PÚBLICO Y PRIVADO

La salud es uno de los pilares sobre los que hemos sustentado nuestra sociedad y nuestra forma de vida. Desde que tenemos conciencia de nosotros mismos y del papel que jugamos en el mundo, hemos venido aprendiendo o al menos intentado encontrar el porqué de las cosas y hemos tratado de modificar el medio ambiente y nuestra propia actitud para conseguir nuestros objetivos.

Durante décadas la salud se definió como la ausencia de enfermedad, un concepto que se ha ido quedando pequeño en una sociedad cada vez más exigente y ha sido reemplazado por el de calidad de vida, que abarca los aspectos emocionales, sociales, laborales, etc., que son esenciales en nuestra vida.

¿Quién y cómo se puede buscar o preservar esa calidad de vida?

Pues igualmente en la historia encontramos la respuesta que se ha ido dando. Los sanadores, magos, hechiceros, chamanes, barberos, sacamuelas, masajistas, terapeutas, cirujanos, licenciados, etc., han sido la respuesta individual a los problemas individuales de los pacientes.

Médicos y pacientes por iniciativa individual coparon el protagonismo y la responsabilidad. La generalización  de la asistencia se origina de la mano de entidades primero sin ánimo de lucro que crearon asilos, lazaretos y hospitales de peregrinos en la Revolución Industrial y, segundo, la aparición de los movimientos sociales de masas, la conciencia y la necesidad de asistencia colectiva.

Sea desde la iniciativa de gobiernos, de entidades o de particulares surge un nuevo actor, los dispensarios de salud, hospitales y clínicas dependientes de recursos a veces públicos, de recaudaciones o impuestos o a veces privados, colectas, suscripciones populares, loterías o crowdfunding.

Por último,  lo que existía a otros niveles más prosaicos, la existencia de primas de compañías para compensar imprevistos en el comercio internacional comenzó a implicarse en el aseguramiento de la salud

Así pues, encontramos esos cuatro actores médicos/pacientes, hospitales y entidades de aseguramiento.

Durante décadas, nuestro sistema nacional de salud ha sido modelo de profesionalidad, equidad, rigor y resultados, merced a la inversión y a la dedicación abnegada de sus profesionales, algo que, con los años, envejecimiento de plantillas, ajustes presupuestarios y pandemias, ha ido a peor.

Mientras la medicina privada era un complemento al buque insignia de la pública, en la primera se encontraban excelentes profesionales pero los medios tecnológicos y la accesibilidad a los mismos estaba reservada a colectivos con poder adquisitivo mayor que igualmente acudían a la medicina general en enfermedades graves.

Esta situación ha cambiado en los últimos años merced a un esfuerzo de modernización e inclusión de elementos tecnológicos de vanguardia y a la agrupación de entidades individuales en grandes grupos hospitalarios de radicación y proyección nacional e internacional, capaces de asumir el reto de dar asistencia a pacientes complejos de la patología que fuere.

Y de otra parte las compañías de aseguramiento se han propalado en la sociedad ofreciendo contratos a costes mucho más competitivos y abarcando no solo pólizas individuales sino de grandes colectivos, empresariales e incluso públicos como MUFACE, ISFAS o MUGEJU.

El resultado es que la relación particular existente entre médicos y pacientes y después entre esos cuatro colectivos ha desplazado su centro de gravedad hacia los actores más pujantes desde el punto de vista económico.

En la práctica, la asistencia sanitaria donde prima la atención personalizada, las demoras más cortas, la libre accesibilidad y elección del usuario, sin derivaciones o visados previos por parte de otros especialistas o de asistencia primaria, como ha venido pasando en la pública, se ha trasladado a la privada, en forma de autorizaciones expresas, limitación de procedimientos y copagos en visitas o en parte de los tratamientos. La gestión de la privada se está acercando en su modelo a la de la pública.

La medicina privada tiene capacidad para asumir una parte de la demanda asistencial de la población, pero no toda, es una opción más, pero no totalmente alternativa para toda la sociedad.

La medicina privada es un complemento MUY UTIL para UNA PARTE DE la ciudadanía. Debemos reconocer que hay quien se puede permitir elegir el cómo, el cuándo y hasta el dónde recibir prestaciones sanitarias sin demoras ni listas de espera, a través de un contrato y con lucro para quien lo ofrece.

Sus servidores son profesionales igualmente competentes dedicados a esa tarea en primer lugar por conciencia social y compromiso ético de ayudar a otros, a cambio de una compensación económica, como todos, esperamos un salario al final de mes, públicos y privados.

Está bien reconocer la labor que se realiza a favor de nuestros pacientes en todas esas instalaciones sanitarias, si bien varían las perspectivas sobre el modelo de organización o las condiciones económicas o contractuales que están en manos de los actores principales.

Un esfuerzo de generosidad y comprensión se hace necesario por parte de todos, especialmente en estos momentos de oscuridad que vivimos, de crisis de valores y de recursos, acosados por el cambio climático, las pandemias, guerras e intransigencia. El mundo tiene futuro y está en nuestras manos.

