, pronóstico del tiempo, olor a comida, resultado de los partidos de fútbol, sueño, hambre, aburrimiento, alegría… que entran en ese gran torbellino, produciendo un cóctel complejo de percepciones y emociones que, al final, desembocan en la conciencia y el comportamiento humano.

Entender al ser humano es fascinante y complejo, un enorme reto para todos, también para los que estudiamos el dolor. Tenemos muchos datos, pero aún quedan muchos por descifrar. Conocerlos y ordenarlos es una labor que aún llevará muchos esfuerzos y tiempo de investigación.













































































