Destino

Mario comenzó el día como todos, escuchando la radio mientras desayunaba con la rutina del pronóstico del tiempo, del estado del trafico y de las noticias de los políticos de turno, exhibiendo sus problemas de cintura sin pudor. Todavía recordaba el sueño que esa noche le había despertado prematuramente con una cierta precipitación y gran afectación.

Soñó que despertaba de la anestesia en la Reanimación del Hospital, algo confuso, dolorido, con varias vías venosas en brazos y cuellos, y cables conectados a su cuerpo. El dolor en el abdomen no era tan intenso, pero con la sensación de flojera en todo el cuerpo, como si le hubieran dado una paliza o hubiera pasado una gripe fuerte.

Aturdido iba recordando a su médico que la analítica de rutina había reflejado una anemia crónica no sintomática que aconsejaba una analítica de sangre oculta en heces. Esa analítica fue positiva y precisó una colonoscopia por lo que acudía a la consulta de su médico, indicándole que el cáncer encontrado en el colon tenía metástasis hepáticas y cerebrales, lo que implicaba la necesidad de una gran cirugía intestinal, con pérdida del esfínter anal y la derivación del intestino a una colostomía en el abdomen que tendría que llevar protegido con una bolsa para recoger sus heces.

Recordó el momento en el que le explicaron que las pruebas reflejaban una diseminación en el hígado y el cerebro, y la necesidad de administrar quimioterapia para reducir y destruir esas metástasis. Así que despertó de la anestesia con ese oscuro panorama, con esa horrible y vívida pesadilla.

Mientras apuraba el café, cogió su maletín, las llaves y su teléfono. Montó en el coche y cuando se disponía a arrancar vio un mensaje recordatorio:

“Recoger analítica, consulta Dr. Vargas”

Vio el mensaje y de pronto un escalofrío recorrió todo su cuerpo de arriba abajo, recordando la primera parte de la pesadilla de la noche anterior. Se recordó a sí mimo, montando en el coche, recibiendo el mensaje, yendo a la consulta de su medico y recibiendo las terribles noticias sobre su salud.

¿Qué hacer, acudir a la cita con la posibilidad de repetir el ya conocido vía crucis o rechazar ese hipotético destino no acudiendo a la cita y romper así la fatídica premonición?

Ni la ola de calor asfixiante, ya a esa hora de la mañana, le ayudaba a entrar en calor. Salió de casa cogiendo una ruta distinta, dobló por la izquierda en vez de la derecha, pasó por encima en vez de por debajo del subterráneo y al llegar al trabajo, estacionó en la acera opuesta al trabajo. Se negaba a repetir sus rutinas y evitar así ir cumpliendo el vaticinio nocturno.

Convencido de ello, cruzó por el paso de cebra cuando un coche, con exceso de velocidad lo arroyo, solo pudo ver una décima de segundo el color amarillo del coche y la luz se apagó…

Despertó en la Reanimación, escuchando y viendo el ritmo de su vida en cuatro colores, dolorido. No sabía qué le dolía claramente, si el brazo y el cuello con vías venosas, el otro brazo escayolado, las piernas, llenas de hierros con los dedos de los pies amoratados…Aunque reconocía que eran suyos por el dolor que le transmitían al moverlos. Se acercó un médico y le empezó a hablar:

-“Tiene mas vidas que un gato, Mario, le han dado un buen golpe y le han roto el brazo y las piernas. Además, vimos su analítica y hemos tenido que operarle un tumor que tenía en el colon”.

Escucho y sintió su corazón acelerarse y con la única mano libre, se palpó rápidamente la tripa, lo que le produjo un dolor muy intenso. Se buscó la bolsa de colostomía y… no la encontró, el dolor se mezcló con la risa y el médico no entendía nada. Reía a mandíbula batiente. Interrogado por el médico, Mario contestó:

-“Lo he conseguido, he escapado de mi destino”

El médico no entendía nada, pero contestó:

-“Nuestra salud y nuestro destino no esta escrito. Está en nuestras manos y depende mucho de lo que hagamos, que desarrollemos unas y otras enfermedades y que éstas tengan un curso leve, moderado o grave, que sean muy dolorosas o no. Está viviendo su destino y yo el mío y, al parecer, hoy teníamos que encontrarnos en este lugar”.

Mario se quedó dormido de nuevo y, al despertar, estaba en la cama, en su casa, el despertador sonaba, tenía que ir a trabajar, y claro, a recoger su analítica.