Proteína C Reactiva, la otra PCR

La inflamación es la manera en que el cuerpo responde de forma inespecífica frente a una agresión, lesión, traumatismo o infección. La definición clásica de la inflamación basada en los signos y síntomas que produce como calor, rubor, tumor, dolor y pérdida de función, viene en gran medida producida por la liberación de multitud de sustancias que a su vez desencadenan otros tantos procesos.

Una de ellas, gran desconocida, es la proteína C Reactiva (PCR), otra PCR anterior a la que se ha popularizado por las pruebas diagnósticas del Coronavirus.

La PCR es una proteína producida por el hígado, es un reactante de fase aguda ¿Esto qué supone? Que se secreta hacia la circulación sanguínea pocas horas después del inicio de una infección o de un proceso inflamatorio. Los niveles suben en relación con traumatismos, infarto agudo de miocardio, en enfermedades autoinmunes y en infecciones bacterianas graves como una sepsis.

La concentración de PCR puede multiplicarse por mil en respuesta a un proceso inflamatorio y su aumento en sangre puede preceder al dolor, la fiebre, otros indicadores clínicos, signos y síntomas.

Se libera al torrente sanguíneo en respuesta a una inflamación, siendo responsable como decíamos de algunas de las características de la Inflamación como dolor, enrojecimiento e hinchazón en el área afectada. Puede deberse a un problema agudo como traumatismos o infecciones, pero también puede liberarse en enfermedades autoinmunes y patologías crónicas que cursan con inflamación en momentos de agravamiento o crisis.

En una analítica de una persona normal los niveles de esta sustancia se encontrarán por debajo de 10 mg/ml, incrementándose en caso de patología. Además puede ser útil medir los niveles de PCR para detectar patología coronaria, aunque esto se realiza con un tipo de determinación de alta sensibilidad, específica de estos cuadros.

¿Qué utilidad tiene la determinación de PCR?

Permite detectar la presencia de una infección o inflamación latente o confirmar un cuadro que ya se sospechaba como patología autoinmune, inflamatoria o tumoral.

También puede ponernos en la pista de riesgo de infecciones por hongos, enfermedad inflamatoria intestinal como Colitis o enfermedad de Crohn, alteraciones autoinmunes como Lupus o Artritis reumatoide, o confirmar la presencia de osteomielitis (muy útil en infecciones que afectan a pacientes con prótesis de articulaciones que no acaban de aliviarse tras la cirugía).

Es una prueba de gran sensibilidad, es decir, detecta cuadros muy precozmente y poco sintomáticos, aunque poco específica, o sea, infinidad de cuadros pueden alterar sus niveles. Por tanto, es útil como prueba inicial del diagnóstico ante la sospecha de una enfermedad inflamatoria que no ha dado la cara, situaciones de enfermedad muy inicial o poco sintomática, pero no confirma el diagnóstico salvo algunas fracciones de alta sensibilidad como hemos comentado.

Hay varias situaciones en las que los valores pueden modificarse. La concentración de PCR puede aumentar hacia el final del embarazo. En personas obesas, en aquellas con reducción brusca del peso y en personas con cáncer también se ha descrito la existencia de unos valores de PCR alterados.

El uso de algunos medicamentos, como las estatinas, los fibratos, la niacina y los antiagregantes, así como con la toma de anticonceptivos orales o en el curso de un tratamiento hormonal sustitutivo con estrógenos, pueden modificar los valores.

De hecho, en ancianos hay una producción disminuida de factor de necrosis tumoral alfa e interleucina 1β, considerados estimuladores de la producción de PCR.

También una actividad intensa o entrenamiento físico importante pueden alterar el valor de la PCR alterando sus niveles, lo que debe tenerse en cuenta a la hora de analizar los resultados. Se consideran valores normales por debajo de 10 y alterados por encima de esa cifra, lo que apuntalaría un diagnóstico de infección o enfermedad severa.

Hay otras pruebas como la Velocidad de sedimentación glomerular útiles para detección precoz de enfermedad o procesos inflamatorios.

La velocidad de sedimentación globular (VSG) también aumenta en presencia de inflamación, pero la PCR aumenta antes y disminuye más rápidamente que la VSG.

Las pruebas diagnósticas no son un fin en sí mismas y habitualmente aportan una información complementaria a la que se obtiene en una historia clínica  con una correcta anamnesis y exploración.

Ahora bien, en muchos casos, son herramientas extraordinariamente útiles para el diagnóstico precoz de cuadros severos o el diagnóstico diferencial entre patologías semejantes, ayudando a reconocer la presencia de factores de severidad de las enfermedades.

ABCDE de la Reanimación

La vida es ese regalo que se nos concede de una forma graciosa, es algo a lo que no damos importancia porque es consustancial a nuestra naturaleza.

Pensamos porque estamos vivos, comemos porque estamos vivos, amamos porque estamos vivos y nuestro corazón late, gracias a la vida y nuestros pulmones se llenan por la misma razón.

Como decía Violeta Parra, debemos dar gracias a la vida por los luceros que nos permiten distinguir lo negro del blanco y… todas las otras funciones de nuestro organismo.

Preservar la vida es un imperativo ético que acompaña por naturaleza a los humanos de buena voluntad y que incluye a nuestros semejantes y los otros seres vivos que habitan o pueden habitar este planeta o este universo, algo que desgraciadamente, en los tiempos que corren, vemos que no practican algunos congéneres y los colectivos que les apoyan.

