El dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable. A pesar de los intentos por redactar una definición que incluya todos los supuestos y justifique todas las situaciones clínicas, a menudo es difícil o imposible encorsetar un cuadro doloroso en único diagnóstico específico.

A veces recurrimos a los santos para que nos orienten: Santa Agnes (Inés en castellano, símbolo de la pureza), podría ser un ejemplo.

Si no, recurrimos al “cajón de sastre” de los cuadros de somatización, cuadros de origen psicológico y otros trastornos que conllevan sintomatología dolorosa sin lesión clara, sólo basados en la queja del paciente.

Esta manera de afrontar el diagnóstico suele ser injusta, al poner en duda lo que el paciente refiere y, además, es inexacta cuando los cuadros son poco frecuentes y de difícil abordaje.

Circunstancialmente acudieron a nuestra consulta, tras haber sido derivados por otros compañeros,  unos cuadros de dolor abdominal inespecífico en los que la localización y las características podrían hacer sospechar desde alteraciones de la pared muscular, a daños viscerales, diverticulitis o peritoneales o, incluso, irritaciones radiculares sin origen concreto.

El dolor visceral es un cuadro extremadamente complejo de diagnosticar, por la localización poco clara del dolor en los órganos internos y su proyección superficial, a veces en puntos distintos a los que cabría esperar; por su distribución errática en horarios; o la dificultad de asociarlos a experiencias, hábitos o esfuerzos del paciente, etc.

En los casos que nos ocupan, ambos pacientes, varones en la cuarta y quinta décadas de la vida,  fueron referidos por un cuadro de dolor abdominal difícil de catalogar,  que describían como dolor a punta de dedo, lateral al ombligo, quemante o eléctrico, relacionado con los movimientos y con los esfuerzos (como la maniobra de Valsalva), y que, tras la realización de la maniobra de Carnett y, posteriormente, la ecografía de la pared abdominal, permitieron el diagnóstico.

Su dolor había sido valorado y tratado como cuadro de sobrecarga emocional en el contexto de situación laboral y personal adversa, y tratado con ansiolíticos, antidepresivos y neuromoduladores, con resultado más que discreto.

El hecho de un primer paciente con el cuadro y un segundo a los pocos meses, nos ayudó a acortar los plazos en el segundo paciente y afinar su diagnóstico.

En el síndrome de ACNES, aparece un dolor abdominal, paraumbilical, que se produce en las ramas terminales de los nervios intercostales 8-12 que aparecen atrapados entre los músculos abdominales, produciendo dolor neuropático crónico de difícil diagnóstico.

Muchas de las pruebas complementarias no arrojan luz y la falta de una exploración sistemática y normalizada puede despistar y retrasar el diagnóstico, que queda etiquetado de somatización y tratado con antidepresivos durante períodos prolongados.

El signo de Carnett positivo puede ser una evaluación realizada de forma correcta.

El signo de Carnett es una maniobra de exploración del dolor abdominal, utilizada para diferenciar el dolor originado en la pared abdominal del dolor de los órganos internos, el dolor visceral. Es positivo si el dolor aumenta o persiste cuando el paciente contrae la musculatura abdominal, al incorporarse del decúbito, mientras se presiona el punto de dolor.

También la realización de una ecografía de la pared abdominal puede detectar anomalías o engrosamientos en la vecindad de las ramas terminales de los nervios intercostales y reforzar la sospecha diagnóstica.

El tratamiento pasa por el bloqueo diagnóstico y terapéutico de los nervios afectados o del plano muscular, empleando anestésico y esteroide y, ocasionalmente reforzado con el empleo de radiofrecuencia pulsada con resultados excelentes y poco agresivo.

A veces damos por incurable, por crónico o por complejo, un cuadro que lo que sucede es que no hemos comprendido o no hemos diagnosticado bien. Por eso es necesario el esfuerzo diagnóstico previo antes de plantearnos otras consideraciones.

El conocimiento se adquiere con el contacto permanente con los pacientes, la escucha activa y la exploración sistemática. También se consigue con la revisión de la literatura científica y la experiencia de otr@s compañer@s que antes se han enfrentado a problemas semejantes.

¡No podemos dejar de actualizarnos continuamente!

Publicado por Dr. Alfonso Vidal

Director de las Unidades del Dolor del Hospital LA LUZ (Madrid) y del Hospital SUR (Alcorcón, Madrid). Grupo QUIRÓNSALUD Profesor de Dolor en la Univ. Complutense Madrileña

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