Estenosis de canal

Sorprende, muchas veces, cómo la realidad nos permite hoy día explicar conceptos de salud a través de ejemplos de dominio público. Recientemente, en pleno Canal de Suez, el barco Evergreen encalló y se quedó atravesado en un espacio estrecho, obstruyendo el tráfico marítimo internacional.

La mala fortuna, las inclemencias del tiempo o la imprudencia, alteraron la trayectoria de un buque de transporte cuando cruzaba uno de los circuitos circulatorios comerciales más transitado del mundo.

El resultado, un barco varado, cruzado, impidiendo la circulación, es decir, una auténtica “estenosis de canal”.

Salvando las distancias esto es lo que sucede en la columna vertebral cuando, bien por inflamación o por desplazamiento de alguna de las estructuras que componen el canal raquídeo, el hueco que queda entre las vértebras se estrecha igualmente.

Llamamos estenosis de canal a la compresión u obstrucción que se produce dentro de las vértebras, en el canal que forman éstas y por el que transcurre la médula espinal, la cola de caballo y el conjunto de nervios raquídeos que se originan de ella.

Ese canal que forman las vértebras se puede obstruir cuando se produce un desplazamiento de las estructuras, por ejemplo, en la espondilolistesis o también cuando alguna de ellas sale de su sitio o protruye, como es el caso de las hernias de disco.

Una variante de estenosis es la estenosis foraminal, que es la que se produce cuando los discos vertebrales o el complejo que forman las articulaciones facetarias de unas vértebras y otras, se ve obstruido por una inflamación o algún elemento anatómico extraño.

La estenosis produce un conflicto de espacio en el que algunas estructuras se ven comprometidas, dañadas, y por tanto, genera una respuesta dolorosa, casi siempre de características neuropáticas. Este dolor irradiado, nosotros lo denominamos neuralgia, cuando afecta a las raíces que se dirigen a los miembros inferiores

Como en la situación que hemos vivido recientemente en el Canal de Suez, para resolver una estenosis de canal es necesario conocer la causa y actuar de una forma coordinada, con diversas medidas, la mayor parte de ellas relacionadas con los hábitos de vida, posturas y esfuerzos que uno realiza.

Hay que tener presente no solo el lugar donde se ha producido la estenosis, sino el acúmulo de alteraciones o de circunstancias que se produce por encima, y por debajo de ese estrechamiento, que también en el corto y medio plazo acaba generando consecuencias.

Igual que los barcos estaban a un lado y a otro del canal esperando las mercancías, y las interacciones que producen generan una respuesta que se aglomera en el tiempo, corriendo el riesgo de que produzcan una sensibilización o un daño mantenido, incluso después de liberar la obstrucción.

También necesita un esfuerzo coordinado y solidario de multitud de otras fuerzas: medicina física, manipulación, calor, medicina química, medicación, infiltraciones y, por último, una interacción enérgica actuando sobre las estructuras limítrofes de la estenosis, empleando el símil, en las zonas donde se ha impactado el obstáculo o también, utilizando elementos de remolque o de tracción, sean remolcadores o intervencionismo quirúrgico.

La última similitud tiene que ver con la extracción de enseñanzas: 0parece razonable tener presente que un canal con predisposición a obstruirse debe vigilarse con mucha más intensidad cuando hay factores de riesgo en curso, y si es posible, se puede intentar abrir ese canal de una forma física, intensa, limpiando lo que se ha descolocado.

Eso formaría parte de un intervencionismo quirúrgico que normalmente llamamos laminectomía. Todo lo anterior es importante, pero lo más importante, como siempre, es la prevención y ésta se consigue haciendo un uso sensato de los recursos, evitando sobrecargas y sobreesfuerzos.

El uso prudente de estructuras físicas, canales acuáticos o conductos vertebrales es la mejor opción; y cuando éstos se alteran o descolocan, las medidas conservadoras y coordinadas suelen ser la mejor respuesta.

La movilización o descarga de todo el componente obstructivo puede ser necesario ocasionalmente. La cirugía es el fracaso de la medicina, pero muchas veces es la mejor opción, cuando no la única, aunque nos pese.

Hell

Hell´s concept is fully rooted in the collective unconscious. It´s a space of suffering, often physical, other times emotional, in which those who have seriously violated the norms, commandments or recommendations that the corresponding culture defines as necessary or correct receive what they deserve.

The word hell originates from the Latin terms Infernum or Inferus, an underground or lower place, the underworld.

In Hebrew there was another space, Seol or Sheol, a place of darkness in which the dead went without distinction, a place that was also defined as an insatiable space, always claiming, or asking without limit, although that space did not seem to be associated with pain, suffering or a conviction. Something similar happened with Hades, the land of the dead of the Greeks.

Death, that great mystery, that country in which we will all end up going, is an enigma that has intrigued humanity since its origins. Explanations have been given about its characteristics and, according to the cultures, qualities have been attributed to constitute the reward or the punishment to earthly life.

Greeks’ Hades is an underworld like that of the living, where the dead come, although for them there is a space, Tartarus, which is rather a dungeon of suffering and prison for the Titans, being even lower than the underworld.

Nordic cultures’ Niflheim is the deepest and darkest world of all composed of ice where a gigantic serpent feeds on the dead.

In Egyptian culture the Duat ruled by Osiris was a space where humans would pass the judgment of weighing their hearts in front of a feather and if it were heavier, it would be devoured by Ammit

The Naraka or Niraya of Hindu or Buddhist cultures, is also a space dedicated to punishment and based on the virtue of the judged soul, The Naraka was a space of temporary stay from where souls that had been little virtuous could be reborn, a kind of reformatory.

