El coxis es el último extremo caudal de la columna vertebral. Son apenas un par de eslabones óseos que constituyen lo que podría haber sido el rabo de los primates incipientes.

Lo que en otros parientes de especies relacionadas es un quinto miembro, que permite funciones prensiles, y que facilita la vida y los movimientos en una vida arbórea, en nuestra especie es apenas uno de los extremos que cierra el suelo pélvico.

El suelo pélvico, en otros mamíferos cuadrúpedos tiene menos complejidad que en nuestra especie por mor de la bipedestación, que decidieron nuestros ancestros. El coxis es uno de los extremos donde se ancla la musculatura del suelo pélvico y que además está en la vecindad inmediata del recto y de los órganos genitales.

Su protagonismo en la función del suelo pélvico y de esas vísceras es tan importante, como el que tiene en la postura de sedestación, en la que pasamos infinidad de horas en nuestra sociedad.

Y por último tiene un papel más que relevante en el parto vaginal donde, circunstancialmente, pueden producirse desviaciones o incluso lesiones.

La mayor parte de las veces la coccigodinia tiene un origen traumático y en general por caídas de asiento o traumatismos reiterados, por ejemplo, en bicicletas. Por ello, la coccigodinia es una de las entidades más frecuentes dentro del grupo de dolor crónico pélvico o perineal y produce enorme discapacidad.

Tras un diagnóstico en el que podemos encontrar ligeras luxaciones, hiperlaxitudes, algún espolón y estos antecedentes traumáticos, se nos plantea el dilema del tratamiento. Muchas veces una rehabilitación, incluso una manipulación razonable, puede permitir un alivio progresivo e intenso.

Pero, en muchas ocasiones, este no se produce, ni con calor, ni con manipulaciones, ni con láser, por lo que se hace necesario la utilización de bloqueos locales, infiltraciones, e incluso el bloqueo del ganglio impar, una estructura nerviosa que forma parte del sistema nervioso autónomo,

Es el ganglio simpático más caudal, y regula el funcionamiento visceral y algunos aspectos sensitivos de toda la región pélvica, por lo que su bloqueo es especialmente útil en dolores pélvicos. El mismo se hace atravesando el ligamento sacro-coccígeo, ya que se encuentra justo delante de las estructuras óseas y por detrás del recto.

Se realiza bajo control radiológico, comprobando con contraste el correcto posicionamiento de la aguja. Sea solamente con anestésicos y esteroides, o también con radiofrecuencia, el resultado suele ser favorable, reduciendo significativamente el dolor y, en muchos casos, haciéndolo desaparecer.

Circunstancialmente, algunos pacientes son sometidos a cirugía eliminando el coxis. Nuestra experiencia, en los casos que hemos seguido tras cirugía, es que ese tratamiento debe ser absolutamente selectivo, pues en muchos casos no resuelve el problema del dolor e incluso puede hacerlo más complejo.

Para el tratamiento de este y de otros problemas, siempre debe buscarse uno el apoyo de expertos, especialmente cuando las soluciones supongan un cambio radical en las estructuras anatómicas o en su funcionamiento.

La prudencia  y la adaptación a las especificidades de cada paciente, son excelentes consejeros con los que no nos cansaremos de contar.

Publicado por Dr. Alfonso Vidal

Director de las Unidades del Dolor del Hospital LA LUZ (Madrid) y del Hospital SUR (Alcorcón, Madrid). Grupo QUIRÓNSALUD Profesor de Dolor en la Univ. Complutense Madrileña

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