René Leriche, el filósofo de la Cirugía

Algunas figuras de la historia de la medicina no necesitan presentación por la enorme relevancia de su legado, sus descubrimientos, la repercusión de su trabajo profesional o su trayectoria personal. Este es el caso de Rene Leriche y aún así ser un gran desconocido para el común del público lector.

Rene Leriche, eminente cirujano francés, nacido un 12 de octubre de 1879 en Roanne, Loire y fallecido en Cassis en 1955, fue uno de los profesionales más influyentes de la primera mitad del siglo XX en Francia y en todo el Mundo.

El legado que nos dejó se cifra en una enorme destreza quirúrgica y, lo que es menos habitual y quizá sea más relevante, un gran conocimiento de la Medicina y la Fisiología, que le permitió escribir un libro absolutamente delicioso y recomendable, su obra más relevante, “Filosofía de la cirugía”, de 1951.


Este libro es difícil de encontrar al estar descatalogado y sólo se encuentra en librerías especializadas, azarosas subastas, librerías de lance o ferias de libros antiguos o incluso de almoneda, al tratarse casi de una reliquia.

Así llegó a mi poder, gracias al azar y a una caseta del castizo Rastro de Madrid con las trazas de alguno de sus anteriores propietarios y el vestigio del precio de la edición, 25 pesetas ¡Dónde estarán ya las pesetas!


El libro pretende ser un compendio de su conocimiento y experiencia como galeno, su lectura daría muchas herramientas a los cirujanos de todas las épocas, si bien muchas de las estrategias, abordajes e incluso procedimientos, han quedado obsoletos en el momento actual.

Pese a haber transcurrido 70 años, algunas enseñanzas mantienen su vigencia, como los riesgos de la cirugía y la medicina moderna: “Parece existir una tendencia invasora a sustituir la apreciación clínica por exploraciones anónimas y cifradas a las que se pide una medida exacta de los niveles de la enfermedad. Se ve despuntar el momento en que las más graves decisiones podrán ser adoptadas y realizadas sin previo contacto entre el ejecutante y el paciente”.

Esta afirmación, que hemos comentado muchas veces entre colegas. como mi admirado amigo Felipe Lucena, es la seducción de la tecnología, de las pruebas de imagen o sensores como el pulsioxímetro como si fuera el anillo de poder de Frodo, cargado de poder y de peligro, peligro de pasar por encima patologías ocultas.

Con reflexiones más que empáticas y apelaciones a la  humanización, empoderamiento, etc conceptos de plena actualidad: “El hombre que operamos, piensa, tiene miedo, su armazón tiembla si no tiene el consuelo de una visión de simpatía. Nada podría sustituir para él el contacto bienhechor de su cirujano, el cambio de miradas, la sensación de que se han encargado de él, con la certeza, al menos aparente, de triunfar. Son esos unos imponderables que no tiene uno derecho a sacrificar”.

Leriche intuyó la enorme relevancia del sistema nervioso autónomo en el automatismo de nuestros órganos internos, “la perfección innata de su sistema vegetativo, lo que hace que algunos hombres felices lleguen al final de una larga vida en perfecto estado. Pero en casi todos, la repetición de los choques físicos o afectivos, acaba más o menos pronto, por encajarse en nosotros bajo la forma de sensibilidades nerviosas que exponen, en lo sucesivo, a cada cual, según su línea, a reacciones vivas, tenaces, difíciles de corregir”.

La naturaleza de cada paciente conlleva fortalezas y debilidades que, con un conocimiento adecuado podemos controlar y poner a nuestro favor o en caso de descontrolarse, ser nuestra perdición. Algo que entronca con la tradicional dicotomía Aristotélica de “cuerpo y alma”, señalando el sustrato orgánico de las emociones y su repercusión en el funcionamiento de nuestros órganos.

Hacía referencia a otros clásicos no menos relevantes como Xavier Bichat, que escribió así final del siglo XIX:

“El arte de operar, un poco de costumbre da; la destreza le añade cierta perfección y todo el mundo puede lograrla al cabo de un tiempo bastante corto. Pero el arte de saber operar oportunamente, de conocer los casos que requieren operaciones y los que nos ordenan abstenernos, los momentos y los medios adecuados para practicarlas, las circunstancias que influyen en sus éxitos o sus fracasos, la modificación tan diversa que adoptan una multitud de circunstancias que la acompañan y los medios de hacer esas consecuencias menos molestas, esto es el arte difícil del cirujano; esto es lo que compone la ciencia, el resto es sólo un oficio”.