Diyu is another version of hell in traditional Chinese culture where there were also levels each with poetic names, such as forest of copper columns, mountain of knives, hill of ice, with the lowest level Avici, which was a final level of irreversibility, in which the souls would remain forever while in the others there was the possibility of return.

The Christian culture generated the hell that we know best, a space of eternal punishment for transgressors, a cursed place, in which the wicked, the sinners, were punished for all eternity.

The need for transcendence and justice of humanity seeks to explain what lies beyond death as compensation for the merits or demerits of life. Eternal compensation that is probably worth striving for in this early phase of our existence.

I wanted to talk about hell this time. It seems that hell is something from the realm of beliefs, unreal, somewhat literary, and of course the problem of others. However, there are many, for multiple reasons, and many people due to diseases and life’s work, who suffer a situation very similar to hell.

The severe, continuous, excruciating, burning, electric, heart breaking, unbearable chronic pain that many of our patients feel makes them feel closer to hell than to life.

The most detailed description of this Christian hell was made by the writer and poet Dante Alighieri who, in his nine circles, was delving into the severity of the punishment towards the condemned.

That hell whose entrance could be read “abandon all hope” and that in its deepest circle had Satan submerged in an icy abyss by the worst sin, that of betrayal of God, that hell also inspired Dante to say another of his famous aphorisms: “he who knows pain, knows everything”.

For many, life is a permanent hell due to its limitations, its sufferings, the lack of sensitivity or collaboration of the environments in which they live, truly condemned to forced labour, preferring in many cases the fate of the dead to that of death. of that life in agony.

Pain and the suffering that accompanies it, need a response of knowledge, understanding and, why not say it, of love, as in the most classical tradition of literature, love not necessarily romantic, love of your fellow men, disinterested, it´s usually the first step in solving this problem.

The second step, the use of sufficient means and resources. In this dark period in which we live, where the already scarce resources have become clearly insufficient as we´ve to allocate them to the health and social emergencies that have come our way, a further effort is needed to help those most in need.

If there´s that hell that the Christian religion talks about … we will know when our time comes, but until then we can make this world more liveable, more humane and extinguish or mitigate the flames in which many of our fellow men groan every day.

EL INFIERNO

En el inconsciente colectivo está plenamente arraigado el concepto de infierno. Es un espacio de sufrimiento, muchas veces físico, otras emocional, en el que reciben su merecido aquellos que han quebrantado, de una forma grave, las normas, los mandamientos o las recomendaciones que la cultura correspondiente define como necesarias o correctas.

La palabra infierno se origina en los términos latinos Infernum o Inferus, lugar subterráneo o inferior, el inframundo.

En hebreo existía otro espacio, el Seol o Sheol, lugar de oscuridad al que iban los muertos sin distinción, un lugar que se definía asimismo como espacio insaciable, siempre reclamando o pidiendo sin límite, aunque ese espacio no parecía estar asociado al dolor, al sufrimiento o a una condena. Algo parecido sucedía con el Hades, el país de los muertos de los griegos.

La muerte, ese gran misterio, ese país al que todos acabaremos yendo, supone un enigma que ha intrigado a la humanidad desde sus orígenes. Se han venido dando explicaciones sobre sus características y, según las culturas, se ha venido atribuyendo cualidades para constituir el premio o el castigo a la vida terrenal.

El Hades de los griegos es un inframundo semejante al de los vivos, donde acuden los muertos aunque para ellos existe un espacio, el Tártaro, que es más bien una mazmorra de sufrimiento y prisión para los titanes, encontrándose aún más bajo que el inframundo.

El Niflheim, de las culturas nórdicas, es el mundo más profundo y oscuro de todos compuestos de hielo donde una gigantesca serpiente se alimenta de los muertos.

En la cultura egipcia el Duat gobernado por Osiris era un espacio donde los humanos pasarían el juicio de pesarles el corazón frente a una pluma y si este fuera más pesado sería devorado por Ammit

El Naraka o Niraya de las culturas hinduistas o budistas, es también un espacio dedicado al castigo y basado en la virtud del alma juzgada, El Naraka era un espacio de estancia temporal de donde podían renacer las almas que hubieran sido poco virtuosas, una especie de reformatorio.

El Diyu es otra versión del infierno de la cultura tradicional china donde existían igualmente niveles cada uno de ellos con nombres poéticos, como bosque de columnas de cobre, montaña de cuchillos, colina de hielo, con el nivel más bajo el Avici, que era un nivel final de irreversibilidad, en el que las almas permanecerían para siempre mientras que en los otros había posibilidad de retorno.

La cultura cristiana generó el infierno que mejor conocemos, espacio de castigo eterno para los transgresores, un lugar maldito, en el que los impíos, los pecadores, fueran castigados por toda la eternidad.

La necesidad de trascendencia y de justicia de la humanidad busca explicar lo que hay más allá de la muerte como una compensación por los méritos o deméritos de la vida. Una compensación eterna por la que probablemente merezca la pena esforzarse en esta primera fase de nuestra existencia.

Quería en esta ocasión hablar del infierno. Parece que el infierno es algo del ámbito de las creencias, irreal, un tanto literario y por supuesto problema de otros. Sin embargo, son muchos, por múltiples razones, y muchas personas por las enfermedades y trabajos de la vida, los que padecen una situación muy parecida al infierno.

El dolor crónico severo, continuo, lacerante, quemante, eléctrico, desgarrador, insoportable, que sienten muchos de nuestros pacientes, les hace sentirse más cerca de ese infierno que de la vida.