Una de las formas de preservar la vida que llevamos a gala en el nombre de nuestra profesión es la Reanimación.

Aunque hemos hablado ya en este y otros foros de la reanimación, no está de mas recordarlo por la importancia del bien que queremos proteger y por la necesidad de un conocimiento adecuado de las maniobras que nos permiten ayudar a otros que se encuentren en dificultades.

Tratando de emular a héroes míticos de la literatura, hombres y mujeres cada día pelean por rescatar de ese infausto destino a las ovejas descarriadas por mor de un fallo miocárdico, una alteración respiratoria o una obstrucción en la circulación.

La parada cardiaca se identifica como la ausencia de respuesta o respiración en una víctima real o potencial en alguno de los escenarios de la vida cotidiana o del entorno sanitario en los que ensayamos las maniobras de Soporte Vital.

En el reconocimiento de un paciente, a los profesionales se nos abre un abanico de los parámetros que debemos valorar. Muchas veces la víctima no ha sufrido un colapso, sino que está en riesgo de sufrirlo y por eso debe hacerse una valoración sistemática rápida y completa: en nuestros protocolos lo denominamos ABCDE. Como casi todo en la ciencia, son términos en inglés.

Tiene sentido designar los pasos con un acróstico compuesto por las primeras letras del abecedario, puesto que eso lo hace sencillo, intuitivo, fácil de recordar y además denota que es lo primero que debemos hacer.

A) de vía aérea, por donde entra y sale el aire; B) de respiración y todo lo que conlleva de movimiento ruidos, profundidad ritmo; C) de circulación, ritmo, frecuencia, fuerza, distribución en el cuerpo de la actividad cardiovascular; D) de discapacidad, que relacionamos con alteraciones neurológicas, ya sea por falta de conciencia o respuesta y por presencia o alteraciones en los reflejos; y E) de exposición o evaluación general de todo el cuerpo, por si hay algún factor que se nos escape. De hecho, solemos encontrar lesiones, picaduras de insectos, hematomas o puñales en la espalda que no veríamos si no los buscamos y revisamos al paciente en conjunto.

Esta valoración debe hacerse si la víctima no está en situación de parada, si no lo que ya se ha comentado: iniciar reanimación, activar ayuda de equipos de reanimación, sea de emergencias extra hospitalarias (112 en nuestro entorno europeo) o el número de los compañeros de equipo de reanimación, y pedir un desfibrilador.

La maniobra clave es la compresión torácica, en el centro del tórax, sobre el esternón, con el talón de la mano, enlazada con la otra mano, actuando perpendicularmente al plano del tórax, 5 cm de compresión, no más de 6. A un ritmo de 100-120 por minuto en ciclos de 30 compresiones, intercalando con 2 ventilaciones.

Actuar así hasta conseguir un desfibrilador/monitor para analizar el ritmo. Si el ritmo se puede desfibrilar el choque debe ser lo más precoz, si no debemos realizar compresiones.

Cuando los expertos lleguen, tomarán el control y reevaluarán continuamente a la víctima en busca de factores desencadenantes que se puedan tratar.

Este proceso sistemático se repite varias veces y, en los cursos de reanimación avanzada, lo machacamos hasta la saciedad para evitar olvidos indeseables.

Los médicos Anestesiólogos Reanimadores estamos comprometidos con la práctica de las maniobras de soporte vital y también en su divulgación universal, en la población general, en los profesionales de la salud y especialmente entre nuestros compañeros.

Es una enorme satisfacción sentir que estamos haciendo lo correcto y estamos dando todo por ayudar a los demás. Ese es el mandamiento fundamental de todo profesional sanitario que se precie.

El dolor en el Flamenco

El flamenco es uno de las manifestaciones artísticas más genuinamente españolas, conocida y admirada en todo el mundo, incluso en países remotos como Japón.

La razón, probablemente, podamos encontrarla en la naturalidad de sus composiciones y el sentimiento que tanto los autores como los intérpretes vienen desgranando en cada uno de los compases, al son de cada quejío.

Encontrar el origen del flamenco no es nada sencillo. Lo identificamos sobre todo con una región flamenca por antonomasia, Andalucía, y con un pueblo, el pueblo gitano, pueblo errante de origen remoto, quizá de India, quizá Egipto, que halló acomodo y raíces en nuestro país, si bien no siempre fueron acogido o reconocido como es de ley.

Un, dos, tres y otros, sin duda, son los principales actores de esta manifestación cultural y artística, pero no los únicos de una manera de entender el “sentío” y la interpretación de la música, todo un arte “que no se pue aguantá”

Dentro del flamenco hay muchas formas y ritmos, también llamados palos, son multitud, más de 50. Los palos del flamenco son esas diferentes composiciones las sevillanas, los fandangos, las soleas, las seguiriyas, las bulerías, las alegrías, martinetes, tonás… 

Manuel de Falla, músico gaditano, estudioso y amante del flamenco, promovió junto al granaíno Federico García Lorca, otro referente cultural del flamenco, un concurso de cante jondo en junio de1922 en La Alhambra. Este concurso sirvió para revitalizar y evitar su desaparición, quizá por ello o por su propia naturaleza, el flamenco está más vivo que nunca.

