Terminó el 2021 y empieza el 2022, una ceremonia que, no por conocida y repetida hasta la saciedad, nos sorprende y emociona, y de la que esperamos, como de la lotería, que este año sí nos sea favorable.

Durante el pasado año hemos vivido a medio camino entre la risa y el llanto, deseando y celebrando las buenas noticias y asumiendo con estoicismo las malas. Después del nefando 2020 en el que la muerte se convirtió en ese convidado incómodo en todas las mesas, casas, con independencia de la etnia, religión, género, condición social o estado civil, ¡qué injusto que lo más democrático e igualitario que existe en nuestro mundo sea precisamente la muerte.

Comenzamos en 2021 ilusionados por los progresos de la ciencia, que ha desarrollado, experimentado, fabricado y distribuido, millones y millones de vacunas por todo el mundo, sobre todo el que llaman mundo civilizado. Mientras el resto asiste atónito e infectado por las otras mutaciones a la caída de Occidente en manos de los virus. Quizá la incidencia y severidad en la afectación de las sociedades dependa de los pecados que atesoramos de codicia y hacinamiento a partes iguales.

Hemos descubierto y tenemos la certeza de que la utilización de protectores faciales es una herramienta no solo útil, sino imprescindible para reducir, minimizar, pero no suprimir la distribución del terrible y mutante virus COVID-19.

Hemos conseguido que términos como PCR, antígenos, torunda, nasofaringe, expectoración, decúbito prono, antiviral, RNA o pangolín, sean, no solo de conocimiento general, sino también de uso en las conversaciones cotidianas en la cola del mercado, en la sala de espera del médico o en las tertulias televisivas.

La letra con sangre entra, evidentemente, y ésta nos ha entrado hasta lo más profundo, dejando una cicatriz en el cuerpo y en el alma que ha cambiado completamente nuestra forma de entender la vida, de vivirla, de relacionarnos.

Tanto es así, que jamás pensamos que el símbolo del carnaval, de los salteadores de caminos o de las embozados de las pinturas negras de Goya se convertiría en una imagen cotidiana incluso deseable y esperada.

Pero después de dos años de sufrimiento, de seguimiento errático e intermitente de las recomendaciones, a veces confusas, de las autoridades y los expertos, queremos ya que se acabe este baile de máscaras.

Queremos desenmascararnos y desenmascararlos, que corra el aire y que se lleve de una vez esta enfermedad, el miedo y la incertidumbre que la acompañan, y también, a todos esos jugadores de ventaja, peritos en nada, y que de nuevo el sol ilumine nuestras vidas y nuestros corazones.

No se puede empezar el año sin un propósito o una serie de buenos deseos.

Esta también es mi propuesta: que volvamos a aquellas rutinas en las que la gente se saludaba en el ascensor y se apretaba para hacer hueco a otro pasajero, y que solo nos poníamos la bufanda para evitar el frío.

Y que el Carnaval siga siendo esa bonita y pintoresca fiesta que se desarrolla al final del invierno para preparar la primavera.

Un afectuoso saludo a tod@s l@s que seguís #ElBlogdelDolor ¡Muy feliz y saludable 2022!

Publicado por Dr. Alfonso Vidal

Director de las Unidades del Dolor del Hospital LA LUZ (Madrid) y del Hospital SUR (Alcorcón, Madrid). Grupo QUIRÓNSALUD Profesor de Dolor en la Univ. Complutense Madrileña

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