La descripción más detallada de este infierno cristiano la hizo el escritor y poeta Dante Alighieri que, en sus nueve círculos, iba profundizando en la severidad del castigo hacia los condenados.

Ese infierno en cuya entrada podía leerse “abandona toda esperanza” y que en su círculo más profundo tenía a Satanás sumergido en un abismo helado por el peor pecado, el de la traición a Dios, ese infierno también inspiró a Dante a decir otra de sus célebres aforismos: “el que sabe de dolor, todo lo sabe”.

Para muchos, la vida es un infierno permanente por sus limitaciones, por sus padecimientos, por la falta de sensibilidad o de colaboración de los entornos en los que viven, verdaderos condenados a trabajos forzados, prefiriendo en muchos casos la suerte de los muertos a la de esa vida en agonía.

El dolor, y el sufrimiento que le acompaña, necesitan una respuesta de conocimiento, de comprensión y, por qué no decirlo, de amor, como en la tradición más clásica de la literatura, el amor no necesariamente romántico, el amor a tus semejantes, desinteresado, suele ser el primer paso para la resolución de este problema.

El segundo paso, la utilización de los medios y recursos suficientes. En este periodo oscuro en el que vivimos, donde los recursos ya de por sí escasos se han hecho claramente insuficientes al tener que destinarlos a las emergencias sanitarias y sociales que se nos han presentado, hace falta un esfuerzo más para ayudar a los más necesitados.

Si existe ese infierno del que habla la religión cristiana…lo sabremos cuando llegue nuestro momento, pero hasta entonces sí podemos hacer este mundo más habitable, más humano y extinguir o mitigar las llamas en las que todos los días gimen muchos de nuestros semejantes.

¿Quién fue Fidel Pagés?

Con motivo del inminente centenario del fallecimiento del Dr. Fidel Pagés Miravé, descubridor de la anestesia epidural, se ha generado una doble respuesta en nuestra sociedad y en particular en las profesiones sanitarias.

La del reconocimiento a una de las mentes más preclaras de la medicina, no solo española, sino mundial, y de otro la perplejidad de una mayoría absorta en el desconocimiento de una figura tan relevante.

Fidel Pagés fue un médico militar español que describió la entonces llamada anestesia metamérica, luego rebautizada como epidural. Este hecho serviría por sí mismo para incluirle en una relación de los investigadores que más han hecho por el avance de la medicina universal y en particular de la anestesia, junto a otros figuras históricas como Morton, Wells, Nieman o Seturner.

Fidel Pagés nació en Huesca, en el seno de una familia acomodada, aunque su padre murió prematuramente, cuando él contaba solo siete años. Su madre casó en segundas nupcias y él estudió Medicina en Zaragoza, con resultados académicos muy destacados.

Se decide a ingresar en el Ejército y comienza un recorrido geográfico y científico que explica, no sólo su biografía, sino el porqué de su descubrimiento.

La obligación de desplazarse en sus diversos destinos le da un bagaje de experiencia en diversos puestos, algunos periféricos, otros centrales, algunos tranquilos, otros en áreas de conflicto. Todo ello le acostumbra al análisis rápido y sistemático de situaciones de emergencia y a la toma de decisiones sobre la salud y vida del personal a su cargo.

Como hombre de su tiempo, criado en plena resaca de la pérdida de las colonias de ultramar, de una España atrasada y en plena crisis, es una de las múltiples figuras de una corriente de renovación, regeneración, reinvención de un país, sociedad, cultura, conocimiento y conjuntamente identidad.

Personajes como Ortega, Unamuno y Marañón, entre otros, participan de esta preocupación y de la idea de renovación de un país a imagen y semejanza de sus vecinos europeos.

Estas reflexiones, junto con otras sobre la vigencia de sus hallazgos y la utilidad de la vía epidural para abordajes terapéuticos en anestesia y sobre todo en dolor, se reiteraron hasta la saciedad en una jornada memorable sobre su figura y el dolor el pasado día 12 de marzo, desde la plataforma SEMDOR que permanecerá accesible on line varios meses. Muy recomendable su visita y el repaso de los contenidos vertidos por más que acreditados compañeros de fatigas en el abordaje multidisciplinar del dolor.

No voy a descubrir la relevancia de su descubrimiento, ni la importancia de su trabajo en los mas que difíciles momentos en los que vive y desempeña su labor.

Pero sí quiero vindicar su figura resplandeciente, faro en la oscuridad de un periodo histórico turbio y lleno de sombras, que supo realizar su trabajo con dedicación y puntualidad, amén de dejar para la posteridad un legado de conocimiento irremplazable.

Además quiero resaltar el papel de un colectivo no siempre bien valorado, como es el de los servidores públicos, hombres y mujeres, en particular aquellos que componen las Fuerzas Armadas, de ayer, hoy y siempre.

Los sanitarios militares dedican sus esfuerzos al bien común, en las tareas que se les asignan. Su labor en situaciones de conflicto va más allá de atender a la salud de sus propias fuerzas, también se atiende a las de los contrincantes y a las de la población civil, como rezan las Convenciones de Ginebra.

Es emocionante el testimonio de algunos familiares, de amigos, al recordar que algunas de las personas que asistieron tuvieron acceso al agua por primera vez en su vida o salvaron la vida o la de los suyos gracias al abnegado esfuerzo de estos compatriotas e incluso aprendieron a pronunciar las dos únicas palabras que conocen en nuestro idioma: “¡Gracias España!”