El llamado cante grande incluye las categorías más profundas, más “sentías, también las más sobrias. Son las que hablan de dolor, de angustia y de sentimientos encontrados o reprimidos. El ejemplo más representativo son las seguiriyas, también las soleás, las tonás o los martinetes.

El cante chico es más festivo, más sujeto a la improvisación, más propio de festejo, algarabía y jolgorio. Serían las bulerías, las alegrías o los tangos.

El flamenco sale del corazón a borbotones, al ritmo de las palmas y del cajón, y aquellos tocados por la mano de los dioses, capaces de interpretarlo, de sentirlo y expresarlo al baile, al compás de los zapateados llenos de emoción, desgarro, virtuosismo y esfuerzo.

Como decimos muchas veces, podemos hacer de memoria muchas de nuestras actividades, pero no hay nada más natural que lo que está bien ensayado. El ensayo y repetición de este tipo de manifestaciones artísticas tiene una enorme carga de esfuerzo, de sufrimiento y así lo hemos oído manifestar en muchas ocasiones a grandísimos artistas.

No son el único colectivo que repite y entrena peleando contra la fatiga o el sufrimiento. Bailarinas, gimnastas, patinadores, deportistas de todo tipo…encuentran en su vida dos guerras abiertas, contra la fatiga y el dolor y contra el tiempo. En eso estamos iguales, los que viven de las palmas, el taconeo y el ritmo, y los que lo hacemos con la ley, la ciencia y la pluma.

Cantaores y bailaores, cantaoras y bailaoras, nos cuentan cómo el dolor forma parte de su rutina diaria, los acompaña de la mano e, incluso, los inspira y da sentido a su arte. El dolor llena de sentido muchas de nuestras vidas, como compañero y como rival, a veces noble, previsible, a veces pérfido e implacable, “el dolor nuestro de cada día”.

Y respecto al dolor físico, lo dijo la bailaora flamenca Olga Pericet en el programa «Caminos del flamenco» de TVE-2: “dolor tenemos bastante, pero son gajes del oficio. El flamenco te hace sufrir dolor, el dolor que todos los bailadores tenemos, porque es un machaque de riñones, de tobillos, de rodillas, cosas con las que convivir, pero te hacen tener otro camino con el que expresarse y eso te hace ser diferente, ser fuerte y frágil al mismo tiempo, y expresarlo…porque eso es valentía”.

El flamenco transmite muchas veces la pena que acompaña al sufrimiento de quienes lo padecen y no hallan otra forma para desahogar como hacen otras músicas raciales cargadas de idiosincrasia, como el Jazz, el Blues o el Soul, expresión de cultura y reivindicación del esfuerzo, de la añoranza de otras formas de vida o de los paraísos perdidos.

Escuchar y asistir en vivo y en directo no sólo es inspirador, a veces hasta desgarrador, las emociones forman parte de nuestras vidas y están entroncadas en nuestra fisiología, por eso hablamos de que el dolor es mucho más que una percepción, es un sentimiento, es una experiencia.

Escuchar flamenco, verlo, cantarlo, bailarlo, sea el palo que fuera, con la guitarra, la caja, las palmas, el tablao…ayuda a liberar, desahogar, compartir, entender problemas que solamente la música, como lenguaje universal, es capaz de vehicular de una forma simple.

El flamenco muchas veces es sinónimo de dolor, pero también lo es de alivio, somos muy afortunados al tener una manifestación artística y cultural tan nuestra, tan universal.

NO A LA GUERRA

No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra, No a la guerra

No es una errata, es una repetición, una redundancia, un recurso literario y comercial que refuerza una idea y que, muchas veces, de una forma inocente e inadvertida, cala en nuestro pensamiento.

Una vez más en los últimos tiempos volvemos a vivir una situación que parece de otro tiempo, que pensábamos que teníamos superada, que formaba parte del pasado o de la mezquindad de países y regímenes alejados de la centralidad de nuestra todopoderosa y acomodada cultura occidental.

En los últimos años hemos asistido a la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, a una pandemia que se ha llevado la vida de cientos de miles de seres humanos, ha obligado a confinar la sociedad y cerrar toda su actividad económica cultural, que ha saturado nuestros sistemas de salud hasta la extenuación y casi la quiebra…

También a la enorme capacidad de respuesta de científicos y empresas de todo el mundo para dar respuesta a esa crisis de salud, y el generoso y denodado esfuerzo de los sanitarios en pro de la recuperación del pulso de los enfermos y de toda la sociedad.

Y cuando las curvas y variantes parecían decaer definitivamente, cuando la inmensa mayoría de la población se encuentra vacunada y casi a salvo de enfermedad grave, una enfermedad mayor comienza a asolar de nuevo Europa por el este: la guerra.

La guerra es un fenómeno humano, pretende el sometimiento del adversario y la imposición por la fuerza de la voluntad de los contendientes. La guerra supone al menos dos adversarios y casi siempre la inicia uno con algún pretexto más o menos confirmado.

“Toda guerra deja al mundo peor que como lo había encontrado. La guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a la fuerza del mal”, ha expresado el pontífice vaticano, refiriendo una cita de su última encíclica ‘Fratelli tutti’ sobre la fraternidad.

