Los epónimos, de los que ya hemos hablado con anterioridad, recuerdan el nombre de la persona o personas que descubrieron, fundaron, inventaron o describieron algo en primer lugar.

El Canal de Isabel II, el Estrecho de Magallanes et al, no son descripciones anatómicas, pero el Acueducto de Silvio o los Quistes de Tarlov sí.

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De estos últimos hablaremos en este post, de los Quistes de Tarlov, formaciones que aparecen en el sistema nervioso de un 5% de las personas, aunque de forma sintomática sólo en alrededor del 1%. Empezaremos hablando del científico que los describió por primera vez.

Isadore Max Tarlov fue un médico norteamericano nacido en Connecticut en mayo de 1905, hijo de inmigrantes judíos rusos y, tras estudiar la secundaria, se matriculó en la Universidad de Clark, en Worcester, Massachusetts.

En su formación médica pasó por la Universidad John Hopkins, el Instituto de neurociencias de Montreal, donde fue discípulo de Wilder Penfield, conocido por su descripción de las áreas de representación cortical (homúnculo de Penfield) y después en Chicago y San Luis.

Estructura del homúnculo motor y del homúnculo sensorial

En 1938 describió los quistes espinales cuando, tras una serie sucesiva de disecciones de 30 cadáveres, encontró la presencia de quistes en la unión de las raíces sacras con el ganglio espinal en 5 de los cuerpos. Posteriores trabajos le permitieron describir los quistes con absoluta minuciosidad, tanto macroscópica como histológica, y postular sobre su origen y desarrollo.

Además, describió la técnica de utilización de plasma para la reconstrucción de lesiones nerviosas (método que hoy en día sigue de actualidad por su enorme versatilidad para múltiples tejidos) y la posición en decúbito prono sobre las rodillas para evitar el incremento de presión sobre la circulación espinal en las operaciones sobre la columna vertebral.

Murió a los 72 años en Nueva York, dejando un legado de trabajo y conocimiento y una fundación que sigue apostando por el conocimiento, la educación y el progreso.

¿Qué son los quistes espinales de Tarlov?

Aunque desconocemos su origen, se supone que estos quistes con acúmulo de líquido cefalorraquídeo. Se producen por pequeños microtraumatismos, alteraciones hemorrágicas inflamatorias o isquémicas, aunque podrían deberse a la proliferación de tejidos aracnoides o a obstrucciones linfáticas.

Igual que en otros quistes, como los gangliones en las vainas tendinosas, los mecanismos de formación, relleno y cronificación son multifactoriales, pero es los perineurales donde el abordaje quirúrgico es mucho mas complejo.

Resultado de imagen de gangliones

Aparecen como especies de racimos de uvas, directamente adheridos a las estructuras nerviosas, muchas veces como hallazgos casuales en pacientes asintomáticos, otras como acompañantes o agravantes de un cuadro localizado en esa área y en esas raíces.

En caso de ser sintomáticos su tratamiento se debe abordar con medidas descompresivas: laminectomías, drenajes de LCR, escisión y apertura de su pared, drenaje de su contenido y microplastias con células musculares o interposición de injertos de materiales, como el teflón. Estas intervenciones no están exentas de riesgo de aliteraciones sensitivas y motoras o cuadros dolorosos residuales.

En general, se debe optar por cirugías mínimamente invasivas o procedimientos endoscópicos, como la epiduroscopia con visión directa de los quistes y su manejo.

https://iespalda.com/wp-content/uploads/2019/01/epiduroscopia.jpg

Tarlov describió los quistes, su desarrollo, localización y posible solución, pero los sufren los pacientes que se encuentran con estas formaciones inesperadas de dudosa etiología y mala respuesta terapéutica.

Aunque la mayoría son asintomáticos, muchos acarrean una patología dolorosa irritativa, continua, neuropática, que necesita diagnóstico, explicación y comprensión, por parte de pacientes y profesionales. Como profesionales no podemos limitarnos a señalar el hallazgo anatómico, debemos intentar ofrecer soluciones terapéuticas eficaces, sostenibles y, si es posible, curativas.

Desde hace tiempo tenía la deuda de gratitud con muchos pacientes con esta patología y con la asociación que los agrupa por su apoyo y seguimiento a mis publicaciones. Una de las cosas que podemos y debemos hacer desde este foro es el apoyo decidido a los pacientes y, al menos, el consuelo, si no el tratamiento completo.

Publicado por Dr. Alfonso Vidal

Director de las Unidades del Dolor del Hospital LA LUZ (Madrid) y del Hospital SUR (Alcorcón, Madrid). Grupo QUIRÓNSALUD Profesor de Dolor en la Univ. Complutense Madrileña

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