Que, en pleno conflicto por el norte de África, con una situación creada por una falta de planificación y quizá un cierto menosprecio a los rivales, encabezados por un personaje educado en Universidad de Qarawiyyin en Fez y de Salamanca, como Abd-El-Krim, notable estratega que puso de manifiesto las costuras del despliegue y profesionalidad de las fuerzas españolas en aquel momento histórico, es de resaltar.

Como lo son los honrosos sacrificios por mor de una decadente idea imperial que se extinguió sin remedio, movilizando alrededor de 70.000 soldados y generando un hospital de campaña de 5.000 camas, de las que apenas quedaron sin usar unos pocos centenares.

Fidel Pagés destacó en aquellos escenarios y recibió el reconocimiento de la Reina Victoria Eugenia, pero su figura quedó en el olvido siendo necesaria la intervención de otro destacado colega argentino, Albergo Gutiérrez, Jefe de Cirugía en el Hospital Español de Buenos Aires, que puso en su lugar a Pagés por delante de Dogliotti en la descripción de la técnica epidural.

Si Pagés hubiera nacido francés, alemán o inglés, quizá estaría en el olimpo de médicos ilustres como Fleming, Pasteur o Koch, y quizá lo esté, donde brillen sus vidas y opiniones, y desde donde con estupor vean repetir los errores humanos y la falta de solidaridad, investigación y dedicación, que siguen haciendo estragos en la salud de la humanidad.

Desde ahora ya nunca más será una figura ignorada y pasa a ocupar un lugar prioritario en el imaginario colectivo español, componiendo un ensoñado Salón de la Fama Sanitario, junto a Ramón y Cajal, Severo Ochoa, Federico Rubio y Galí, José Antonio Barraquer, Carlos Jiménez Díaz, José Botella LLusía…y los que vendrán. Gracias Dr. Pagés.

Herniated Disc

Our world, our society, is completely influenced by scientific, social, political, religious and cultural concepts. This makes many ideas, many expressions of the exclusively medical or scientific field become terms of daily use in informal conversations in our society.

Everyone has an approximate notion of what a heart attack, appendicitis or a torn meniscus is, although many times the concept is more or less ambiguous and with the lack of specificity and rigor that the matter demands.

Scientific dissemination or popularization of science, as the Spanish scientist and Nobel Prize winner Santiago Ramón y Cajal liked to say, serves to spread this knowledge and also clarify its just meaning, avoiding ramblings or inaccuracies.

The vertebral disc is a circular and flattened structure similar to a hamburger or giant lentil, placed between the anterior and most solid part of the vertebrae: the vertebral bodies; which acts as a shock absorber and allows anteroposterior flexion-extension movements, also lateral and a certain degree of torsion.

It is composed of a fibrous peripheral part and a gelatinous central part. The external one gives consistency and the internal elasticity. Being two different parts, they act in a coordinated way, allowing the flexibility of the spine.

When excessive or sudden efforts, alterations in feeding or hydration, or even trauma, act on them, these discs can become dislodged, damaged and can, therefore, give rise to pathology and pain at that level, whether localized or irradiated.

These alterations of the vertebral discs range from just minimal disc degenerations, to small displacements, called protrusions, or large displacements, called hernias.

Therefore, we call disc herniation the degeneration, displacement and exit of the vertebral disc, almost always with injury and rupture of its structure, out of its place, usually giving rise to an affectation of neighboring structures.

It is accompanied by inflammation and pain of the structures of the vertebral canal: the spinal cord, the meninges, the cauda equina in the lumbar levels or also, the roots and dorsal ganglia that come out of the spine through the holes of conjunction.

A hernia with spinal involvement or root involvement almost always requires energetic, interventional treatment, often analgesic blocks, some decompression, release and fixation surgeries (laminectomy and arthrodesis).

Almost all minor injuries can be improved, even solved with modifications in lifestyle, diet, muscle tone, postural hygiene, etc. These are useful tips in these cases and also for the general population, we cannot and should not wait for the appearance of symptoms to promote healthy habits.

Finding a herniated disc in an imaging test does not necessarily imply pathology, but having low back pain and finding an image of a herniated disc almost always points to it as the cause of it.

Complementary imaging tests, such as magnetic resonance imaging, are excellent tools that allow us to specify the origin of a problem but, as we like to repeat, “we do not treat complementary tests, we do not treat MRIs, we treat patients”, that is, It is the symptoms, the patient’s complaint that makes us seek treatment.

Having a MRI with abnormal images should guide us in the possibility, even in the probability, of having a problem, but not necessarily in the need for interventionism in pain clinic or at least surgery.

Our attitude in life and also in medicine is prudence and prevention. Remember that almost always “it is achieved more with tenacity in exercise and care, than with intensity” in curative treatments.

Hernia discal

Nuestro mundo, nuestra sociedad, está completamente trufada de los conceptos científicos, sociales, políticos, religiosos, culturales. Esto hace que muchos ideas, muchas expresiones del ámbito exclusivamente médico o científico se conviertan en términos de uso cotidiano en conversaciones informales de nuestra sociedad.

Todo el mundo tiene una noción aproximada de lo que es un infarto, una apendicitis o una rotura de menisco, aunque muchas veces el concepto sea más o menos ambiguo y con la falta de concreción y rigor que demanda el asunto.

La divulgación científica o la popularización de la ciencia, como gustaba decir a Ramón y Cajal, sirve para difundir estos conocimientos y además aclarar su justo significado, evitando divagaciones o inexactitudes.

