La salud es uno de los pilares sobre los que hemos sustentado nuestra sociedad y nuestra forma de vida. Desde que tenemos conciencia de nosotros mismos y del papel que jugamos en el mundo, hemos venido aprendiendo o al menos intentado encontrar el porqué de las cosas y hemos tratado de modificar el medio ambiente y nuestra propia actitud para conseguir nuestros objetivos.

Durante décadas la salud se definió como la ausencia de enfermedad, un concepto que se ha ido quedando pequeño en una sociedad cada vez más exigente y ha sido reemplazado por el de calidad de vida, que abarca los aspectos emocionales, sociales, laborales, etc., que son esenciales en nuestra vida.

¿Quién y cómo se puede buscar o preservar esa calidad de vida?

Pues igualmente en la historia encontramos la respuesta que se ha ido dando. Los sanadores, magos, hechiceros, chamanes, barberos, sacamuelas, masajistas, terapeutas, cirujanos, licenciados, etc., han sido la respuesta individual a los problemas individuales de los pacientes.

Médicos y pacientes por iniciativa individual coparon el protagonismo y la responsabilidad. La generalización  de la asistencia se origina de la mano de entidades primero sin ánimo de lucro que crearon asilos, lazaretos y hospitales de peregrinos en la Revolución Industrial y, segundo, la aparición de los movimientos sociales de masas, la conciencia y la necesidad de asistencia colectiva.

Sea desde la iniciativa de gobiernos, de entidades o de particulares surge un nuevo actor, los dispensarios de salud, hospitales y clínicas dependientes de recursos a veces públicos, de recaudaciones o impuestos o a veces privados, colectas, suscripciones populares, loterías o crowdfunding.

Por último,  lo que existía a otros niveles más prosaicos, la existencia de primas de compañías para compensar imprevistos en el comercio internacional comenzó a implicarse en el aseguramiento de la salud

Así pues, encontramos esos cuatro actores médicos/pacientes, hospitales y entidades de aseguramiento.

Durante décadas, nuestro sistema nacional de salud ha sido modelo de profesionalidad, equidad, rigor y resultados, merced a la inversión y a la dedicación abnegada de sus profesionales, algo que, con los años, envejecimiento de plantillas, ajustes presupuestarios y pandemias, ha ido a peor.

Mientras la medicina privada era un complemento al buque insignia de la pública, en la primera se encontraban excelentes profesionales pero los medios tecnológicos y la accesibilidad a los mismos estaba reservada a colectivos con poder adquisitivo mayor que igualmente acudían a la medicina general en enfermedades graves.

Esta situación ha cambiado en los últimos años merced a un esfuerzo de modernización e inclusión de elementos tecnológicos de vanguardia y a la agrupación de entidades individuales en grandes grupos hospitalarios de radicación y proyección nacional e internacional, capaces de asumir el reto de dar asistencia a pacientes complejos de la patología que fuere.

Y de otra parte las compañías de aseguramiento se han propalado en la sociedad ofreciendo contratos a costes mucho más competitivos y abarcando no solo pólizas individuales sino de grandes colectivos, empresariales e incluso públicos como MUFACE, ISFAS o MUGEJU.

El resultado es que la relación particular existente entre médicos y pacientes y después entre esos cuatro colectivos ha desplazado su centro de gravedad hacia los actores más pujantes desde el punto de vista económico.

En la práctica, la asistencia sanitaria donde prima la atención personalizada, las demoras más cortas, la libre accesibilidad y elección del usuario, sin derivaciones o visados previos por parte de otros especialistas o de asistencia primaria, como ha venido pasando en la pública, se ha trasladado a la privada, en forma de autorizaciones expresas, limitación de procedimientos y copagos en visitas o en parte de los tratamientos. La gestión de la privada se está acercando en su modelo a la de la pública.

La medicina privada tiene capacidad para asumir una parte de la demanda asistencial de la población, pero no toda, es una opción más, pero no totalmente alternativa para toda la sociedad.

La medicina privada es un complemento MUY UTIL para UNA PARTE DE la ciudadanía. Debemos reconocer que hay quien se puede permitir elegir el cómo, el cuándo y hasta el dónde recibir prestaciones sanitarias sin demoras ni listas de espera, a través de un contrato y con lucro para quien lo ofrece.

Sus servidores son profesionales igualmente competentes dedicados a esa tarea en primer lugar por conciencia social y compromiso ético de ayudar a otros, a cambio de una compensación económica, como todos, esperamos un salario al final de mes, públicos y privados.

Está bien reconocer la labor que se realiza a favor de nuestros pacientes en todas esas instalaciones sanitarias, si bien varían las perspectivas sobre el modelo de organización o las condiciones económicas o contractuales que están en manos de los actores principales.

Un esfuerzo de generosidad y comprensión se hace necesario por parte de todos, especialmente en estos momentos de oscuridad que vivimos, de crisis de valores y de recursos, acosados por el cambio climático, las pandemias, guerras e intransigencia. El mundo tiene futuro y está en nuestras manos.

Publicado por Dr. Alfonso Vidal

Director de las Unidades del Dolor del Hospital LA LUZ (Madrid) y del Hospital SUR (Alcorcón, Madrid). Grupo QUIRÓNSALUD Profesor de Dolor en la Univ. Complutense Madrileña

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