La guerra es tan antigua como el hombre y consustancial a su naturaleza, sea real o de ficción. Cuando hay algo en litigio, como pasó con la exuberante Helena de Troya, se disparó la guerra entre griegos y troyanos, pero en otra épocas fue el dominio de la distribución y comercio de las adormideras en el sudeste asiático, la hegemonía en un territorio, en un mar o en el universo.

Hemos usado hasta la saciedad el símil de la guerra en la pandemia, lo poderoso y resistente de nuestro enemigo, la necesidad de emplear armas eficaces que actuaran frente al virus sin dañar nuestros organismos, la necesidad de una respuesta no solo individual sino colectiva, la necesaria prevención y tratamiento precoz y la generación de estrategias coordinadas para evitar nuevos ataques tan masivos y fulminantes.

En una contienda siempre, lo que primero se destaca es la potencia de las armas y la determinación de los cabecillas, viniendo en segundo lugar, los costes en el corto plazo en armamento y suministros.

Los daños sobre infraestructuras civiles y las víctimas, se consideran en segundo lugar y, por desgracia, el trastorno sobre la salud no se limita a heridas o mutilaciones. Las sociedades en guerra y en postguerra son sociedades emocionalmente enfermas de miedo, de odio, de rencor, que son males mucho más difíciles de curar.

¿Cómo podemos actuar los no alineados? Llamando a la cordura, pidiendo sensatez, dialogo, voluntad de entendimiento, aplicando sanciones, estrechando el cerco sobre otras materias paralelas que puedan lesionar intereses incluso aplicando fuerzas de interposición para evitar el sometimiento del más débil…

Como la historia nos enseña, algunos personajes del pasado, debido a su experiencia previa, tienen una idea rumiada durante años, que van madurando hasta que encuentran un momento de debilidad.

No son muy distintos de los virus oportunistas, como el virus del herpes, acantonado, silente, esperando su momento, distribuyéndose tanto como permiten los mecanismos de defensa del huésped, que casi siempre precisa de ayuda experta para reducir su expansión, mitigar sus efectos dañinos y conseguir una recuperación más o menos completa (muchas veces con secuelas de lesiones o dolor durante años).

La única vacuna contra la guerra, como frente a otras enfermedades de nuestra especie, es la prevención y el tratamiento precoz. La cirugía casi siempre va a ser traumática, con pérdida de estructuras y de función y secuelas de por vida, aunque, a veces sea la única solución viable. Esperemos que en este caso escapemos sin tener que pasar por quirófano.

COCCIGODINIA

El coxis es el último extremo caudal de la columna vertebral. Son apenas un par de eslabones óseos que constituyen lo que podría haber sido el rabo de los primates incipientes.

Lo que en otros parientes de especies relacionadas es un quinto miembro, que permite funciones prensiles, y que facilita la vida y los movimientos en una vida arbórea, en nuestra especie es apenas uno de los extremos que cierra el suelo pélvico.

El suelo pélvico, en otros mamíferos cuadrúpedos tiene menos complejidad que en nuestra especie por mor de la bipedestación, que decidieron nuestros ancestros. El coxis es uno de los extremos donde se ancla la musculatura del suelo pélvico y que además está en la vecindad inmediata del recto y de los órganos genitales.

Su protagonismo en la función del suelo pélvico y de esas vísceras es tan importante, como el que tiene en la postura de sedestación, en la que pasamos infinidad de horas en nuestra sociedad.

Y por último tiene un papel más que relevante en el parto vaginal donde, circunstancialmente, pueden producirse desviaciones o incluso lesiones.

La mayor parte de las veces la coccigodinia tiene un origen traumático y en general por caídas de asiento o traumatismos reiterados, por ejemplo, en bicicletas. Por ello, la coccigodinia es una de las entidades más frecuentes dentro del grupo de dolor crónico pélvico o perineal y produce enorme discapacidad.

Tras un diagnóstico en el que podemos encontrar ligeras luxaciones, hiperlaxitudes, algún espolón y estos antecedentes traumáticos, se nos plantea el dilema del tratamiento. Muchas veces una rehabilitación, incluso una manipulación razonable, puede permitir un alivio progresivo e intenso.

Pero, en muchas ocasiones, este no se produce, ni con calor, ni con manipulaciones, ni con láser, por lo que se hace necesario la utilización de bloqueos locales, infiltraciones, e incluso el bloqueo del ganglio impar, una estructura nerviosa que forma parte del sistema nervioso autónomo,

Es el ganglio simpático más caudal, y regula el funcionamiento visceral y algunos aspectos sensitivos de toda la región pélvica, por lo que su bloqueo es especialmente útil en dolores pélvicos. El mismo se hace atravesando el ligamento sacro-coccígeo, ya que se encuentra justo delante de las estructuras óseas y por detrás del recto.

Se realiza bajo control radiológico, comprobando con contraste el correcto posicionamiento de la aguja. Sea solamente con anestésicos y esteroides, o también con radiofrecuencia, el resultado suele ser favorable, reduciendo significativamente el dolor y, en muchos casos, haciéndolo desaparecer.