El disco vertebral es una estructura circular y aplanada a semejanza de una hamburguesa o lenteja gigante, colocada entre la parte anterior y más solida de las vértebras: los cuerpos vertebrales; que actúa como amortiguador y permite movimientos de flexo-extensión anteroposterior, también lateral y un cierto grado de torsión.

Está compuesto de una parte periférica fibrosa y una central gelatinosa. La externa le da consistencia y la interna elasticidad. Siendo dos partes distintas, actúan de una forma coordinada, permitiendo la flexibilidad de la columna.

Cuando esfuerzos excesivos o súbitos, alteraciones en la alimentación o en la hidratación, o incluso traumatismos, actúan sobre ellos, esos discos pueden descolocarse, dañarse y pueden, por tanto, dar lugar a patología y dolor a ese nivel, sea localizado o irradiado.

Estas alteraciones de los discos vertebrales van desde apenas mínimas degeneraciones discales, hasta pequeños desplazamientos, llamados protrusiones, o grandes desplazamientos, llamados hernias.

Por tanto, llamamos hernia discal a la degeneración, desplazamiento y salida del disco vertebral, casi siempre con lesión y ruptura de su estructura, fuera de su sitio, dando lugar habitualmente a una afectación de las estructuras vecinas.

Se acompaña de inflamación y dolor de las estructuras del canal vertebral: la médula espinal, las meninges, la cola de caballo en los niveles lumbares o también, las raíces y ganglios dorsales que salen de la columna a través de los agujeros de conjunción.

Una hernia con compromiso medular o con afectación radicular casi siempre necesita un tratamiento enérgico, intervencionista, muchas veces bloqueos analgésicos, algunas cirugías de descompresión, liberación y fijación (laminectomía y artrodesis).

Casi todas las lesiones menos importantes se pueden mejorar, incluso resolver con modificación en los estilos de vida, alimentación, tono muscular, higiene postural, etc. Estos son consejos útiles en esos casos y también para la población general, no podemos ni debemos esperar a la aparición de síntomas para potenciar los hábitos saludables.

Encontrar en una prueba de imagen una hernia discal no necesariamente supone patología, pero tener dolor lumbar y encontrar una imagen de hernia discal casi siempre señala a ésta como causa de la misma.

Las pruebas complementarias de imagen, como la resonancia magnética, son excelentes herramientas que nos permiten concretar el origen de un problema pero, como nos gusta repetir “nosotros no tratamos las pruebas complementarias, no tratamos las resonancias, tratamos a los pacientes”, es decir, es la sintomatología, la queja del paciente la que nos hace buscar tratamiento.

Tener una resonancia magnética alterada debe orientarnos en la posibilidad, incluso en la probabilidad, de tener un problema, pero no necesariamente en la necesidad de intervencionismo, al menos intenso.

Nuestra actitud en la vida y también en la medicina es la prudencia y la prevención. Recuerden que casi siempre “se consigue más con tenacidad en el ejercicio y en los cuidados, que con intensidad” en los tratamientos curativos.

Caries ¿pecado original?

Hace cinco años visité las excavaciones de Atapuerca, museo vivo de la historia y evolución de la humanidad, por entonces multitud de reflexiones surgieron al encontrar vestigios de la manera de vivir de los que pudieron ser nuestros “Primeros Padres”.

Aquella visita a Atapuerca resultó especialmente atractiva, tanto desde el punto de vista personal, como desde el intelectual y científico. Aprendimos mucho de la vida de nuestros antepasados prehistóricos y probablemente también de nosotros mismos.

Descubrimos de qué manera las necesidades básicas de aquellos seres humanos, en lo referido a alimento, abrigo, apoyo, afecto, trascendencia, etc., no eran muy distintas de las que tenemos actualmente. Encontramos unos espacios para la vivienda no muy distintos de los que empleamos para residir actualmente.

Unas formas de resolver la convivencia y la subsistencia muy parecidas a las actuales, salvando los medios tecnológicos. Unas maneras de respetar a los semejantes y de apoyarlos que incluso serían modélicas en el mundo actual. Y también algunos primeros indicios de patologías que hoy siguen estando a la orden del día.

De hecho, el motivo de este post lo encontramos en los primeros indicios de una enfermedad que pensábamos tenía más que ver con el desarrollo y la dieta rica en hidratos de carbono, y que actualmente campa por sus respetos en nuestra sociedad: las caries.

Las caries son lesiones destructivas en los dientes, generadas por los ácidos que produce la placa bacteriana al degradar los restos de los alimentos, especialmente aquellos ricos en hidratos.

Su incidencia y prevalencia se relaciona naturalmente con la dieta y con los cuidados de la higiene. El problema, aparentemente simple, no ha encontrado de momento solución definitiva, pese a encontrar los medios de comunicación, y los centros comerciales inundados de procedimientos, dentífricos, colutorios y otras estrategias para mejorar esta lacra.

Además de la destrucción dental y debido a la rica inervación, las caries son fuente de dolor conocida por casi toda la población, un dolor evitable y desde luego tratable. Las caries son una enfermedad de nuestro tiempo, pero también las encontramos en aquellas cavernas. Quizá no somos tan culpables y haya otros factores que debamos tener en cuenta y, no solamente nuestro comportamiento, aunque no es la única alteración que han detectado los paleontólogos.

La presencia de piezas supranumerarias o de abscesos nos indican que, pese a estar ante seres relativamente primitivos, tenían capacidad de cuidarse y ayudarse como grupo social organizado, permitiendo una supervivencia que, de otro lado, hubiera sido imposible como sujetos aislados.

