La estructura de la materia tiene un orden preconfigurado por sus componentes. Cuando analizamos un material, un sólido, encontramos que sus moléculas se sitúan unas junto a otras de una cierta manera, agrupadas de forma ordenada o caótica en función de su naturaleza y de la manera en la que se ha constituido.

Por ejemplo, el cloruro de sodio, la sal común, es un compuesto que tiende a generar cristales si las condiciones medioambientales lo permiten y el proceso de formación se completa, si no, lo encontramos de una forma aparentemente amorfa, en polvo. Esa manera de presentarse es adecuada para su uso en la cocina, para su manejo industrial, pero no tiene las propiedades ópticas o la cantidad por unidad de volumen que aportaría una forma cristalina.

El carbono, cristalizado como diamante o como  grafeno, tiene propiedades radicalmente distintas, igualmente valiosas pero adecuadas para fines diversos. La materia tiene una estructura en la que los espacios vacíos juegan un papel relevante en sus propiedades, dureza, tolerancia a temperatura o capacidad de disolverse en líquidos.

Hago esta introducción para hablar de los “cocristales” como sistemas de combinación de moléculas que se agrupan asociadas mediante enlaces de hidrogeno o fuerzas de Van der Waals. Esta forma de combinar sustancias en el terreno farmacológico aporta un elemento adicional a las tradicionales asociaciones de sustancias.

Las asociaciones de medicamentos no son nada nuevo en la farmacología y, en la práctica clínica habitual, hemos crecido como profesionales empleando sustancias que se potenciaban o complementaban (trimetroprim-sulfametoxazol, amoxicilina y clavulanico, paracetamol con codeína o paracetamol con tramadol, por citar algunas parejas famosas)

Esas asociaciones se basaban en el aprovechamiento de las propiedades terapéuticas de unos y otros. El uso de sales o solvatos para facilitar la absorción o distribución, permitiendo su ionización o solvatos para conseguir compuestos en solución, han sido empleados con el mismo fin, que el ingrediente farmacológico activo (IFA) llegara a su lugar de acción.

Sin embargo, los cocristales van un paso mas allá, empleando las propiedades que permiten una mayor solubilidad, y biodisponibilidad, es decir, obtener la misma cantidad de medicamente activo, empleando menos proporción del mismo, pero en una forma farmacológica más idónea para su utilización. Es algo fascinante y demuestra lo necesaria que es la ciencia básica a la clínica y probablemente a la industria.

Demuestra también que la investigación y la innovación no solo mejoran la solución de los problemas, sino que permite abrir una vía de rentabilización de esas soluciones al ser estos cocristales considerados medicamentos distintos a las otras formas de combinación.

Actualmente, el Tramadol asociado a Celecoxib en fase final de su desarrollo y comercialización, abriga una enorme expectación al ser una respuesta a las patologías dolorosas crónicas, una herramienta intermedia para su tratamiento, entre analgésicos menores y mayores.

La humanidad ha llegado hasta aquí enfrentando los problemas, analizándolos y experimentando soluciones, comprobando si son eficaces, repitiendo el proceso o desechándolo cuando no ha dado el resultado previsto o recuperando ese resultado para otros fines (Serendipia).

La experiencia es madre de la ciencia y ese parto a veces es doloroso. Como son los casos de las terribles noticias de los voluntarios afectados en estudios clínicos con medicamentos o vacunas. La ciencia tiene un coste económico y también de fracasos o complicaciones de la investigación.

Siempre debemos apoyar a los afectados con todos los medios de la sociedad, los legales, los económicos y los humanos, como es preceptivo en los casos en los que se demuestra una relación entre daño y medicamento o sustancia investigada causante, pero no podemos renunciar a la investigación que cada día salva miles de vidas y alivia millones de ellas, como vimos durante la pandemia.

No podemos dejar de mirar al lado oscuro, por más que nos pueda generar respeto, es la única forma de que podamos entenderlo y, fruto de su comprensión, hacer que triunfe la luz.

Publicado por Dr. Alfonso Vidal

Director de las Unidades del Dolor del Hospital LA LUZ (Madrid) y del Hospital SUR (Alcorcón, Madrid). Grupo QUIRÓNSALUD Profesor de Dolor en la Univ. Complutense Madrileña

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