Circunstancialmente, algunos pacientes son sometidos a cirugía eliminando el coxis. Nuestra experiencia, en los casos que hemos seguido tras cirugía, es que ese tratamiento debe ser absolutamente selectivo, pues en muchos casos no resuelve el problema del dolor e incluso puede hacerlo más complejo.

Para el tratamiento de este y de otros problemas, siempre debe buscarse uno el apoyo de expertos, especialmente cuando las soluciones supongan un cambio radical en las estructuras anatómicas o en su funcionamiento.

La prudencia  y la adaptación a las especificidades de cada paciente, son excelentes consejeros con los que no nos cansaremos de contar.

Homenaje a Francisco Hernández de Toledo

En el curso de los acontecimientos humanos, a veces, se hace necesario, volver la vista atrás y con ello, ver cuántos y cuánto hemos errado en nuestras afirmaciones y consideraciones.

El pensamiento, las religiones y la ciencia van de un lado a otro rectificando, aclarando las explicaciones y pidiendo disculpas por errores y desmanes del pasado.

En el nombre de la Ciencia y de la salvación de las almas o del mundo se han cometido todo tipo de atropellos. Los Iberos, celtas, tartesios, cartagineses, griegos, romanos, visigodos, musulmanes cristianos, monárquicos y republicanos… han pasado por nuestra historia, nuestra tierra y la de otros, imponiendo su visión de la realidad y su fuerza.

En ese sentido, sin ser directamente responsables queremos hacer un justo homenaje a uno de esos estudiosos que, en el bazar del tiempo, han quedado relegados, quizá por una insuficiente atención o por una política de comunicación no completamente atinada.

Francisco Hernández de Toledo, nacido en la Puebla de Montalbán, paisano de Fernando de Rojas, autor de “La Celestina”, estudió Medicina en la Universidad de Alcalá, probablemente en 1515, por las posteriores referencias a su edad en documentos oficiales, aunque no consta partida de bautismo y porque debiera tener 21 años en 1536 para graduarse, teniendo de compañero a un famoso médico de la época: Francisco “el Divino” Vallés.

Ejerció como médico en Toledo, Sevilla y en el Monasterio de Guadalupe, haciéndose cargo de su jardín Botánico. Volvió a Toledo y después pasó a Madrid como médico de la Corte donde probablemente conoció y compartió experiencias con otra leyenda del conocimiento, Andreas Vesalius.

Por su formación científica y gran pasión por la naturaleza, las plantas y los animales, fue designado por Felipe II para encabezar una expedición científica. A muchos extraña este oscuro monarca patrocinase y financiase una expedición al territorio de Nueva España, pero así fue, aportando 60.000 ducados, al cambio unos 10M€ actuales, una cantidad muy pero que muy respetable para la época.

La expedición se inició en agosto de 1571, mismo año de la memorable Batalla de Lepanto, pero en octubre. La monarquía hispánica tenía expertos y recursos para múltiples tareas y responsabilidades.

Desde su llegada en 1572 hasta 1577 realizó estudios arqueológicos, botánicos, geográficos y a su regreso presentó una compilación de los hallazgos, creo una plantación en el Alcázar de Sevilla con semillas y plantas traídas de México y editó su trabajo en varios tomos que se conservaron en la Biblioteca del Escorial.

Además, escribió varias reseñas sobre las floras de Canarias, Santo Domingo y La Habana, aunque no llegó a ver su obra publicada por completo. Felipe II encargó al Napolitano Nardi Antonio Recchi una versión abreviada de la obra.

Falleció de disentería, contraída en sus viajes, en Madrid el 28 de enero de 1587, siendo enterrado en la iglesia de la Santa Cruz, que sufrió un incendio destruyendo su tumba en el altar de san Cosme y san Damián, así como la Biblioteca del Escorial, malográndose gran parte de su memoria, aunque alguna planta de las descritas por él recibió su nombre como homenaje.

Solo el esfuerzo de Francisco Ximénez en una recopilación y de Casimiro Gómez permitieron recuperar una parte de este esfuerzo titánico de hombres del Renacimiento, intrépidos exploradores que la mala fortuna y la mala memoria han dejado apartados en un rincón de nuestra historia de hombres ilustres.

En sus obras destacan sobremanera la farmacognosia herbórea que describe siguiendo el patrón de Dioscórides, médico, farmacólogo y botánico de la antigua Grecia, que practicó la medicina en Roma.

En muchos de ellos, como no podía ser de otra manera, encontramos la referencia a la utilidad de infinidad de estos remedios tradicionales para el tratamiento del dolor.

Muchos de los hechos de la colonización de los españoles de América pueden discutirse, incluso ser reprobables, desde nuestro punto de vista actual. Pero muchos otros fueron, sin duda, ejemplo de investigación y conocimiento que demostraron que había un interés científico y cultural, más allá del puramente crematístico.

Nuestro sincero homenaje, fruto de una conversación entre compañeros de licenciatura y nuestra petición para indagar y reivindicar a personas que trabajaron en pro del conocimiento, mucho antes de la invención del concepto de Ciencia, con métodos rigurosos que podrían haber firmado reputados científicos como Newton, Leriche, Fleming o Bonica.

https://bibdigital.rjb.csic.es/medias/d1/26/aa/cd/d126aacd-9e61-4f12-a3f2-778837409ef1/files/XIM_Quatr_Libr_Nat.pdf

Escoliosis: curvas peligrosas

La columna vertebral es una estructura extremadamente compleja, que funciona de una forma armónica, interrelacionada, como si fuera una única unidad, aunque está constituida por 26 estructuras óseas.