No parece que nuestra sociedad vaya a desaparecer por la gran prevalencia de las caries, pero tampoco podemos dejar que una patología de la que conocemos su origen, la manera para prevenirla y tratarla, siga existiendo en nuestros días.

Ya es tiempo de sobreponernos a este pecado original y asegurarnos un futuro libre de caries. En esta dirección hay algunos estudios sobre la tipología de las bacterias que producen las caries y la manera de controlarlas con otro tipo, los Streptococus Dentisani.

Puede que estemos ante la solución definitiva a nuestros desvelos para que así, dentro de cien mil años, cuando encuentren nuestros restos fósiles, al menos otros no puedan decir que teníamos caries.

NEANDERTHAL Y DOLOR

Hemos tratado y trataremos en #ElBlogdelDolor el origen y fuente de las enfermedades. Las enfermedades surgen de la naturaleza de cada uno, si es fuerte, débil, rubio, moreno, alto, bajo… tendrá una predisposición o tendencia a padecer de tal o cual problema.

La otra fuente es el estilo de vida, lo que uno hace a diario, la manera en la que afronta su supervivencia, los recursos medioambientales, los elementos de utilización o protección frente a dichos elementos naturales.

En el fondo son las dos partes de un todo: lo de dentro y lo de fuera, sencillo en el planteamiento, pero muy complejo en la explicación.

En el ámbito de lo interior, se nos plantea de nuevo una pregunta trascendental, ¿nuestro destino está escrito o existe el libre albedrío? ¿Nuestra herencia genética, nuestra identidad cromosómica, es inamovible y monolítica siendo su peso tan intenso que nos impida sobreponernos a ese sello de fábrica?

Estas preguntas vienen a colación por la investigación sobre el genoma humano que ha concluido que tenemos una parte de genoma Neanderthal en nuestra herencia y que puede condicionar nuestra respuesta a estímulos dolorosos, haciendo a los portadores más sensibles al dolor.

Los neandertales pueden haber tenido un umbral más bajo de dolor y las personas que heredaron una variante de un determinado gen de esta especie experimentan más dolor.

Una investigación de científicos del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva publicado en la revista Current Biology (1) que nos plantea algunas incógnitas sobre nuestro origen y también sobre la manera de percibir el dolor.

En primer lugar, durante décadas pensamos que la línea evolutiva de la humanidad había sido finalista, las diversas especies de antecesores se extinguieron por inadaptación o competencia en su hábitat de otras secuencias genómicas, las favorables.

Esta ha venido siendo la razón por la que un ser humano con una mayor fortaleza física, mucha mayor antigüedad en el entorno, una masa encefálica igual o incluso mayor que la nuestra, es la especie elegida para gobernar el destino del planeta y para interpretar a su antojo las razones por las que los extintos desaparecieron.

Sin embargo, la verdad suele ser tozuda, se acaba colando por las grietas de los argumentos y termina por empapar la evidencia científica: los Sapiens y los Neanderthales compitieron, cohabitaron, convivieron y compartieron algo más que medio ambiente. Compartieron intimidad sexual y así una parte de la herencia genética actual está impregnada de rasgos neandertales. Esta hipótesis ha sido avalada por múltiples estudios científicos y no pocos relatos de ficción como “El clan del oso cavernario” (2)

Aparte de las consideraciones morales, esto lo que permite es explicar algunas respuestas especificas frente a estímulos como el dolor y nos puede ayudar también a encontrar soluciones: la búsqueda del conocimiento es uno de los rasgos más humanos que tenemos.

El tipo de gen que codifica el Canal de sodio Nav 1.7 que inicia la sensación de dolor, presente en el genoma Neanderthal de forma habitual, también aparece en algunas personas, tanto en Europa como en América Central y del Sur.

Utilizando los datos de un gran estudio de población en Gran Bretaña, los autores comprobaron que aquellas personas portadoras de esa variante específica Neanderthal experimentan más dolor, como si fueran personas con una edad más avanzada a la edad cronológica.

Esta variante conlleva tres diferencias en aminoácidos (M932L, V991L, y D1908G) respecto a la variante común, las sustituciones de aminoácidos individuales no afectan a la función del canal de iones, pero produce una mayor sensibilidad al dolor en esas personas. La razón no es otra que el canal de iones Neanderthal tiene un umbral de excitación más bajo.

¿Esto querría decir que los Neanderthales sufrían más dolor o que su sistema de alarma frente a agresiones era más sensible y por tanto les anticipaba el daño de una forma más precoz? Podemos interpretar los datos como queramos

Aunque hay dos reflexiones que se suscitan: de un lado, la enorme importancia que tiene nuestra configuración genética a la hora de entender nuestra sensibilidad, así como la manera, intensidad y distribución de nuestras respuestas.

De otro, la persistencia de aquella especie humana en nuestra naturaleza. Quizá muchos otros de nuestros defectos o virtudes se deban a esa herencia y quizá muchos de nuestros sueños o pesadillas también.

La ciencia nos aleja cada día más del tal como éramos, por aquello de la evolución, y nos muestra inexorablemente tal como somos, aunque a veces pueda no gustarnos lo que vemos y optemos por romper la lente que nos permite observar o el espejo en el que nos reflejamos.

(1). Current Biology 30, 3465–3469, September 7, 2020

(2). Jean M. Auel, Crown Publishing Group Ed.).

