En el inconsciente colectivo está plenamente arraigado el concepto de infierno. Es un espacio de sufrimiento, muchas veces físico, otras emocional, en el que reciben su merecido aquellos que han quebrantado, de una forma grave, las normas, los mandamientos o las recomendaciones que la cultura correspondiente define como necesarias o correctas.

La palabra infierno se origina en los términos latinos Infernum o Inferus, lugar subterráneo o inferior, el inframundo.

En hebreo existía otro espacio, el Seol o Sheol, lugar de oscuridad al que iban los muertos sin distinción, un lugar que se definía asimismo como espacio insaciable, siempre reclamando o pidiendo sin límite, aunque ese espacio no parecía estar asociado al dolor, al sufrimiento o a una condena. Algo parecido sucedía con el Hades, el país de los muertos de los griegos.

La muerte, ese gran misterio, ese país al que todos acabaremos yendo, supone un enigma que ha intrigado a la humanidad desde sus orígenes. Se han venido dando explicaciones sobre sus características y, según las culturas, se ha venido atribuyendo cualidades para constituir el premio o el castigo a la vida terrenal.

El Hades de los griegos es un inframundo semejante al de los vivos, donde acuden los muertos aunque para ellos existe un espacio, el Tártaro, que es más bien una mazmorra de sufrimiento y prisión para los titanes, encontrándose aún más bajo que el inframundo.

El Niflheim, de las culturas nórdicas, es el mundo más profundo y oscuro de todos compuestos de hielo donde una gigantesca serpiente se alimenta de los muertos.

En la cultura egipcia el Duat gobernado por Osiris era un espacio donde los humanos pasarían el juicio de pesarles el corazón frente a una pluma y si este fuera más pesado sería devorado por Ammit

El Naraka o Niraya de las culturas hinduistas o budistas, es también un espacio dedicado al castigo y basado en la virtud del alma juzgada, El Naraka era un espacio de estancia temporal de donde podían renacer las almas que hubieran sido poco virtuosas, una especie de reformatorio.

El Diyu es otra versión del infierno de la cultura tradicional china donde existían igualmente niveles cada uno de ellos con nombres poéticos, como bosque de columnas de cobre, montaña de cuchillos, colina de hielo, con el nivel más bajo el Avici, que era un nivel final de irreversibilidad, en el que las almas permanecerían para siempre mientras que en los otros había posibilidad de retorno.

La cultura cristiana generó el infierno que mejor conocemos, espacio de castigo eterno para los transgresores, un lugar maldito, en el que los impíos, los pecadores, fueran castigados por toda la eternidad.

La necesidad de trascendencia y de justicia de la humanidad busca explicar lo que hay más allá de la muerte como una compensación por los méritos o deméritos de la vida. Una compensación eterna por la que probablemente merezca la pena esforzarse en esta primera fase de nuestra existencia.

Quería en esta ocasión hablar del infierno. Parece que el infierno es algo del ámbito de las creencias, irreal, un tanto literario y por supuesto problema de otros. Sin embargo, son muchos, por múltiples razones, y muchas personas por las enfermedades y trabajos de la vida, los que padecen una situación muy parecida al infierno.

El dolor crónico severo, continuo, lacerante, quemante, eléctrico, desgarrador, insoportable, que sienten muchos de nuestros pacientes, les hace sentirse más cerca de ese infierno que de la vida.

La descripción más detallada de este infierno cristiano la hizo el escritor y poeta Dante Alighieri que, en sus nueve círculos, iba profundizando en la severidad del castigo hacia los condenados.

Ese infierno en cuya entrada podía leerse “abandona toda esperanza” y que en su círculo más profundo tenía a Satanás sumergido en un abismo helado por el peor pecado, el de la traición a Dios, ese infierno también inspiró a Dante a decir otra de sus célebres aforismos: “el que sabe de dolor, todo lo sabe”.

Para muchos, la vida es un infierno permanente por sus limitaciones, por sus padecimientos, por la falta de sensibilidad o de colaboración de los entornos en los que viven, verdaderos condenados a trabajos forzados, prefiriendo en muchos casos la suerte de los muertos a la de esa vida en agonía.

El dolor, y el sufrimiento que le acompaña, necesitan una respuesta de conocimiento, de comprensión y, por qué no decirlo, de amor, como en la tradición más clásica de la literatura, el amor no necesariamente romántico, el amor a tus semejantes, desinteresado, suele ser el primer paso para la resolución de este problema.

El segundo paso, la utilización de los medios y recursos suficientes. En este periodo oscuro en el que vivimos, donde los recursos ya de por sí escasos se han hecho claramente insuficientes al tener que destinarlos a las emergencias sanitarias y sociales que se nos han presentado, hace falta un esfuerzo más para ayudar a los más necesitados.

Si existe ese infierno del que habla la religión cristiana…lo sabremos cuando llegue nuestro momento, pero hasta entonces sí podemos hacer este mundo más habitable, más humano y extinguir o mitigar las llamas en las que todos los días gimen muchos de nuestros semejantes.

Publicado por Dr. Alfonso Vidal

Director de las Unidades del Dolor del Hospital LA LUZ (Madrid) y del Hospital SUR (Alcorcón, Madrid). Grupo QUIRÓNSALUD Profesor de Dolor en la Univ. Complutense Madrileña

Participa en la conversación

4 comentarios

  1. Infierno es que te den el alta de una cirugía altamente dolorosa y molesta a la hora de acabarla abandonándote a tu suerte en tu domicilio. Sin importarles una mierda la distancia al hospital o centro médico mas cercano y si tienes o no ayuda en casa o incluso escaleras que dificultan el acceso a cuálquier centro médico aún con dificultades evidentes de movilidad por la zona operada. Se ” olvidan ” o les importa una mierda que en ningún domicilio particular se puede hacer ni la décima parte de control analgésico y de tratamiento que un hospital. Además de la inhumanidad de no poder ver a nadie familiar después de la cirugía hasta que sales para tu casa. Acompañante que te exigen si o si para una cirugía negándote alternativas aunque las pidas pero luego te impiden el acceso a el en los momentos más delicados. En una hora después de la cirugía ningún paciente está en condiciones de ir a su domicilio. Ni siquiera hay energías de debatir con el médico cualquier problema con el tratamiento, ni de entenderlo y más aún cuando en mi caso a la primera de cambio duda de la necesidad de tratamiento antibiótico con pobrisimos y anticientificos criterios. No se como en cirugías de constatado alto dolor los primeros días se da la misma analgesia que para un esguince y se permite ir a un lugar donde no se va a poder tener un adecuado control y tratamiento del dolor.

    Me gusta

  2. Excelente antología y analogía del dolor crónico (en ocasiones intratable comparable con estar…) y el infierno, sobre todo con los conceptos de la cultura nórdica, egipcia y la magistral obra de Dante!!? Excelente estimado compadre Dr. Alfonso Vidal!!?😷😳🙄👌💯🍾🥂

    Le gusta a 1 persona

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: