El misterio de la vida de la salud se encuentra escrito en clave en nuestros genes. En ellos se describe los recursos que tiene nuestro cuerpo para edificar nuestra naturaleza y dar respuesta a las preguntas que el medio ambiente nos plantee a lo largo de la vida.

A pesar de que el número de chips de información es limitado las combinaciones entre ellos y las modificaciones que el medio ambiente pueden generar multiplican por miles, por millones, las diferentes respuestas.
Sin embargo, hay un factor que desgraciadamente todavía no hemos sido capaces de desentrañar: el proceso de envejecimiento, el deterioro de nuestras estructuras y la pérdida de la capacidad de regeneración, que tiene una fórmula y quizá descubriéndola podríamos revertir alguno de los efectos del envejecimiento.

Esto podría ser la enzima 15 PGDH (15-hidroxiprostaglandina deshidrogenasa) o, más exactamente, la inhibición de esta sustancia. La 15-PGDH se acumula en los cartílagos con la edad, degradando prostaglandinas D2 y E2, las cuales tienen un papel decisivo en la reparación tisular.

La inhibición de esta sustancia incrementaría los niveles de prostaglandinas beneficiosas. Y también de condrocitos, que regenerarían el cartílago en las articulaciones.

Aunque el conocimiento de esta sustancia no es nuevo y existen trabajos desde la primera década de los años 2000 apuntando en este sentido, recientes trabajos de grupos norteamericanos, apuntan a resultados muy prometedores.
Ensayos en humanos demostrarían actividad biológica, seguridad y beneficio en la regeneración articular y muscular sin efectos secundarios destacables, pudiendo administrarse por vía oral.
Los experimentos previos con animales de experimentación, administrando la sustancia intraarticular, ya anticiparon resultados más que prometedores.

Una sustancia que fuera capaz de bloquear, o al menos ralentizar el proceso degenerativo e inflamatorio de autodestrucción merecería, no solo el aplauso unánime de la clase científica, sino de toda la humanidad.
La razón por la que el cartílago se degenera es por la pérdida de autocontrol de los condrocitos que tienden a producir sustancias de degradación, como las metaloproteinasas; citoquinas proinflamatorias, como la interleuquina-1 alfa y beta; o los radicales libres. Si fuéramos capaces de revertir esas señales destructivas, podríamos facilitar la regeneración.

La explicación de los procesos biológicos es relativamente simple en cuanto a sus fundamentos, aunque extremadamente compleja, cuando tratamos de describir todos y cada uno de los segundos y terceros mensajeros que llevan la información a los tejidos periféricos o a las células.

No es ninguna novedad que la salud es un delicado equilibrio entre la construcción y la degradación de células y tejidos. Las órdenes de un sentido u otro las llevan a cabo este tipo de sustancias ultraestructurales.


Pese a lo buena que es la noticia y las puertas que puede abrir un descubrimiento como este, creo que aún estamos lejos de controlar una enfermedad como la artrosis, incluso de reducir la velocidad de sus efectos.

Parafraseando a Neil Armstrong, y más en estos momentos, es un “pequeño paso para el hombre que puede ser un gran paso para la humanidad”.