SENSIBILIZACION CENTRAL

El dolor es una experiencia compleja, mediatizada por el sistema nervioso, que se constituye desde la percepción a nivel periférico en la piel, músculos, huesos, órganos, con terminaciones sensitivas neuronales que llevan esa información a los ganglios raquídeos (primera estación), a la medula espinal, (segunda estación), a los núcleos cerebrales basales (tercera estación) y a la corteza cerebral (cuarta estación y final de trayecto).

Desde aquí vuelve hacia la periferia, haciendo paradas semejantes hasta llegar a mano, pie, oreja, intestino, rodilla o músculo cuádriceps, y genera movimiento, frotamiento, tensión muscular, secreción, tiritona, etc.

Esta es la ruta sencilla y habitual, pero a veces un estímulo mantenido en el tiempo, especialmente intenso o con afectación de las estructuras nerviosas, da lugar a una perpetuación de la señal de alarma, un incremento progresivo o una inadecuación entre estímulo y respuesta.

Este cuadro de perpetuación y amplificación de dolor lo denominamos sensibilización y si se sitúa en el sistema nervioso central, sensibilización central.

La sensibilización central es una amplificación del impulso nervioso dentro del sistema nervioso central que produce una hipersensibilidad al dolor. Tanto las vías ascendentes como descendentes están hiperactivas y alteradas. Si la vía ascendente esta hiperexcitada y la descendente inhibidora está alterada, el resultado en una progresiva y creciente activación del dolor.

Si las estructuras de control o gobierno están alteradas o metidas a presiones externas incontroladas muchas veces se corre el riesgo de perder el control, como sucede en el mundo actual, cuando los virus invaden el mundo, la intransigencia e insensatez de políticos empujan a la muchedumbre a la algarabía o la nieve anega de manera imprevista la capital de un estado, colapsando todos los mecanismos normales de control interpretación y respuesta.

La sensibilización central se suele asociar a algunos cuadros clínicos, en la edad media de la vida y aparece más en mujeres, aunque puede afectar a alrededor de un tercio de los pacientes con dolor crónico mantenido.

Como siempre, los factores que hacen mayor la prevalencia en mujeres siguen siendo controvertidos, apuntándose factores genéticos, hormonales o de comportamiento aprendido frente al dolor.

Las patologías que suelen asociar esta sensibilización central van desde la artrosis de rodilla a la lumbalgia o las cervicalgias. Muchas patologías de etiología multifactorial muy inespecífica, como la fibromialgia, tracanteritis, epicondilitis, etc., que cursan con un dolor crónico inespecífico, podrían tener en su raíz la sensibilización central del dolor.

Capítulo aparte merece la migraña en sus diversas presentaciones. No encontramos lesiones y sólo apreciamos un mal funcionamiento que desgraciadamente somos incapaces de gobernar. Esa sensibilización se atribuye a múltiples factores, muchos de los cuales quizá pudieran reorientarse con técnicas de aprendizaje de uno mismo.

Como apunta el maestro de la neurobiología del dolor Arturo Goicoechea, “las palabras y las etiquetas pueden tener una gran potencia en decantar una situación en un sentido o su contrario, por lo que deberíamos ser rigurosos al emplearlas y positivos al nombrar enfermedades o enfermos”.

Somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras. Entendidas estas afirmaciones con los razonables límites del conocimiento, tanto médicos como pacientes debemos emplearlas a favor de la mejoría y la búsqueda de soluciones.

El tratamiento debe partir del conocimiento, descartando otros cuadros centrales, procesos neoplásicos, esclerosis u otros trastornos. Se debe basar en los médicos de atención primaria como pilar central, pero abrirse a una colaboración multidisciplinar, como en gran parte de la patología crónica dolorosa. Reumatólogos, rehabilitadores, fisioterapeutas, traumatólogos, neurólogos, neurocirujanos, especialistas en dolor, deben remar al unísono con pacientes y familiares. No es tarea fácil por el esfuerzo, la constancia y, cómo no, la necesaria coordinación.

La sensibilización central puede tener un abordaje farmacológico, con analgésicos convencionales, para posteriormente asociar neuromoduladores del tipo pregabalina, gabapentina, amitriptilina, topiramato, lacosamida, lamotrigina, eslicarbamacepina, duloxetina y un largo etc. de medicamentos antidepresivos y antiepilépticos.

Éstos, al regular la trasmisión nerviosa por reducción en la receptación de serotonina y noradrenalina, normalizan la amplificación de la señal y reducen su intensidad y el impacto sobre la vida del paciente. Bien es cierto que lo hacen a costa de producir una reducción en la atención, una cierta somnolencia y algunos otros síntomas en la memoria y el pensamiento, como un cierto atontamiento y somnolencia leve.

De otro lado conviene el refuerzo de hábitos de vida saludables en la alimentación y la actividad, apoyados en ejercicio reglado, como Pilates, Yoga y ejercicio en piscina, caminar o hacer bicicleta todos los días, asegurar un descanso diario satisfactorio. Recomendaciones que son extensibles a todos los pacientes con patología crónica e incluso a toda la población enferma o sana.

LA ESCALERA DE JACOB

El Dr. Martin, despertó sobresaltado. Primero, por la oscuridad, no supo donde se encontraba y desorientado, buscó su teléfono móvil sobre la mesilla. No estaba. Palpó el interruptor de la luz y tras encender vio la hora: las 3:24.

En su cama, junto a él, dormía su esposa y la habitación reflejaba todos los pequeños detalles de confort que un hombre como él se podía permitir: los muebles, los armarios empotrados, las dobles ventanas que dejaban las inclemencias meteorológicas fuera…En suma, un entorno amigable.