Probablemente el diseño del ser humano, como el de otros mamíferos cuadrúpedos, fue a cuatro patas. En esa postura las fuerzas y equilibrios entre cada pieza y la siguiente generan muy poca tensión y escasa diferencia de presión entre cada parte.

El hecho de adoptar la postura de bipedestación genera un cambio irreversible en las relaciones funcionales y de fuerzas de las vértebras y también, según muchas teorías, en el desarrollo de la habilidad manual y del cerebro humano, liberados ambos de la función de deambulación que tienen los miembros anteriores en los cuadrúpedos.

La columna vertebral tiene una serie de curvas en sentido anteroposterior aunque su eje medial es una línea recta y central en esa misma proyección.

Cuando se producen desviaciones, desalineando las vértebras, las denominamos escoliosis.

La escoliosis es una curvatura pronunciada de la columna vertebral en el eje anteroposterior, y aunque esta es la principal característica, siempre se produce una torsión compensatoria de la misma, dando lugar a fenómenos anatómico funcionales casi imposibles.

Aunque existen multitud de factores causales la gran mayoría son de etiología idiopática, no tenemos una causa completamente clara, encontrándose factores neuro-musculares y enfermedades como alteraciones musculares, espina bífida, incluso traumatismos entre sus elementos causales.

Normalmente debuta en la infancia y adolescencia, encontrándose una progresiva incurvación que puede dar lugar a un desequilibrio progresivo, muchas veces fácil de detectar en una simple exploración física, siguiendo al paciente una flexo extensión de la columna hacia delante, apareciendo una prominencia descentrada que puede orientar hacia el diagnóstico de escoliosis.

Es el llamado signo de Adams que deja en evidencia una curvatura unilateral a la flexión anterior.

Una vez diagnosticada, se puede definir severidad empleando el método de Cobb que mide los ángulos formados en el inicio y final de la curvatura y que nos orienta sobre su severidad. Si es menor de 10º es leve; si es mayor de 40º es severa.

Definir el diagnóstico, la fisioterapia activa y pasiva y además el uso de corsé o la realización de cirugías compensatorias como artrodesis son las técnicas más empleadas.

Estas curvas peligrosas como las de algunas carreteras, cascadas o incluso los planos de algunas ciudades, se pueden minimizar incluso reducir, pero es realmente complejo revertirlas por completo, por lo que se hace necesario una actitud de permanente autocuidado que debe acompañar a estos pacientes en sus actitudes posturales, en la ergonomía y sus actividades el resto de sus vidas.

Nuestra medicina no es perfecta, en muchos casos tenemos que conformarnos con entender las causas, los factores agravantes y las medidas paliativas para atender patologías crónicas, lo que genera enorme desazón en pacientes y familiares, y también en los médicos.

El conocimiento reduce la ansiedad y en muchos casos es terapéutico, y desgraciadamente sólo alivia, pero no resuelve ¡Hay que seguir investigando!

BAILE DE MÁSCARAS

Terminó el 2021 y empieza el 2022, una ceremonia que, no por conocida y repetida hasta la saciedad, nos sorprende y emociona, y de la que esperamos, como de la lotería, que este año sí nos sea favorable.

Durante el pasado año hemos vivido a medio camino entre la risa y el llanto, deseando y celebrando las buenas noticias y asumiendo con estoicismo las malas. Después del nefando 2020 en el que la muerte se convirtió en ese convidado incómodo en todas las mesas, casas, con independencia de la etnia, religión, género, condición social o estado civil, ¡qué injusto que lo más democrático e igualitario que existe en nuestro mundo sea precisamente la muerte.

Comenzamos en 2021 ilusionados por los progresos de la ciencia, que ha desarrollado, experimentado, fabricado y distribuido, millones y millones de vacunas por todo el mundo, sobre todo el que llaman mundo civilizado. Mientras el resto asiste atónito e infectado por las otras mutaciones a la caída de Occidente en manos de los virus. Quizá la incidencia y severidad en la afectación de las sociedades dependa de los pecados que atesoramos de codicia y hacinamiento a partes iguales.

Hemos descubierto y tenemos la certeza de que la utilización de protectores faciales es una herramienta no solo útil, sino imprescindible para reducir, minimizar, pero no suprimir la distribución del terrible y mutante virus COVID-19.

Hemos conseguido que términos como PCR, antígenos, torunda, nasofaringe, expectoración, decúbito prono, antiviral, RNA o pangolín, sean, no solo de conocimiento general, sino también de uso en las conversaciones cotidianas en la cola del mercado, en la sala de espera del médico o en las tertulias televisivas.

La letra con sangre entra, evidentemente, y ésta nos ha entrado hasta lo más profundo, dejando una cicatriz en el cuerpo y en el alma que ha cambiado completamente nuestra forma de entender la vida, de vivirla, de relacionarnos.

