La expresión cadena de supervivencia fue acuñada con la intención de generar un algoritmo de las maniobras de reanimación cardiopulmonar básica, con sus diferentes eslabones a modo de estaciones o fases.

Cada una de ellas tiene una definición específica y es necesario completarla para pasar a la siguiente de una forma exitosa.

Los pasos de la cadena de supervivencia

La primera es la detección precoz del problema y la activación de los mecanismos de protección sanitaria mediante un sistema simple y eficaz de localización: un numero internacional de emergencias, en nuestro entorno europeo por consenso internacional se decidió que fuera el 112 (en EEUU el 922). En este primer eslabón hay un aspecto esencial que permite a cualquier persona ser motor de la solución mediante la simple observación y la voluntad de colaborar. Como en otros procesos y actividades humanas el hecho de que algunos estén pendientes de los demás y tomen la iniciativa de ayudar por pura conciencia social es decisivo para la activación del sistema.

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El siguiente eslabón es sostener la vida del afectado, de la víctima, mediante dos maniobras básicas, una más importante que otra según hemos visto: las compresiones torácicas, que sobre el esternón y contra la columna vertebral, exprimen el corazón vaciando su contenido en sentido anterógrado. La fuerza elástica del musculo cardiaco actúa como aspirador retrogrado para llenar de nuevo sus cavidades y así en cada esfuerzo en ciclos de treinta a 100-120 por minuto. La localización, la intensidad y frecuencia son cualidades esenciales, no fruto de la casualidad sino del estudio sistemático y continuado desde hace décadas.

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La respiración de rescate se realizaba abriendo la vía aérea y aplicando la boca a la de la víctima, hasta ahora solo excepcionalmente usábamos medios de barrera aunque se indicaba que se podía hacer solo compresiones torácicas. Usar bolsas de ventilación autohinchables y máscaras faciales era la alternativa para personas experimentadas y con equipo de soporte vital disponible. Actualmente las organizaciones internacionales desaconsejan el contacto directo y se recomienda cubrir la vía aérea con algún pañuelo o toalla hasta disponer de filtros adecuados y hacer compresiones solo si no tenemos mejor alternativa.

El tercer eslabón tiene que ver con la reversión de la situación de emergencia. Esto es, disponer de desfibrilador y emplearlo sobre el pecho desnudo del paciente.

La mayoría de las paradas cardiacas cursa con fibrilación por lo que la mayoría de las paradas se beneficiaria de esta maniobra. Es lo que cambia el curso de los acontecimientos y permitiría la recuperación. Es, en suma, una maniobra curativa y no simplemente de soporte.

La colocación de los electrodos, la energia y la secuencia de uso están bien definidas y en muchos casos automatizada, en equipos que simplemente hay que encender y aplicar para que actúen de forma correcta.

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La última etapa, es la consecuencia de las anteriores, muchas veces no bien valorada cuando es tan importante como los demás, pues una resucitación exitosa no sirve si al afectado no se le restablece de forma permanente su capacidad con los cuidados necesarios en ese momento y las medidas de protección y prevención para su vida futura.

Cadena-supervivencia-RCP - desfibrilador.com

Sacar a alguien de fondo del mar o de un incendio, restablecer sus constantes vitales con medidas de reanimación no tendría sentido para dejarle de nuevo a la orilla del mar o junto al incendio. Necesita reacondicionar su vida, quizá revisarla por completo, minimizar su proximidad al riesgo o revertir completamente sus hábitos incluyendo otros que le preserven y protejan en el futuro.

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Así pues, en esta cadena de supervivencia, todos los eslabones son esenciales y consecutivos, por más que algunos pueden solaparse y, en algunas circunstancias, personalizarse. No es incorrecto pensar en los siguientes eslabones cuando se inicia el proceso para anticipar su desarrollo y el objetivo final es el restablecimiento completo de la víctima.

Siempre es necesario recordar las maniobras de reanimación, pero en esta ocasión traigo la cadena de supervivencia a colación porque me parece que su proceso y sistemática es perfectamente extrapolable a la terrible situación que hemos vivido y los difíciles momentos por los que atravesamos y vendrán más adelante.

Imagen que contiene interior, persona, parado, tabla

Descripción generada automáticamente

Como dije al principio y forma parte de la definición, la cadena de supervivencia es un algoritmo para situaciones de emergencia.

Si en los primeros momentos de la enfermedad hubiéramos hecho un reconocimiento precoz de las víctimas, con los medios de detección simples, como el reconocimiento de los afectados por parte de toda la sociedad, con activación de los mecanismos de atención sanitaria disponibles, primer eslabón, quizá el problema habría sido menos intenso.

Si se hubieran iniciado las medidas de tratamiento y aislamiento de los primeros afectados, muchos no habrían desarrollado el cuadro tan severo, eso sí, tratamiento adaptado y con las medidas de protección para el personal asistente, segundo eslabón.

Si hubiéramos empleado elementos farmacológicos y tecnológicos suficientes, con medidas de asistencia a la respiración, suficientes; con distribución geográfica ajustada a la población y sus necesidades, quizá muchas personas desestimadas para esas medidas podrían haberse beneficiado de ellas.

Y el ultimo eslabón es pensar que muchos pacientes que escaparon de esa primera embestida, necesitan y necesitarán cuidados prolongados y, a veces, de por vida por las secuelas que les ha dejado esta enfermedad, tanto físicas, como psíquicas y socioeconómicas. Y todavía más, en el proceso de “desescalada” también podemos encontrar analogías.

Persiste la situación de emergencia, la fase inicial o fase 0, presenta todos los problemas, necesita reconocimiento, activación de la asistencia sanitaria con identificación de caso y situación general; la fase 1 supone centrar la atención en el problema específico, dejando en segundo término otras consideraciones; la fase 2 que es la más peligrosa, necesita de aplicar una gran energía económica y social para revertir la aparente muerte en la que la víctima, que es nuestra sociedad, se revierta. La colocación de los incentivos y la energia y decisión de su uso evitará daños colaterales y que esa energia se disipe en forma de calor y no llegue al motor económico y social, al corazón de la sociedad.

Un grupo de personas caminando en la calle de una ciudad

Descripción generada automáticamente

La fase 3 y siguientes, son esa convalecencia que puede que haga necesario reconsiderar los hábitos, tomar medidas terapéuticas y vigilar las posibles recaídas.

Nuestro paciente/problema, nuestra sociedad y sus miembros, necesitan una cadena de supervivencia bien pensada, engrasada y flexible para adaptarlo a las situaciones y realidades distintas de cada persona, comunidad o país, pero para todos sirve la reflexión de que “una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil”. Fuerza y ánimo para tod@s.

Publicado por Dr. Alfonso Vidal

Director de las Unidades del Dolor del Hospital LA LUZ (Madrid) y del Hospital SUR (Alcorcón, Madrid). Grupo QUIRÓNSALUD Profesor de Dolor en la Univ. Complutense Madrileña

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