La aterradora pesadilla que le había sobresaltado se fundaba en una terrible enfermedad contagiosa originada en Asia que se extendía, primero sin conocimiento y luego sin control, por todo el mundo, dando lugar a una pandemia propia de un relato de ciencia ficción en la que millones de afectados, con cientos de miles de muertos, inundaban los hospitales y las funerarias condicionando un aislamiento internacional, una nueva forma de relación y la muerte de su madre. Incluso su matrimonio se iba a pique, ¡qué espanto y cuánto de real parecía!

La ruedas de prensa de los gestores públicos explicando con naturalidad la catástrofe y su incapacidad de controlarla, las contradicciones continuas a cada instante, el cierre de negocios, hoteles, restaurantes y la ingente masa de población abocada a la pobreza, si es que la salud se lo permitía…Pero decidió volver a dormir: hasta las 6:30 no tenía que levantarse.

 Despertó, de nuevo en oscuridad, miró hacia el despertador, no podía verlo a oscuras y decidió encender la luz. De pronto el teléfono móvil se iluminó. Eran las 6:30, hora de levantarse, pero ante su asombro vio que estaba en una siniestra estancia, hundido en una pequeña cama, solo, con unas cortinas beige y una televisión empotrada en la pared.

Halló el interruptor de la lámpara y la habitación del motel se presentó en toda su crudeza: pequeña, oscura, ruin. Miró su maleta a medio hacer e intentó recapacitar.

Miró los mensajes de su teléfono: cientos de comunicaciones de los grupos de contactos advertían de la segunda y tercera ola de los riesgos, de los nuevos contactos y de las dificultades en el desarrollo y distribución de las incipientes vacunas, cargadas de incertidumbre en su eficacia y en su seguridad.

Vio el mensaje de su hermana Vanesa: el funeral de mama será con aforo limitado y la incineración sin responso ni familiares, siguiendo las recomendaciones de las autoridades.

Se levantó de la cama y miró por la ventana. El invierno llamaba a la puerta y los coches empezaban a circular por el barrio. Algunos madrugadores caminaban con sus mascarillas por las calles.

En la televisión, reporteros enmascarados y autoridades desnortadas se afanaban en dar explicaciones de lo ya sucedido y consejos de lo que podía suceder.

Se vistió y fue a trabajar a su hospital, parcialmente colapsado por los pacientes graves ingresados, desbordado por la presión para diagnosticar y tratar a los leves a fin de evitar su agravamiento.

El día fue agotador. Al volver al motel donde estaba alojado para evitar el contacto con población no expuesta, comenzó a revisar la agenda del día siguiente: video reunión con la dirección del centro, cita virtual con la delegación de hacienda, respuesta a su reclamación por estacionamiento indebido, 16 correos de pacientes pendientes de tratamiento por el cierre de las consultas presenciales…Suma y sigue.

Mientras miraba el ordenador se quedó dormido,

Despertó de nuevo, las 6:28. Encendió la luz y saltó de la cama, su mujer le preguntó qué pasaba, qué inquietud había tenido esa noche. Pero no obtuvo respuesta.

Se levantó y duchó despacio, pensando en la pandemia. Puso la radio que hablaba del campeonato futbolístico de liga, las fusiones bancarias y del balance turístico record del año.

Acudió a trabajar y los pacientes desbordaban las salas de espera, sus compañeros le buscaron para tomar café y para la sesión clínica, mientras recibía la llamada de su madre recordándole la cita para comer ese día. Lloró al hablar con ella y le dijo cuanto la quería. Ella contestó que “estaba envejeciendo muy mal”.

Despertó de nuevo, esta vez en el motel, aun con lágrimas en los ojos. Las primeras vacunas empezaban a distribuirse en los países de Occidente, anunciando un nuevo horizonte de esperanza….

¿Ficción o realidad?

La existencia de universos paralelos que evolucionaran simultáneamente y a los que se pudiera acceder a través de portales espacio-tiempo, o el hecho de transcender de una dimensión a otra siguiendo una ruta o escalera específica, ha ocupado a sabios de todas las épocas, desde teólogos a físicos cuánticos.

Esa Escalera de Jacob por la que los ángeles subían y bajaban desde el cielo o esas puertas de las estrellas o del tiempo nos ilusionan como los trucos de magia, a medio camino entre la fascinación y la perplejidad.

El sueño es el momento en el que nuestra mente libre de las ataduras de la conciencia, desborda sus límites y nos permite volar, viajar, compartir experiencias fantasmagóricas con personas reales o de ficción y, reencontrarnos con nosotros mismo y nuestros antepasados.

Los viajes iniciáticos de las tribus primitivas basados en las propiedades alucinógenas de muchas sustancias o el sueño que producen los modernos anestésicos son también supuestos puentes a otras dimensiones.

El hecho es que no tenemos el control de esos viajes, por lo que la cruda realidad para nosotros y para nuestro ficticio Dr. Martín, en este terrible año bisiesto, es que un horror de proporciones planetarias ha asolado nuestras vidas y ha retorcido nuestra manera de vivir, nuestro orden de prioridades e incluso nuestra forma de celebrar algo tan íntimo como las fiestas familiares.

Mientras despertamos de esta pesadilla y por si no fuera posible hacerlo, conservemos la calma, la prudencia y la sensatez. Limitemos nuestro riesgo y ayudemos a los demás.

Nunca más que ahora hemos sido conscientes de que la salud, la nuestra y la de todos, es el mejor regalo y que este bien intangible no se puede comprar con dinero.

¡¡¡¡Muy Feliz Navidad para tod@s!!!!