En nuestra sociedad se está produciendo un fenómeno cada vez más intenso de primar los aspectos formales de todas las manifestaciones humanas, es decir, da la impresión de que la esencia, el contenido, el mensaje, está siendo reemplazado por la forma, la redacción o el relato. Las florituras, las exageraciones, las inexactitudes vistosas, están reemplazando a los hechos y, como decía el tango de Carlos Gardel, esto es cada vez más un “cambalache”.

Este fenómeno no es nuevo. Ni siquiera es una invención al menos intencionada del ser humano, sino en gran medida la consecuencia del funcionamiento de nuestro organismo y en concreto de nuestro sistema nervioso. Aunque pudiera parecer algo poético, en el contexto de la literatura, las metáforas vienen a expresar la realidad en otros términos y las metáforas cinestésicas vienen a atribuir cualidades de otra categoría a percepciones de la naturaleza, haciendo los colores dulces o los sonidos luminosos.

Esta interferencia de nuestros otros sentidos con otras percepciones tiene que ver con la convivencia de dichas percepciones en el momento en el que estas se producen, dando lugar a una interacción que matiza unas y otras. Del mismo modo que relacionamos olores o sabores con nuestra infancia o con personas de nuestro entorno, tenemos una banda sonora de nuestra vida en la que muchas de las músicas y de los cantantes nos retrotraen a experiencias anteriores qué podemos llegar a vivir con una nitidez tal como si estuviéramos en aquella estancia con aquella compañía o en aquellas vacaciones.

El “moldeamiento cross-modal” se refiere a cómo nuestra percepción del dolor se modifica por otros sentidos, debido a que el dolor es una experiencia multisensorial y se integra finalmente en el contexto de todo el resto de las vivencias que no solo suceden simultáneamente, sino tienen una proyección hacia adelante y hacia atrás de otras experiencias.

Los elementos críticos de este concepto son los siguientes:
Integración Multisensorial: es esencial entender lo que denominaríamos integración multisensorial. El cerebro combina la señal o estímulo nocivo con las otras percepciones que suceden simultáneamente, con lo que ves, con lo que oyes, pudiendo hacer que una lesión, una herida, sea más intensa cuando estamos concentrados sobre la lesión y se perciba de una forma menos intensa cuando hay estímulos que produzcan distracción.

Es muy conocido el síndrome de “El soldado en la batalla” que, con el fragor de la misma, no es consciente del daño que se ha producido, dándose cuenta al terminar la jornada de las lesiones que se ha producido. Esta estrategia también la empleamos en los procedimientos intervencionistas cada vez más, empleando imágenes, pantallas, realidad virtual, músicas, sonidos, olores, etc., que permitan distraer de los estímulos dolorosos, algo que es especialmente útil en los intervencionismos en niños.

Localización Espacial: todos aquellos estímulos que se producen en la proximidad inmediata de cada uno, tienen un impacto mucho más intenso sobre nuestra manera de entender e interpretar el dolor que aquellos que se producen a distancia, es decir, interpretamos la proximidad como un factor de severidad.

Visualización del daño: ver cómo se está produciendo el daño sobre nuestro cuerpo incrementa o puede incrementar la intensidad que percibimos, mientras que al contrario, empleando terapias espejo podemos tener la ilusión de haber recuperado un miembro perdido y estar moviéndolo al unísono con otro, aliviando por la terapia espejo el dolor del miembro fantasma y reduciendo los dolores crónicos.

Actitud Defensiva de la especie que, evolutivamente, ha hecho que el cerebro priorice la atención sobre una amenaza física y prepare al cuerpo para una respuesta protectora.
Este fenómeno se produce en áreas del cerebro, como la corteza cingulada anterior y la corteza opérculo-insular, donde se procesan tanto las sensaciones físicas como la atención y reflejan lo que hemos comentado, la interpretación final de una experiencia como el dolor se basa en una suma no proporcional de las interacciones que hemos comentado.

Nuestro cerebro nos engaña y esto ya lo postulaba Descartes, pero no es con la intención de alienarnos de la realidad, sino para adaptarnos mejor a las situaciones hostiles y permitirnos la tolerancia al sufrimiento y la adaptación a un entorno cambiante.

Llamemos como llamemos al fenómeno, es universal y nos ha permitido convertirnos en la especie que somos. Comprender los mecanismos de funcionamiento del cerebro nos puede ser muy útil para conocernos y tratar mejor el dolor.
