La cintilla iliotibial es una banda larga de tejido conjuntivo aplanada que recorre la parte lateral externa del muslo, como si fuera la costura de un pantalón que conecta las articulaciones de la cadera y la rodilla. La banda iliotibial participa en el mantenimiento de la estabilidad de la rodilla al igual que otros ligamentos, como los laterales o los cruzados, especialmente en bipedestación, movimiento o en el ejercicio físico.

Cuando se produce un esfuerzo intenso y continuado en los miembros inferiores se puede producir un cuadro de dolor localizado en la parte lateral del muslo, con mayor frecuencia en la proximidad de la rodilla, que suele aparecer especialmente en sobresfuerzos, sobre todo en corredores de fondo o en ciclistas, esto da lugar a dolor por irritación de esa banda por los movimientos repetidos, una especie de tendinitis que se acompaña de los síntomas típicos de esta última.

La aparición de este cuadro, como en todas las ocasiones, depende de la anatomía del afectado, su desarrollo muscular, las características de sus articulaciones y también el estilo de vida. Suele aparecer si realiza ejercicio físico de forma habitual y este demanda esfuerzos intensos, repetidos, con la participación de cadera y rodilla en los movimientos, especialmente en los gestos de rotación interna de rodilla. También puede influir la presencia de una asimetría de los miembros inferiores o lesiones preexistentes a ese nivel que alteren la dinámica de la rodilla.

Así sucedió con Alberto, compañero de profesión con una afición recuperada de su juventud por la carrera continua, con el objetivo de participar en una carrera de fondo de gran popularidad internacional. Habiendo sido corredor en sus años mozos retomó la dedicación con mucha decisión y energía, encontrándose de pronto con la aparición de un dolor en la cara lateral de la rodilla derecha.

En su caso, como en el de todos, el cuadro clínico se caracteriza por dolor espontaneo y tras la movilización en la cara lateral de la rodilla que aumenta a la exploración, con inflamación y, en muchos casos, chasquidos a la movilización que pueden ser muy evidentes. El dolor puede localizarse solo en la rodilla o seguir todo el trayecto de la cintilla, llegando incluso a la cadera. Esto puede hacerlo confundir con una meralgia parestésica aunque ni la distribución del dolor ni sus características clínicas son iguales

La exploración clínica se puede completar con ecografía, radiografía o resonancia que confirmen la lesión de la cintilla, incluso la presencia de un desgarro. Sea como fuere, solo el cuadro doloroso sin presencia de imágenes radiográficas puede permitir un diagnóstico de presunción y justificar las medidas terapéuticas.

El tratamiento consistirá en medidas generales de higiene postural y estilo de vida, inmovilización relativa y evitar sobresfuerzos del miembro afecto. Colocar la extremidad en alto inicialmente reducirá la inflamación y el edema acumulado.

El uso de frío local en un primer momento y de antiinflamatorios, como el diclofenaco o el ibuprofeno, o analgésicos, como paracetamol o metamizol, tienen sentido en cuadros agudos para rebajar la inflamación y la incapacidad.

Además se puede realizar una manipulación suave y continua en el área de dolor, preferiblemente a manos de un/a profesional de la fisioterapia que permita el drenaje del edema y mejore la movilidad. Además pueden añadir ejercicios de estiramiento

Se pueden realizar a ese nivel bloqueos regionales buscando actuar sobre la cintilla y sobre los nervios de esa zona femorocutáneo lateral, femoral o peroneo profundo  etc.

La recomendación general de prepararse antes de una actividad enérgica es clave para evitar este tipo de lesiones. Conviene realizar un acondicionamiento progresivo de nuestra musculatura antes de esfuerzos intensos y mantenidos. Progresivamente se puede alargar la duración e intensidad de los esfuerzos, algo de sentido común que mejorará nuestro rendimiento, evitando o reduciendo la severidad de las lesiones de sobrecarga.

Entrenar los trayectos de actividad empezando con ejercicios con poca pendiente, poco exigentes es lo ideal. Igualmente la realización de estiramientos después de cada sesión de entrenamiento suele reducir las lesiones y alargar la carrera deportiva de todo tipo de corredores y ciclistas, tengan la edad y dedicación que tenga.

Muchas veces pensamos que el dolor es patrimonio exclusivo de personas descuidadas o sin formación o desarrollo físico. No se puede estar más lejos de la realidad: el dolor nos iguala a todos los seres humanos, pero como dijo Giacomo Casanova “siempre se nos castiga por donde más pecamos” y estas lesiones son más frecuentes en deportistas.

Publicado por Dr. Alfonso Vidal

Director de las Unidades del Dolor del Hospital LA LUZ (Madrid) y del Hospital SUR (Alcorcón, Madrid). Grupo QUIRÓNSALUD Profesor de Dolor en la Univ. Complutense Madrileña

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