“Muchas veces, cuando nos encontramos solos en casa, tenemos la impresión de no estar solos, que alguien puede estar observándonos sin llamar la atención. Es una sensación como un cosquilleo en la cabeza, que nos hace volvernos varias veces a comprobar si realmente no hay algo.

Igualmente, caminando solos de vuelta a casa por la calle desierta o, también, paseando por parajes naturales como bosques, espacialmente a la puesta de sol, o ya de noche, nuestra atención puede concentrarse en cosas, objetos o configuraciones que podrían ser amenazas y que, como consecuencia de una asociación libre, podemos hasta reconocer como figuras, siluetas, quizá desafiantes u hostiles.

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Nadando en una extensión grande de agua como ríos, lagos o el mar, podemos percibir movimientos bajo la superficie o simplemente obsesionarnos con una posible presencia de depredadores acechando”.

Después de esta introducción intencionadamente inquietante, quiero poner sobre la mesa el concepto de Pareidolia, que proveniente del griego y significa el reconocimiento de caras o rostros en objetos inanimados. Presupone el reconocimiento, por tanto, de figuras vivas con una posibilidad de interacción, sea o no hostil.

Todos hemos visto figuras, caras, en las nubes, a veces en objetos domésticos o en los coches o las casas. Objetos que podrían ponerse a hablar en cualquier momento y contarnos apasionantes historias de las personas y hechos que comparten espacio y tiempo con ellos.

Esta configuración mental tiene que ver con la estructura de nuestro cerebro, un órgano como los demás, diseñado para facilitarnos la supervivencia y particularmente dedicado a la anticipación de los hechos o circunstancias.

De aquí que el cerebro trate de buscar y reconocer continuamente patrones que le permitan predecir qué va a suceder y escoger la opción más favorable.

En esta cualidad del ser humano ha influido decisivamente la imaginación y el desarrollo de herramientas de comunicación, como la pintura, el cine, o la televisión.

Para nuestra cultura no es nada extraño que los animales hablen, canten, bailen, se vistan como humanos y adopten sus personalidades.

Genios como Disney o Spielberg han impregnado nuestra conciencia con sus estereotipos, como antes lo hiciera Lewis Carrol en el XIX o Arcimboldo en el XVI.

Si el cerebro reconoce caras es porque probablemente ha sido una ventaja evolutiva para reconocer el peligro (los depredadores escondidos) o, por qué no, los rasgos más favorables de nuestros congéneres para tener con ello/as descendencia, como símbolo indirecto de salud o genética favorable.

En esto, como en todo, hay personas más predispuestas a reconocer esos parámetros y, en muchos casos, esas imágenes están buscadas a propósito por diseñadores o constructores, como acompañantes, antropomorfos que otorguen seguridad o compañía. Son esos amigos invisibles de muchos niños y no pocos adultos, o las mascotas, verdaderos ejemplos vivos de humanización de cualidades.

Este tipo de experiencias se ve favorecido por el uso de sustancias alucinógenas o por trastornos psiquiátricos, como la esquizofrenia, patológico o inducido por sustancias. Estas figuras han acompañado también nuestro desarrollo como especie y facilitado, quizá, la creación artística.

A la Pareidolia le podemos añadir otro concepto relacionado y aún más inquietante, la Apofenia, que describe la presencia subyacente de patrones de respuesta ocultos, pre-configurados, que podrían explicar algunos fenómenos de la naturaleza o respuestas sociológicas.

Estos patrones subyacentes son la base de muchas investigaciones científicas, epidemiológicas, climáticas, electorales o farmacológicas, por citar algunos.

La búsqueda de patrones en los fenómenos sociales y sanitarios es uno de los objetivos de muchos navegantes en las redes sociales y de herramientas de software que empleamos como apéndices de búsqueda o comunicación masiva, y también son útiles de desconocidos poderes para generar estados de opinión, preferencias de consumo o nuevos hábitos humanos, buenos o malos.

Los Algoritmos y el Big Data que gobernarán, si no lo hacen ya, nuestro Mundo están basados en el reconocimiento de esos patrones subyacentes. Como dijo el mítico y bíblico Rey Salomón, “nada nuevo bajo el sol”…

Publicado por Dr. Alfonso Vidal

Director de las Unidades del Dolor del Hospital LA LUZ (Madrid) y del Hospital SUR (Alcorcón, Madrid). Grupo QUIRÓNSALUD Profesor de Dolor en la Univ. Complutense Madrileña

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