Tanto es así, que jamás pensamos que el símbolo del carnaval, de los salteadores de caminos o de las embozados de las pinturas negras de Goya se convertiría en una imagen cotidiana incluso deseable y esperada.

Pero después de dos años de sufrimiento, de seguimiento errático e intermitente de las recomendaciones, a veces confusas, de las autoridades y los expertos, queremos ya que se acabe este baile de máscaras.

Queremos desenmascararnos y desenmascararlos, que corra el aire y que se lleve de una vez esta enfermedad, el miedo y la incertidumbre que la acompañan, y también, a todos esos jugadores de ventaja, peritos en nada, y que de nuevo el sol ilumine nuestras vidas y nuestros corazones.

No se puede empezar el año sin un propósito o una serie de buenos deseos.

Esta también es mi propuesta: que volvamos a aquellas rutinas en las que la gente se saludaba en el ascensor y se apretaba para hacer hueco a otro pasajero, y que solo nos poníamos la bufanda para evitar el frío.

Y que el Carnaval siga siendo esa bonita y pintoresca fiesta que se desarrolla al final del invierno para preparar la primavera.

Un afectuoso saludo a tod@s l@s que seguís #ElBlogdelDolor ¡Muy feliz y saludable 2022!

DROGAS MÁGICAS

En una reciente reunión científica, en el contexto del contacto informal con otros ponentes, conocí la existencia de este libro, escrito en 1942 por Milton Silverman, investigador y doctor en ciencias. En esta obra realiza la semblanza de otros investigadores y pioneros de la Ciencia y la Medicina.

El libro, pese a estar descatalogado, puede conseguirse de forma casi detectivesca en librerías y webs especializadas en libros antiguos. Publicado como “Magic in a bottle”, el ejemplar que yo conseguí fue impreso en Buenos Aires, en 1947.

Resulta muy sorprendente comprobar que existen relatos fascinantes sobre la historia de la ciencia que, pese a su antigüedad, siguen estando vigentes, no por la novedad de sus contenidos o por la descripción de principios activos o soluciones terapéuticas, sino por el ejemplo de abnegación, cargado de trabajo, conocimiento y, por qué no reconocerlo, de intuición y suerte.

Comienza hablando de la vida de Frederick Sertuerner, de muchos conocido, por ser quien descubrió y aisló por primera vez una sustancia derivada del opio que bautizó como morfina, en honor del dios del sueño, Morfeo.

Sertuerner no fue la primera persona que utilizó el opio para alivio de dolor o mejora de descanso en personas enfermas, cuando comenzó a trabajar como ayudante de farmacia del Sr. Cramer, a la edad de 16 años, forzado por la necesidad de una madre viuda con gastos, hijos en abundancia y escasez de recursos.

Su vocación de ingeniero no pudo llevarla a efecto pero inició su colaboración con Cramer demostrando su capacidad para reparar instrumentos del laboratorio e incluso diseñarlos. Esto le ayudó a ganar la confianza del farmacéutico, que le enseñó el secreto de la preparación de las mezclas y destilados empleados en esos albores del siglo XIX.

Tras observar que los cristales de opio que se administraban a veces daban resultado y otras no, a veces en exceso, a veces en defecto, tuvo la intuición de que había algo en esa presentación que producía el mágico efecto y otras no.

Trabajó con medios rudimentarios y de forma clandestina, haciendo precipitados y mezclas con ácidos y amoniaco, obteniendo varios compuestos diferentes y finalmente detectando un alcalino descrito que sería el que produciría el efecto deseado.

El descubrimiento no estuvo exento de polémica, incluyendo la publicación del mismo, debido a la reivindicación de la autoría por parte de otros investigadores franceses con una más que evidente contaminación nacionalista en cada uno de las controversias.

La investigación la realizó con pequeños animales domésticos, con algunos insensatos voluntarios y en él mismo. Con enorme atrevimiento y riesgo vital, pero con el éxito y la repercusión universal.

Sorprendentemente, se trasladó de Einbeck a Hamelin para evitar la presión social debida a su descubrimiento…y quizá para conseguir de forma más sencilla animales de experimentación, con una flauta, como el personaje de los hermanos Grimm.

Cuando llegó a la edad de 57 años comenzó a padecer dolores terribles. Por su debilidad no podía tomarla por la boca y solo y sin la existencia de la aguja hipodérmica, falleció sin alivio.

Como en todas las historias, la sustancia, su utilización, comercio y las consecuencias del uso y abuso, acarrearon terribles episodios de confrontación económica y política, guerras del opio y la invención de una sustancia heroica para tratar su adicción, la Heroína.

Paradojas del destino, una sustancia de síntesis mucho más adictógena que ha causado enormes secuelas en toda una generación de hombres y mujeres ya en el siglo XX.

Actualmente estamos asistiendo, como con la pandemia del coronavirus, al repunte de una nueva ola de afectados. En este caso la epidemia es con el fentanilo, sustancia de enorme utilidad terapéutica, pero muy peligrosa si se utiliza de forma poco prudente y que está causando enormes estragos en países como Estados Unidos, con cifras de miles de muertos por sobredosis.

El tiempo y la ciencia tienen un nuevo reto para intentar controlar la situación actual y prevenir la siguiente ola.