La verdadera virtud de un médico, y más concretamente de un cirujano, reside en el conocimiento, en la prudencia y en el acierto de la oportunidad a la hora de hacer un intervencionismo, lo otro, lo puede realizar un mono amaestrado o un robot Da Vinci, Leonardo o Tesla.

Insistió en algo que hoy sabemos que es fundamental para el paciente, que va más allá del tratamiento y es una correcta atención, con tiempo para escuchar las penalidades, preocupaciones y angustias de los pacientes y no una simple enumeración de síntomas, como si fuera la lista de la compra o un examen tipo test.

Esa falta de humanidad que denunciaba por escrito, desgraciadamente se ha arraigado en muchos de nuestros compañeros y en nuestro sistema de salud, más preocupado por la rentabilidad que por la atención y el contacto con el enfermo.

Decía Leriche que “Los cirujanos son gentes que generalmente tienen prisa, creen con facilidad que se pierde el tiempo escuchando al paciente, pero están equivocados. Todo enfermo es un obseso, para calmar sus angustias el médico debe escuchar a los que confían en él, porque el paciente al contar su historia se desahoga, calma sus angustias y esta liberación es la mejor de las preparaciones a la terapéutica”.


Insiste en la necesidad de estudiar los límites de los tratamientos, basándose en la fisiología del paciente y también en la experiencia o pericia del cirujano, la humildad como bandera: “El humanismo, base moral de la cirugía, nos obliga a conocer nuestros propios límites y a no sobrepasarlos. Un renunciamiento reflexivo no es nunca una humillación”.

En relación con el Dolor señaló: “Para todo lo que se refiere al dolor no podemos recurrir más que al hombre, y en esa esfera la observación nos lleva a pensar que nuestros esquemas neurológicos no bastan para darnos la totalidad de lo que sucede en alguien que sufre. El dolor tiene repercusiones que no podemos explicar. Es provocado a veces por irritaciones tan distantes que nos parece una ilusión”.

La fisiología del dolor que cada día nos sorprende y ocupa a biólogos, farmacólogos, médicos, cirujanos, etc., tiene aún muchos misterios por descifrar, la ultraestructura de los mediadores y receptores y la complejidad de la condición humana y sus relaciones sociales.

Rene Leriche fue un espejo de dedicación profesionalidad y prudencia en el que, a muchos, nos gustaría mirarnos para progresar en la atención a nuestros pacientes.

Publicado por Dr. Alfonso Vidal

Director de las Unidades del Dolor del Hospital LA LUZ (Madrid) y del Hospital SUR (Alcorcón, Madrid). Grupo QUIRÓNSALUD Profesor de Dolor en la Univ. Complutense Madrileña

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2 comentarios

  1. ¡Buenos días Dr!
    Pues yo soy de ese otro público lector, al que si necesitan hacer presentación de este filósofo y aunque ni soy médico ni se de medicin nada, me ha parecido muy interesante, porque me dio que pensar, a veces podemos escribir copiando y dando términos, que los menos favorecidos somos los que ni idea tenemos de un tema, como para a un médico que se le hable de él motor de un coche o de mecánica por decir algo
    Usted logra iba a decir exprimir, jaja pero no es la palabra y es que ha estas horas de la mañana y todavía en la cama no le vienen a una las palabras, decía que logra sacar la esencia he importancia del legado de este profesional y de la concepción de la aplicación de la medicina » según qué» de la reflexión que se debe hacer, de la importancia de escuchar al paciente y de los estados fisiológicos bueno eso he entendido ya digo que soy normalita no presumo de nada, porque nada tengo y aparte Dios me libre jaja
    Bueno la verdad volviendo al post mucha decisiones de operar a estas alturas podrían evitarse y ser más pensada eso creo pasa mucho y es una pena.
    Mucho por aprender y por aplicar pero sin duda el filósofo era para la época un crack y aunque se haya quedado descatalogado su método y medicina tenía en concepto muy claro de las intervenciones y sobre todo de la parte humana.
    Enhorabuena por este post y pena de no poder leer todos por tiempo muchas veces.
    Un gran abrazo
    Y a seguir con el espejo
    Yo lo hago y canto una canción de Raphael imitando llamada no me mires así que me molesta, bueno la letra no tiene que ver con este post eh jaja
    Ay no puedo escribir ✍ que me exceso pero malo no es.
    Saludos nuevamente y gracias por dejar su legado
    A ver para cuando un libro
    suyo.
    Evamanzanaroja

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