El cuerpo humano es esa máquina perfecta, fruto de miles de años de evolución, de estudios y pruebas fallidas, basada en un diseño inicial de mamíferos cuadrúpedos y revisada, y perfeccionada, siguiendo los parámetros del azar, la variabilidad genética y la voluntad de millones de seres, desde el origen de nuestra especie hasta nuestros días.

El cuerpo humano tiene una composición básica de varios tipos de tejidos, como las piezas de una máquina. Para un adulto de unos 80 kilos, la masa ósea corresponde a unos 5-7 kilos, la masa grasa alrededor de 12 kilos y la masa magra en la que incluiríamos músculos y vísceras unos 60 kilos (de esta última, la musculatura supone alrededor del 80 %, es decir, unos 50 kilos).

Estas proporciones, como en otras circunstancias o manifestaciones humanas, supone que la mayoría absoluta de la composición humana es la masa muscular.

Sin embargo, esa masa muscular debido a los azares y prioridades de las circunstancias, muchas veces no recibe la atención que probablemente merece, incluso muchas veces se la maltrata.

Debido a que nuestro diseño como mamífero pequeño nos empujaba a ser recolectores, carroñeros o pequeños cazadores, la preservación de nuestra masa muscular estaba asegurada por un estilo de vida absolutamente activo y una dieta frugal, basada en los vegetales, en alimentos, desde luego poco o nada procesados con un valor calórico escaso por unidad de peso.

Nuestra inteligencia y el perfeccionamiento de procesos tecnológicos y sociales nos ha llevado a cambiar radicalmente el estilo de vida, siendo ahora predominantemente sedentario, y además, precisamente en la posición de “sedestación”, no muy bien adaptada a nuestro diseño primigenio, posición que puede alterar o tensionar los equilibrios de la física de la columna vertebral.

Si a esto le añadimos que la masa muscular a partir de la edad media de vida (40 a 50 años) va perdiéndose de forma progresiva, pudiendo llegar al 40 % de pérdida a los 80 años en hombres y más del 20 %, en mujeres, podemos entender que esa pérdida de masa muscular, esa sarcopenia, produzca una continua modificación en la estructura y función muscular, infiltrándose de forma progresiva de grasa, adquiriendo una debilidad y una pérdida de movilidad mayor con el paso del tiempo.

El estilo de vida sedentario quizá inicialmente elegido, pero posteriormente impuesto por las circunstancias y por la pérdida de capacidad, acaba dando lugar a una reducción de las distancias que se pueden caminar sin descanso, la velocidad a la que podemos realizar ese esfuerzo y, por tanto, a una pérdida de libertad, añadiéndose a esto que la pérdida de masa muscular reduce también la masa ósea y, por tanto, el cierre del círculo vicioso de pérdida de musculatura, pérdida de masa ósea e incremento de la masa grasa.

La masa grasa, como una mancha de aceite, se extiende alrededor de los músculos, se extiende alrededor de las vísceras, se extiende en el interior de los músculos, produciendo una reducción de la eficiencia de dichos músculos y una reducción de la salud.

Además, el tejido muscular también es imprescindible para el fortalecimiento de muchos procesos metabólicos e inmunitarios, mediado por sustancias como las mioquinas o la mioglobina.

Con todo, podemos llegar a la conclusión de que esa mayoría silenciosa de la proporción del cuerpo no solamente es importante por la proporción, no solamente es importante por el sostenimiento y por la capacidad de movilizarse, sino que también es un activo imprescindible para la salud. ¿Qué podemos hacer?

En primer lugar, como siempre tener conciencia de la situación, entender que nuestro estilo de vida debe estar basado en la actividad física y mental, repito física y mental. Ni todos tenemos que hacer el mismo ejercicio, ni tampoco tenemos que resolver los mismos problemas organizativos, profesionales o personales.

Debemos entender cuál es nuestra naturaleza y darle el alimento y la actividad que necesita.

Antes pensábamos que era suficiente mantenernos activos y muchas de las recomendaciones de salud en las últimas décadas se han basado en un mínimo de pasos o metros caminados todos los días. Sin embargo, las conclusiones de los últimos estudios nos llevan a ampliar esta recomendación y aconsejar, no solamente ejercicios que mantengan el tono muscular o la elasticidad, sino también la fuerza. Realizar ejercicios que potencian la fuerza y la masa muscular servirá para preservar huesos y articulaciones y, por ende, nuestra salud general.

Así que, adelantándonos a los propósitos para el año entrante, debemos pedirle a toda la población que se mueva, que se mueva rápido y que cada cierto tiempo haga ejercicios de fortalecimiento, eso sí, adaptados a su capacidad. Puntúa lo mismo hacer 20 repeticiones de una vez que 4×5 repeticiones.

El tiempo corre en nuestra contra. Cuando se inicia nuestra vida, pensamos que estamos contando el tiempo hacia delante, y por eso sumamos la edad desde el momento de nacimiento como algo positivo, cuando quizá tendríamos que contabilizarlo en sentido negativo, en el tiempo que nos queda por vivir y centrarnos en aprovechar, con intensidad las oportunidades que la vida nos ofrece.

Aprovechen el tiempo, “carpe diem”, y háganlo en familia, rodeados del afecto de sus semejantes, persigan con denuedo la felicidad, porque es el mejor bálsamo que pueda prescribirles cualquier profesional sanitario. ¡Feliz Navidad y Feliz 2025, volveremos a encontrarnos a la vuelta, les espero!

Publicado por Dr. Alfonso Vidal

Director de las Unidades del Dolor del Hospital LA LUZ (Madrid) y del Hospital SUR (Alcorcón, Madrid). Grupo QUIRÓNSALUD Profesor de Dolor en la Univ. Complutense Madrileña

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