La vida y sus mecanismos vienen siendo un misterio para el ser humano desde sus orígenes. Así, de la nada, y fruto del amor, surge la vida. Y la manera en la que, por el deterioro, vejez, enfermedad o accidente, la vida se consume, conforma un todo, que hoy en día también sigue intrigándonos.

Por más que hayamos encontrado explicación a algunas de las interrogantes planteadas, a medida que encontramos respuestas, cambian de nuevo las preguntas.

Testimonios antiquísimos, incluso referencias bíblicas, expresan el soplo vital que Dios le dio a Adán y Eva o la manera en la que se describe, en el II Libro de los Reyes como el contacto boca-boca y del cuerpo de un adulto sobre un niño permitió que recuperara su temperatura y el aliento.

Existen múltiples ejemplos, más o menos torpes, más o menos afortunados, a lo largo de la historia de la humanidad y de la incipiente medicina. En Oriente y Occidente, sacerdotes eruditos o simples buenas personas se han detenido a ayudar y han tratado de compartir su energia vital con otros y ayudarles a recuperarse.

Galeno planteó la ventilación insuflando aire a animales muertos, o Avicena el uso de traqueotomía para facilitar la respiración de emergencia. Sin embargo, la reanimación no tiene su verdadero despegue hasta el siglo XX.

En los siglos anteriores se desarrollaron métodos de estimulación, de calentamiento, de enfriamiento, de movilización, de manipulación, relativamente toscos y empíricos y desde luego con una muy escasa eficacia y ningún rigor científico.

Desde la más que sorprendente historia de la reanimación del presidente Abraham Lincoln, intentada por el cirujano militar Charles August Leale, a los métodos de compresiones torácicas y abdominales externas como el de Holger Nielson o de Friedrich Maass, en decúbito prono, se dan múltiples tentativas poco exitosas.

Tenemos que esperar al año 1959 y a los doctores Jude, Kouwenhoven y Knickerbocker que describen rigurosamente las compresiones torácicas.

Posteriormente Peter Safar y el aseguramiento de la vía aérea, de la respiración y las compresiones torácicas para la circulación. Safar, estudioso y afectado por su propio drama familiar, desarrolló una metodología vigente hasta la actualidad.

El último y decisivo hallazgo es la utilización de corrientes eléctricas monofásicas sobre el tórax, sobre el corazón de la víctima, de alta intensidad, mediante electrodos en contacto sobre la piel y para revertir los ritmos cardíacos anómalos, acompañantes de la parada cardíaca.

La depuración y revisión continua de estos métodos ha dado lugar a los protocolos actuales, que se revisan cada cinco años por las organizaciones internacionales dedicadas a la reanimación.

El ILCOR (International Liasion Committe on Resuscitation”, constituido por asociaciones de todo el mundo); la norteamericana AHA; la europea ERC (European Resucitation Council); la española CERCP (Consejo Español de Reanimación Cardio-Pulmonar), que sigue las recomendaciones del ERC y las adapta y traduce a nuestro idioma. Todas siguen idénticas directrices, se encargan de actualizar y protocolizar las maniobras de reanimación.

Desde la Sociedad Española de Anestesiología y Reanimación, miembro del CERCP, venimos defendiendo la necesidad de generalizar el conocimiento de estas maniobras en toda la sociedad, desde la responsabilidad de las autoridades, en el ámbito educativo, profesional o asistencial, debería fomentarse la difusión de estas técnicas.

Como profesionales de la salud y como médicos anestesiólogos reanimadores tenemos el compromiso y la convicción de su utilidad y para eso participamos en la realización de cursos de soporte vital básico (SVB), inmediato (SVI)y avanzado (SVA).

La Sección de Reanimación de la Sociedad Española de Anestesiología está volcada en este objetivo y te invitamos encarecidamente a contactar con nosotros para mejorar tu conocimiento y para ayudarte enseñar a otros.

Reza el Talmud que “quien salva una vida salva al mundo entero” y nosotros estamos dispuestos a salvar al mundo o, al menos, intentarlo con todas nuestras fuerzas. “Está en tus manos…aprender”.

Publicado por Dr. Alfonso Vidal

Director de las Unidades del Dolor del Hospital LA LUZ (Madrid) y del Hospital SUR (Alcorcón, Madrid). Grupo QUIRÓNSALUD Profesor de Dolor en la Univ. Complutense Madrileña

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