El flamenco es uno de las manifestaciones artísticas más genuinamente españolas, conocida y admirada en todo el mundo, incluso en países remotos como Japón.

La razón, probablemente, podamos encontrarla en la naturalidad de sus composiciones y el sentimiento que tanto los autores como los intérpretes vienen desgranando en cada uno de los compases, al son de cada quejío.

Encontrar el origen del flamenco no es nada sencillo. Lo identificamos sobre todo con una región flamenca por antonomasia, Andalucía, y con un pueblo, el pueblo gitano, pueblo errante de origen remoto, quizá de India, quizá Egipto, que halló acomodo y raíces en nuestro país, si bien no siempre fueron acogido o reconocido como es de ley.

Un, dos, tres y otros, sin duda, son los principales actores de esta manifestación cultural y artística, pero no los únicos de una manera de entender el “sentío” y la interpretación de la música, todo un arte “que no se pue aguantá”

Dentro del flamenco hay muchas formas y ritmos, también llamados palos, son multitud, más de 50. Los palos del flamenco son esas diferentes composiciones las sevillanas, los fandangos, las soleas, las seguiriyas, las bulerías, las alegrías, martinetes, tonás… 

Manuel de Falla, músico gaditano, estudioso y amante del flamenco, promovió junto al granaíno Federico García Lorca, otro referente cultural del flamenco, un concurso de cante jondo en junio de1922 en La Alhambra. Este concurso sirvió para revitalizar y evitar su desaparición, quizá por ello o por su propia naturaleza, el flamenco está más vivo que nunca.

El llamado cante grande incluye las categorías más profundas, más “sentías, también las más sobrias. Son las que hablan de dolor, de angustia y de sentimientos encontrados o reprimidos. El ejemplo más representativo son las seguiriyas, también las soleás, las tonás o los martinetes.

El cante chico es más festivo, más sujeto a la improvisación, más propio de festejo, algarabía y jolgorio. Serían las bulerías, las alegrías o los tangos.

El flamenco sale del corazón a borbotones, al ritmo de las palmas y del cajón, y aquellos tocados por la mano de los dioses, capaces de interpretarlo, de sentirlo y expresarlo al baile, al compás de los zapateados llenos de emoción, desgarro, virtuosismo y esfuerzo.

Como decimos muchas veces, podemos hacer de memoria muchas de nuestras actividades, pero no hay nada más natural que lo que está bien ensayado. El ensayo y repetición de este tipo de manifestaciones artísticas tiene una enorme carga de esfuerzo, de sufrimiento y así lo hemos oído manifestar en muchas ocasiones a grandísimos artistas.

No son el único colectivo que repite y entrena peleando contra la fatiga o el sufrimiento. Bailarinas, gimnastas, patinadores, deportistas de todo tipo…encuentran en su vida dos guerras abiertas, contra la fatiga y el dolor y contra el tiempo. En eso estamos iguales, los que viven de las palmas, el taconeo y el ritmo, y los que lo hacemos con la ley, la ciencia y la pluma.

Cantaores y bailaores, cantaoras y bailaoras, nos cuentan cómo el dolor forma parte de su rutina diaria, los acompaña de la mano e, incluso, los inspira y da sentido a su arte. El dolor llena de sentido muchas de nuestras vidas, como compañero y como rival, a veces noble, previsible, a veces pérfido e implacable, “el dolor nuestro de cada día”.

Y respecto al dolor físico, lo dijo la bailaora flamenca Olga Pericet en el programa «Caminos del flamenco» de TVE-2: “dolor tenemos bastante, pero son gajes del oficio. El flamenco te hace sufrir dolor, el dolor que todos los bailadores tenemos, porque es un machaque de riñones, de tobillos, de rodillas, cosas con las que convivir, pero te hacen tener otro camino con el que expresarse y eso te hace ser diferente, ser fuerte y frágil al mismo tiempo, y expresarlo…porque eso es valentía”.

El flamenco transmite muchas veces la pena que acompaña al sufrimiento de quienes lo padecen y no hallan otra forma para desahogar como hacen otras músicas raciales cargadas de idiosincrasia, como el Jazz, el Blues o el Soul, expresión de cultura y reivindicación del esfuerzo, de la añoranza de otras formas de vida o de los paraísos perdidos.

Escuchar y asistir en vivo y en directo no sólo es inspirador, a veces hasta desgarrador, las emociones forman parte de nuestras vidas y están entroncadas en nuestra fisiología, por eso hablamos de que el dolor es mucho más que una percepción, es un sentimiento, es una experiencia.

Escuchar flamenco, verlo, cantarlo, bailarlo, sea el palo que fuera, con la guitarra, la caja, las palmas, el tablao…ayuda a liberar, desahogar, compartir, entender problemas que solamente la música, como lenguaje universal, es capaz de vehicular de una forma simple.

El flamenco muchas veces es sinónimo de dolor, pero también lo es de alivio, somos muy afortunados al tener una manifestación artística y cultural tan nuestra, tan universal.

Publicado por Dr. Alfonso Vidal

Director de las Unidades del Dolor del Hospital LA LUZ (Madrid) y del Hospital SUR (Alcorcón, Madrid). Grupo QUIRÓNSALUD Profesor de Dolor en la Univ. Complutense Madrileña

Únete a la conversación

2 comentarios

  1. Que bonito es escribir ✍ y hacer ese paseo, por todos los conocimientos y vivencias. No sé si estoy dejando el comentario en el póster del flamenco porque solo aquí veo lo de » puedes dejar un comentario» ¡Enhorabuena! Evamanzanaroja

    Le gusta a 1 persona

Dejar un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: